¿Afecta el lenguaje la forma en que pensamos?

30 noviembre, -0001Por: Guiomar Ramírez-Montesinos

1

¿Qué nos hace tan diferentes? ¿Por qué cuesta tanto comprender la forma de actuar de personas que vienen de otros países? Parece ser, según demuestran estudios realizados sobre el efecto del idioma en nuestra manera de pensar, que aquellos que hablan un idioma diferente, piensan de manera diferente. Es más, el idioma no sólo condiciona nuestra manera de ver el mundo, sino también nuestra manera de comportarnos.

 

Algunas tribus amazónicas sólo pueden contar hasta dos. Para números superiores emplean una palabra que se traduce como “muchos”. Asimismo, aquellos que hablan el tzeltal no tienen palabras para designar izquierda o derecha. En su lugar, se refieren a la montaña que domina sus poblados, y emplean una expresión que se traduce como “cuesta arriba” (y que viene a significar algo así como “hacia el sur”), o “cuesta abajo” (hacia el norte”). Incluso usan estas palabras al referirse a terreno llano, a un lugar cerrado, o a la disposición de objetos.

¿Quiere esto decir que el idioma en el que hablamos determina la manera en que pensamos? ¿Acaso la gente que habla tzeltal no entiende los conceptos de izquierda y derecha? ¿Alguien que habla castellano piensa de forma diferente a alguien que habla inglés sólo por su idioma?

Este concepto, denominado determinismo lingüístico, fue acuñado por el lingüista estadounidense, Benjamin Lee Whorf en 1940, y supuso la base del estudio sobre el lenguaje durante principios de los DBC##170. Si fuera cierto, entonces los que hablan un idioma encontrarían muy difícil o incluso imposible pensar de la misma manera que los que hablan otro idioma. Además, las diferencias en la manera de pensar estarían causadas por las diferencias en lenguaje, en vez de ser el resultado de la cultura y el entorno.

Whorf adoptó un punto de vista un tanto extremo, y pensó que si en un idioma no existía una palabra para describir un concepto determinado, entonces los que hablan dicho idioma no serían capaces de comprender ese concepto. Sin embargo, esto no es cierto. Así pues, por ejemplo, la palabra alemana “schadenfreude” se emplea en inglés, porque no existe un vocablo que lo sustituya, y los angloparlantes no tienen problemas para comprender que se utiliza para describir a alguien que obtiene placer de las desgracias de otros.

Asimismo, el chino mandarín no tienen tiempos verbales en su gramática, sin embargo, no hay duda de que comprenden los conceptos de pasado, presente y futuro.

 

 

Pensamos lo que hablamos

A pesar de que las ideas de Whorf sobre el determinismo lingüístico han sido ampliamente desacreditadas, las últimas investigaciones realizadas por todo el mundo están aportando evidencia de que aquellos que hablan diferentes idiomas piensan de manera muy diferente, y que la gramática puede afectar la manera en que vemos la realidad.

El lingüista de la Universidad de Manchester, Guy Deutscher, afirma que, si el idioma afecta nuestro pensamiento de manera diferenciada, esto es así, no porque un idioma nos permite pensar de una manera determinada, sino porque nos obliga a pensar así.

Por ejemplo, una persona que habla en inglés puede tener una conversación entera sobre una amistad sin tener que revelar el género de ésta, sin embargo, en castellano no queda más remedio que dejar ver si se trata de un hombre o una mujer en cuanto se emplea un adjetivo.

 

Cuando aprendemos un idioma nuevo tenemos que prestar atención a expresiones que nos resultan difíciles de comprender. Cuando un castellanoparlante aprende inglés tiene que esforzarse por comprender la diferencia entre “make” y “do“, dos palabras que significan “hacer”. Igualmente, los angloparlantes que aprenden castellano tienen auténtica dificultar para entender la diferencia entre “ser y estar”, dilema retratado por Shakespeare cuando Hamlet decía aquello de “to be or not to be”, y que nunca habría sufrido Quevedo.

También el género de los sustantivos afectan la manera en que describimos objetos. Lera Boroditsky de la Universidad de Stanford escribe:

 

“En un estudio pedimos a germano y castellanoparlantes que nos describiesen objetos de géneros opuestos en cada idioma. Las descripciones que dieron eran consecuentes con las diferencias del género gramático. Por ejemplo, cuando tuvieron que describir la palabra “key” (llave) -el experimento se llevó a cabo en inglés-, los que hablan alemán, idioma en el que es de género masculino, empleaban con más frecuencia palabras como “duro”, “pesado”, “serrado”, “metal”, “útil”. Mientras, los castellanoparlantes, hablaban de la llave en términos más femeninos: “dorada”, “intrincada”, “pequeña”, “bonita”, “brillante” y “minúscula”.

 

Para describir el puente de Millau -femenino en alemán y masculino en castellano-, los germanoparlantes usaban palabras como “bello”, “elegante”, “frágil”, “que inspira paz”, “bonito” y “estilizado”, mientras que los castellanoparlantes lo describían como “grande”, “peligroso”, “largo”, “fuerte”, “robusto” y “majestuoso”. Esto resultó ser cierto incluso teniendo en cuenta que las palabras se presentaron en inglés, un idioma que no tiene género gramatical”.

 

 

Conceptos básicos, como la manera de percibir el tiempo y el espacio, también pueden estar influenciados por el lenguaje. Por ejemplo, la mayoría de los idiomas europeos describen el tiempo como una línea horizontal. El pasado está detrás de nosotros, y el futuro está delante. El chino mandarín emplea una metáfora vertical, el mes que viene está debajo y el anterior está encima. Esto no es sólo una expresión, sino un concepto. Si me pongo al lado de una persona y señalo justo delante de mí preguntando, ¿dónde está “mañana” si esto es “hoy”? Una persona que habla una de las lenguas europeas más comunes señalaría un poco más hacia adelante en el plano horizontal, mientras que un chino mandarín lo más seguro es que apunte hacia abajo.

Una diferencia interesante entre personas que hablan castellano e inglés es el concepto del tiempo. Para los angloparlantes se describe la duración de un evento en términos de longitud lineal (corto, largo), mientras que los castellanoparlantes, así como los griegos, tienen una mayor tendencia de emplear palabras que se refieren al tamaño y a la cantidad, como “mucho”, “grande” y “pequeño”.

 

 

Orientado hacia la acción o condicional

La investigación científica sobre cómo el lenguaje afecta al pensamiento está aún en pañales, aunque existen muchas anécdotas que apuntan hacia sus posibles efectos. Según Boroditsky, los angloparlantes dicen “ella rompió el cuenco”, incluso si se rompió por accidente. Mientras que los castellanoparlantes y los japoneses describen el mismo evento de una manera más pasiva: “se rompió el cuenco”.

Así pues, cuando se mostró un vídeo con este evento, a los angloparlantes les resultaba igual de fácil atribuirlo a una persona en concreto, aunque fuera un accidente, mientras que los que hablan castellano o japonés sólo recordaban bien la persona relacionada con el evento cuando había sido la causante directa de éste. Este experimento lleva a la reflexión sobre si el lenguaje afecta incluso cosas tan básicas como la manera en que pensamos sobre causa y efecto.

 

Pero hay personas que saben varios idiomas. Son bilingües o incluso multilingües. Entonces, ¿cómo afecta esto a la manera en que pensamos? El Dr. Shai Danzinger, un psicólogo cognitivo que recibió una educación de pequeño en hebreo y en inglés, dice que reacciona de diferente manera en cada uno de los idiomas. “Creo que el inglés es más educado que el hebreo, más descarado”. Él piensa que israelís que hablan inglés se comportan de manera más educada cuando emplean este idioma que cuando hablan hebreo. Y estar en un ambiente angloparlante puede que incluso les haga conducir de manera más segura.

 

Lingüistas y psicólogos continúan discutiendo y mantienen diferentes posturas sobre el significado de los estudios, pero hay una observación que aporta algo que pensar para aquellos que vivimos en una comunidad multicultural:

 

Haría falta escribir una tesis entera para hablar de cómo el lenguaje influye en la cultura, pero diría que en la vida cotidiana la interacción entre sudamericanos es claramente diferente a la de los norteamericanos de origen anglosajón. Esto se debe en parte a la estructura de los idiomas. Los americanos que hablan inglés son más pragmáticos y directos en su forma de abordar las cuestiones cotidianas que los latinos. No es casualidad que el empiricismo y el pragmatismo se originara en países de habla inglesa. Como tampoco lo es que el género más popular de latino América sea el romance, con su máximo exponente actual en las telenovelas.

El día a díaene los países latinos se vive entre el condicional y el subjuntivo, es decir, entre el hipotético “si… , entonces…”, y el modo virtual del subjuntivo.”

 (comentario de J. Dyer en el New Republic)

 

 

Chris Betterton Jones
Doctora en filosofía, profesora retirada de zoología y parasitología

 


Bibliografía

 

Does Your Language Shape How You Think?

Guy Deutcher, New York Times magazine August 26, 2010

http://www.nytimes.com/2010/08/29/magazine/29language-t.html?_r=2&pagewanted=all

 

How does our language shape the way we think? 

Lera Boroditsky, The Edge, 16 Dec 2009

http://www.edge.org/3rd_culture/boroditsky09/boroditsky09_index.html

 

ItDBC##1s what you pay attention to

The Economist, Sept 1st 2010

http://www.economist.com/blogs/johnson/2010/09/language_and_thought?page=1

 

WhatDBC##1s in a Word?

Sharon Begley, Newsweek July 9th 2009

http://www.newsweek.com/2009/07/08/what-s-in-a-word.html

 

DonDBC##1t Believe the Hype About Aborigines, Yiddish, or Ebonics

John McWhorter, The New Republic September 2nd 2010

http://www.tnr.com/blog/john-mcwhorter/77439/dont-believe-the-hype-about-aborigines-yiddish-or-ebonics?page=0,0

 

New study: Your language might affect your views of others

Judt Seigel – The Jerusalem Post 19th July 2010

http://www.jpost.com/Israel/Article.aspx?id=181843

 

The Stuff of Thought – Language as a Window into Human nature

Stephen Pinker , Penguin Books, 2007

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *