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Entre puntada y puntada, Pepa Ferrer se despide tras más de 40 años vistiendo a su Xàbia Entre puntada y puntada, Pepa Ferrer se despide tras más de 40 años vistiendo a su Xàbia
Alvaro Monfort
Sábado, 10 de Julio de 2021 Tiempo de lectura:

Entre puntada y puntada, Pepa Ferrer se despide tras más de 40 años vistiendo a su Xàbia

Decía Elvis Presley que el ritmo era algo que se tenía o no, pero que cuando se tenía, lo tenías todo. Algo así se dice del talento. Aunque se haya constatado que todas las personas nacen con una predisposición innata para desempeñar con éxito una o varias facetas de sus vidas, esto sólo llega a suceder si se cultivan, miman y alimentan cada día. Desde luego, quien sí lo ha logrado, ha sido Pepa Ferrer que, durante 43 años ha sabido hacer de su pasión y vocación, su oficio. Su modo de ganarse la vida y contribuir a la economía de una familia que siempre la ha respaldado y aplaude su envidiable trayectoria. Con la jubilación a la vuelta de la esquina, Pepa se despide de uno de sus tesoros más personales y cierra su pequeña, pero incombustible, tienda ubicada en la entrañable callecita Pastores, afluente del carrer Major, en pleno corazón del Centro Histórico de Xàbia. No es una despedida amarga fruto de las complejas circunstancias actuales. Es un adiós premeditado y lleno de gratitud. ¿Por qué el rey del rock es importante en esta historia? Porque después de casi 50 años llenos de cambios en la tienda de moda y confección de Pepa, Presley ha sido el testigo diario de su crecimiento y evolución coronando, como el icono que es, la pared principal de su establecimiento. ¿Curioso? Mucho. ¿Especial? Sin duda. Como lo es siempre el comercio tradicional que logra perdurar tanto tiempo convirtiéndose en referente para muchas personas. Para rememorar la apertura de la tienda en 1979, hay que viajar un poco más atrás en el tiempo hasta la infancia de nuestra emprendedora. Pepa sabía, desde muy pequeña, que quería dedicarse al mundo del diseño y de la moda. Tanto es así, que cuando era joven, se confeccionaba así misma su propia ropa y también la de sus amigas. Por tanto, con el camino medio andado, era lógico que éste le condujera a formarse, profesionalmente, en corte y confección en 1978. Lo hizo en Alicante y destacó de tal forma, que recibió una mención honorífica que acreditaba su destreza, visión y buen hacer. Luego llegó la apertura de la tienda, pero no se conformó con eso sólo, sino que siguió formándose y actualizándose con distintos cursos que le permitieran estar al día de las últimas tendencias, la constante renovación del mundo de la moda y los sistemas de corte y confección más novedosos. Fueron años de plena bonanza. La tienda se convirtió en la pasarela donde exhibió este aprendizaje y continua evolución, mostrando diseños propios y exclusivos. Esto atrajo a muchos vecinos y vecinas que mantuvieron a pleno rendimiento el pequeño establecimiento y a la inquieta Pepa trabajando y formándose en academias y hasta impartiendo clases en el antiguo instituto (actualmente la Escola d’Adults). Con el tiempo, y hasta día de hoy, decidió incorporar a su vestidor, piezas de distintas marcas que destacasen por su calidad. Más adelante, llegó el momento de conciliar la vida familiar con la laboral y reducir el ritmo. Abandonó las clases y decidió centrarse en los suyos, en su mimada tienda y continuar confeccionando pedidos bajo demanda de sus no pocos clientes. La cara y cruz de mantener un comercio tradicional en el Centro Histórico Si hay algo que siempre ha enorgullecido a Pepa es el poder vestir a la gente de su Xàbia y proporcionarles ese trato cercano y familiar que sólo el comercio de toda la vida puede ofrecer. Esa, la de la proximidad y la sinceridad, es una cualidad que aún hoy no ha podido suplir el comercio online e incluso, el que se da en las conocidas casas de moda de los centros comerciales que tanto daño han hecho a las pequeñas firmas locales. Pero una cosa es la estima y la ilusión y otra la realidad. Al igual que otros muchos establecimientos tradicionales, su tienda también se vio duramente afectada por las ya lejanas obras que levantaron, -literalmente- todo el pueblo y mantuvieron en vilo a toda la ciudadanía y obligaron a muchos pequeños empresarios a cerrar sus negocios. No fueron años fáciles. El Centro Histórico fue herido de gravedad y cada día se bajaban más persianas de locales que no se han vuelto a subir bajo el mismo nombre. Pepa aguantó el embiste gracias a una clientela fiel que no la dejó de lado. Aún con todo, la protagonista de esta historia se siente orgullosa de haber podido aportar su granito de arena a la diversificación comercial del casco antiguo y de haberlo podido hacer durante tantos años gracias a la complicidad de esa gente que aún cree en lo autóctono. Ferrer, soñaba de niña con embellecer, con prendas únicas y especiales, a los vecinos y vecinas con los que se cruzaba todos los días por las calles y con poder hacerlo dentro de la antigua villa. Y lo consiguió Las piezas que quedarán en el recuerdo Toda persona modista o diseñadora tiene una creación que perdura en su memoria, bien sea por el esfuerzo que supuso su confección, su repercusión o su valor sentimental. Pepa también las tiene. Sus hijas están convencidas de que, si hubiera que destacar alguna (o unas pocas) de las muchas que ha realizado a lo largo de estás casi cinco décadas en activo, sin duda serían su traje de novia y los hasta ocho trajes de xabiera que ha confeccionado para sus otros dos tesoros, Rosana y Lucía. El primero se lo confeccionó ella misma y los otros han servido para que sus hijas luciesen como nunca ya fuera como Corte de Honor, Comissió Juvenil, Dama de Honor o Reginal Infantil de la Foguera. Son piezas únicas, nada sencillas de crear, que guarda con gran cariño por todo lo que atesoran entre sus puntadas, pliegues e hilos. Como buena autónoma, no ha conocido el significado del término “vacaciones” en su plenitud, pero sí el de la palabra “sacrificio”. Ahora, dejando atrás su tienda, podrá viajar junto a su familia, disfrutar de su recientemente estrenado título de abuela y descansar en el campo cuidando de sus animales, su otra gran pasión. Pepa Ferrer pasa a escribirse en la historia del comercio de Xàbia Històrica como aquel pequeño establecimiento donde las prendas fabricadas en serie no tenían cabida. Una historia que, al igual que la de tantos otros xabieros y xabieres, surge del talento de una mujer que puso todo su empeño en convertir su vocación en su modo de vida.
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