El denominador común que ha caracterizado a la Pascua en Xàbia durante décadas El denominador común que ha caracterizado a la Pascua en Xàbia durante décadas
La Pascua en Xàbia es popular y muy conocida. Por eso, no está de más recordar de dónde viene la costumbre tan especial de juntarse ese día con amigos y amigas al aire libre y hacer gala de una singular alegría. Hay que retroceder en el tiempo, décadas atrás, hasta mucho antes de que la Plaça de l’Esglèsia se convirtiera en centro neurálgico de la celebración con la conocida Fira de Pasqua.
La alegría que se atribuye a esta jornada no es casual y está íntimamente ligada a la religión católica que celebra el triunfo de la vida sobre la muerte con la resurrección del Señor. Un acontecimiento que era motivo de celebración festiva para gran parte de la sociedad y que rompía con la solemnidad y sencillez con la que se había llevado a cabo la Semana Santa.
Aunque ahora estos días tienen un carácter más vacacional, antiguamente estaban marcados por la austeridad y la oración que se presupone que deben tener el entierro y duelo de una personalidad sumamente importante. Era tal el simbolismo que, en Viernes Santo -por ejemplo- los conductores trataban de no hacer sonar el claxon de sus vehículos a menos que fuera imprescindible y las personas no alzaban la voz y reducían al máximo sus quehaceres fuera del hogar familiar.
La atención se centraba en las celebraciones religiosas que se llevaban a cabo en el más absoluto silencio hasta que el domingo de Resurrección estallaba la algarabía. En los años 30, cuando las campanas de la iglesia tocaban a Gloria a las diez de la mañana del sábado, los hombres que estaban trabajando en el campo, lanzaban al aire sus sombreros en señal de júbilo. Es ese cambio de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida; lo que ha marcado el carácter festivo de la conmemoración de Pascua y el modo alegre, despreocupado y colorido de celebrarla en muchos municipios. Y el cambio debía ser grande en Xàbia, porque la costumbre era reunirse el domingo, lunes (primer día de Pascua) y martes (segundo día de Pascua). En la actualidad, este encuentro ha quedado relegado sólo al domingo, aunque muchos grupos también se juntan el lunes.
![[Img #7798]](https://xabiaaldia.com/upload/images/03_2024/8510_pascua-xabia-mediados-de-los-50-arxiu-municipal.jpg)
Ahondando en las tradiciones de la Pascua xabiera, el Domingo de Resurrección no podía faltarse a misa como punto final de los días de recogimiento que suponían la Semana Santa. Sin embargo, al finalizar esta, comenzaba la jornada de jolgorio. Lo primero era cambiarse la arreglada vestimenta con la que se había acudido a la celebración religiosa y estrenar el atuendo típico de Pascua que sólo se utilizaba durante estos días del año: pantalón vaquero de color azul con la raya bien marcada, camisa de cuadros y bambas en los pies al estilo de las clásicas Victoria. Opcional era colocarse un pañuelo en el cuello o adornando la coleta en el caso de ellas y un sombrero de paja en el de ellos. Las prendas vaqueras, tan comunes en los armarios actuales, no estaban bien vistas hace unas cuantas décadas y se consideraban como “ropa de trabajo” ya que, dada su dureza y resistencia, eran habituales de arduos oficios como el de la construcción. Hasta 1983 no se celebró la primera Fira d’Artesania en el Centro Histórico y tampoco había Fira de Pasqua.
Aun así, los vecinos y vecinas salían a pasear por sus calles para festejar el día de Pascua, encontrarse animadamente entre ellos y felicitarse tras los días de fervor. La calle Mayor era un ir y venir de gentío arriba y abajo. Entre el murmullo se escuchaba el estallido de petardos. Una tradición muy valenciana que simboliza la ruptura con el marcado silencio de los días previos.
La Pascua en Xàbia está estrechamente ligada a las casas de campo -les casetes de tota la vida- y a los insignes riuraus. Aún hoy, muchas cuadrillas se reúnen en ellas para celebrarla en torno a una buena comilona, música y la tertulia amena. La llegada la Pascua suponía casi el primer contacto con las casitas que tradicionalmente se reservaban para la época estival tras los meses de invierno. Por tanto, esta celebración también simbolizaba un cambio de estación, el inicio del buen tiempo y de los días largos y el ir adoptando, poco a poco, nuevas rutinas y ocupaciones asociadas a un clima cada vez más cálido.
![[Img #3936]](https://xabiaaldia.com/upload/images/04_2023/8372_pascua-xabia-1954-de-magdalena-mari-molina.jpg)
Así, las casitas se convertían en punto de encuentro para grandes grupos de amigos con ganas de disfrutar. La costumbre era preparar una buena paella en fuego de leña, degustar un guisado de conillet amb tomaca o bien convertir la jornada en una gran cocà y elaborar ese gran manjar de la gastronomía local que son las cocas. El vino, la cerveza, la mistela y los productos hechos en casa; no podían faltar en la mesa. Tampoco ese compañero que, de repente, hacia saltar a todo el mundo de su silla (o que salieran en estampida) disparando un petardo o una traqueta debajo de la mesa, o aquella persona del grupo que cogía la guitarra y aportaba la nota musical del encuentro. Canciones de letra sencilla, melódicas y fáciles de entonar como “La Tarara”, “El tio Pep”, “La manta al coll” o “La xata merenguera”; son muy comunes en estos días.
Tras la comida era típico ir a terminar la tarde a la playa del Arenal. Su gran amplitud permitía que familias enteras y las cuadrillas se reunieran para degustar la tradicional mona de Pascua. Sin duda es el dulce por excelencia de estas fechas y, afortunadamente en Xàbia, continúa elaborándose con mimo en las panaderías locales. Los xabieros y xabieres de entonces cargaban los cabassets y la degustaban sola o acompañada de una tableta chocolate. Los más pequeños hacían volar sus cometas y el ruido de los petardos era un eco constante de fondo. Pero no sólo la gente del municipio acudía al Arenal. Vecinos y vecinas de la comarca, de Gata de Gorgos y Pedreguer en su mayoría, visitaban la playa con sus respectivos capazos con el fin de compartir un día de celebración.
¿Cuál es el denominador común que caracteriza a la Pascua xabiera y que ha permanecido inherente con el paso del tiempo? La alegría de celebrar. La convivencia. El compartir, unos con otros, familia o amigos, una jornada festiva marcada por poder disfrutar de la buena compañía, el buen tiempo, la gastronomía y de Xàbia. La dicha de festejar la vida, en definitiva.
![[Img #3935]](https://xabiaaldia.com/upload/images/04_2023/2687_fira-de-pasqua-xabia.jpg)
Gràcies al Arxiu de Xàbia per la seua inestimable ajuda sempre!
La Pascua en Xàbia es popular y muy conocida. Por eso, no está de más recordar de dónde viene la costumbre tan especial de juntarse ese día con amigos y amigas al aire libre y hacer gala de una singular alegría. Hay que retroceder en el tiempo, décadas atrás, hasta mucho antes de que la Plaça de l’Esglèsia se convirtiera en centro neurálgico de la celebración con la conocida Fira de Pasqua.
La alegría que se atribuye a esta jornada no es casual y está íntimamente ligada a la religión católica que celebra el triunfo de la vida sobre la muerte con la resurrección del Señor. Un acontecimiento que era motivo de celebración festiva para gran parte de la sociedad y que rompía con la solemnidad y sencillez con la que se había llevado a cabo la Semana Santa.
Aunque ahora estos días tienen un carácter más vacacional, antiguamente estaban marcados por la austeridad y la oración que se presupone que deben tener el entierro y duelo de una personalidad sumamente importante. Era tal el simbolismo que, en Viernes Santo -por ejemplo- los conductores trataban de no hacer sonar el claxon de sus vehículos a menos que fuera imprescindible y las personas no alzaban la voz y reducían al máximo sus quehaceres fuera del hogar familiar.
La atención se centraba en las celebraciones religiosas que se llevaban a cabo en el más absoluto silencio hasta que el domingo de Resurrección estallaba la algarabía. En los años 30, cuando las campanas de la iglesia tocaban a Gloria a las diez de la mañana del sábado, los hombres que estaban trabajando en el campo, lanzaban al aire sus sombreros en señal de júbilo. Es ese cambio de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida; lo que ha marcado el carácter festivo de la conmemoración de Pascua y el modo alegre, despreocupado y colorido de celebrarla en muchos municipios. Y el cambio debía ser grande en Xàbia, porque la costumbre era reunirse el domingo, lunes (primer día de Pascua) y martes (segundo día de Pascua). En la actualidad, este encuentro ha quedado relegado sólo al domingo, aunque muchos grupos también se juntan el lunes.
![[Img #7798]](https://xabiaaldia.com/upload/images/03_2024/8510_pascua-xabia-mediados-de-los-50-arxiu-municipal.jpg)
Ahondando en las tradiciones de la Pascua xabiera, el Domingo de Resurrección no podía faltarse a misa como punto final de los días de recogimiento que suponían la Semana Santa. Sin embargo, al finalizar esta, comenzaba la jornada de jolgorio. Lo primero era cambiarse la arreglada vestimenta con la que se había acudido a la celebración religiosa y estrenar el atuendo típico de Pascua que sólo se utilizaba durante estos días del año: pantalón vaquero de color azul con la raya bien marcada, camisa de cuadros y bambas en los pies al estilo de las clásicas Victoria. Opcional era colocarse un pañuelo en el cuello o adornando la coleta en el caso de ellas y un sombrero de paja en el de ellos. Las prendas vaqueras, tan comunes en los armarios actuales, no estaban bien vistas hace unas cuantas décadas y se consideraban como “ropa de trabajo” ya que, dada su dureza y resistencia, eran habituales de arduos oficios como el de la construcción. Hasta 1983 no se celebró la primera Fira d’Artesania en el Centro Histórico y tampoco había Fira de Pasqua.
Aun así, los vecinos y vecinas salían a pasear por sus calles para festejar el día de Pascua, encontrarse animadamente entre ellos y felicitarse tras los días de fervor. La calle Mayor era un ir y venir de gentío arriba y abajo. Entre el murmullo se escuchaba el estallido de petardos. Una tradición muy valenciana que simboliza la ruptura con el marcado silencio de los días previos.
La Pascua en Xàbia está estrechamente ligada a las casas de campo -les casetes de tota la vida- y a los insignes riuraus. Aún hoy, muchas cuadrillas se reúnen en ellas para celebrarla en torno a una buena comilona, música y la tertulia amena. La llegada la Pascua suponía casi el primer contacto con las casitas que tradicionalmente se reservaban para la época estival tras los meses de invierno. Por tanto, esta celebración también simbolizaba un cambio de estación, el inicio del buen tiempo y de los días largos y el ir adoptando, poco a poco, nuevas rutinas y ocupaciones asociadas a un clima cada vez más cálido.
![[Img #3936]](https://xabiaaldia.com/upload/images/04_2023/8372_pascua-xabia-1954-de-magdalena-mari-molina.jpg)
Así, las casitas se convertían en punto de encuentro para grandes grupos de amigos con ganas de disfrutar. La costumbre era preparar una buena paella en fuego de leña, degustar un guisado de conillet amb tomaca o bien convertir la jornada en una gran cocà y elaborar ese gran manjar de la gastronomía local que son las cocas. El vino, la cerveza, la mistela y los productos hechos en casa; no podían faltar en la mesa. Tampoco ese compañero que, de repente, hacia saltar a todo el mundo de su silla (o que salieran en estampida) disparando un petardo o una traqueta debajo de la mesa, o aquella persona del grupo que cogía la guitarra y aportaba la nota musical del encuentro. Canciones de letra sencilla, melódicas y fáciles de entonar como “La Tarara”, “El tio Pep”, “La manta al coll” o “La xata merenguera”; son muy comunes en estos días.
Tras la comida era típico ir a terminar la tarde a la playa del Arenal. Su gran amplitud permitía que familias enteras y las cuadrillas se reunieran para degustar la tradicional mona de Pascua. Sin duda es el dulce por excelencia de estas fechas y, afortunadamente en Xàbia, continúa elaborándose con mimo en las panaderías locales. Los xabieros y xabieres de entonces cargaban los cabassets y la degustaban sola o acompañada de una tableta chocolate. Los más pequeños hacían volar sus cometas y el ruido de los petardos era un eco constante de fondo. Pero no sólo la gente del municipio acudía al Arenal. Vecinos y vecinas de la comarca, de Gata de Gorgos y Pedreguer en su mayoría, visitaban la playa con sus respectivos capazos con el fin de compartir un día de celebración.
¿Cuál es el denominador común que caracteriza a la Pascua xabiera y que ha permanecido inherente con el paso del tiempo? La alegría de celebrar. La convivencia. El compartir, unos con otros, familia o amigos, una jornada festiva marcada por poder disfrutar de la buena compañía, el buen tiempo, la gastronomía y de Xàbia. La dicha de festejar la vida, en definitiva.
![[Img #3935]](https://xabiaaldia.com/upload/images/04_2023/2687_fira-de-pasqua-xabia.jpg)
Gràcies al Arxiu de Xàbia per la seua inestimable ajuda sempre!


































Jose Yañez | Viernes, 12 de Abril de 2024 a las 10:38:49 horas
Excelent articul, com tots els de Álvaro Monfort. Estes notícies son les que més m'agraden.
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