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Alvaro Monfort
Domingo, 03 de Diciembre de 2023 Tiempo de lectura:

'Que Santa Lucía nos conserve la vista'

La llegada del mes de diciembre es sinónimo de muchos acontecimientos en Xàbia. Pero antes de celebrar la Navidad y brindar por un nuevo año, el municipio presta atención, durante unos días, a una de sus festividades más arraigadas: Santa Lucía y Santa Bárbara.

 

Popularmente se dice: “Santa Lucía te conserve la vista” cuando una persona no ve aquello que tiene enfrente de ella. Cuando se encuentra aquello que se tenía delante y se estaba buscando, también se dice -en valencià- lo de “Si fora un bou m’hagera agarrat”, pero eso es otra historia. Resulta hasta macabro encomendarle a la santa que salvaguarde la buena visión de uno cuando, precisamente, la tradición medieval narra cómo le fueron arrancados los ojos.

 

De ahí que, entre las muchas representaciones que existen de la santa, la más conocida sea la que sostiene sus ojos en una mano. Es la protectora de la vista por excelencia y existe un relato divino para que se le atribuya tal responsabilidad. Pero puede que este patronazgo atienda más a la semejanza etimológica de su nombre en griego con la palabra latina lux (luz) que a un designio de Dios. También puede que haga referencia a la claridad con la que se dice que predicó en vida “abriendo los ojos y despertando los corazones de los ciegos”.

 

El despecho fue su condena. La historia cuenta que Lucía de Siracusa fue traicionada por el que era su prometido cuando ésta logró convencer a su madre de que no permitiera su matrimonio con él. La santa quería consagrar su vida a Dios y mantener intacta su virginidad, pero su madre, enferma, la había desposado con un joven pagano. No obstante, Lucía la convenció de que su destino estaba más ligado a Dios que al de su prometido cuando logró que ésta se curara de su enfermedad tras seguir sus indicaciones espirituales. Enfurecido, su pretendiente la acusó de ser cristiana en el convulso tiempo del emperador Diocleciano que ordenó la persecución y muerte de toda aquella persona que se declarase cristiana.

 

El martirio de Santa Lucía es explícito y violento. Sin embargo, no siempre incluye el arrancado de sus ojos. El fervor por ellos es desconocido, aunque la iconografía de la Edad Media narra una leyenda al respecto. Lucía tenía unos ojos preciosos. Tan hermosos eran que parece ser que no dejaban descansar a un hombre que estaba muy interesado en ella. Así que, ni corta ni perezosa, decidió arrancárselos y enviárselos. No se especifica el porqué de este acto, pero sí se cuenta que su pretendiente quedó tan impresionado por su valentía que se convirtió al cristianismo.

 

Hay otra versión de su martirio en el que, entre las muchas atrocidades que narra que le hicieron, incluye la pérdida de sus ojos. El procónsul Pascasio ordenó a sus soldados que se los arrancaran, pero tras hacerlo, Dios le concedió unos nuevos aún más bellos que los que tenía. La traducción de este relato no es exacta dado que otras transcripciones describen cómo le fueron quitados los ojos y ésta continuó viendo como si nada obrando un milagro.

 

La tradición de Santa Lucía en Xàbia es muy antigua. La ermita dedicada a ella y Santa Bárbara que se sitúa en el punto construido más alto del municipio, data del siglo XIV y aunque no se conoce con exactitud la fecha histórica de su consagración a ambas, sí se sabe que se remonta varios siglos atrás.

 

En relación a los ojos de la santa, en el llibret de las fiestas de Santa Lucía de este año, la xabiera Reme Berenguer; cuenta una maravillosa historia que permite conectar el municipio actual con sus raíces del pasado y comprender cómo algunas devociones, sentimientos y creencias; arraigaron en su momento hasta mantenerse vigentes a día de hoy.

 

Berenguer cuenta que, durante la Guerra Civil, se cometieron muchas atrocidades y “hubo una violenta persecución anticlerical con la destrucción de edificios religiosos y bienes pertenecientes a la Iglesia”. La ermita de las dos santas, pese a su ubicación y difícil acceso, no escapó a esto. Fue saqueada y las imágenes de Santa Lucía y Santa Bárbara lanzadas colina abajo. Luego fueron apiladas junto a otros objetos y se les prendió fuego.

 

Reme explica que los ciudadanos y ciudadanas no intervenían para proteger y defender lo que era parte de su legado: “Solían esconderse en sus casas para no ser vistos porque había brutales reacciones y represalias”. También cuenta que un grupo de niños, entre los que se encontraba su padre, observaron la quema y cuando sus responsables se marcharon; se acercaron con cautela para recoger los restos de aquello que no había sido devorado por las llamas. Sacaron de todo, casullas y demás objetos religiosos que utilizaron en una pícara trastada infantil que no sentó muy bien a sus padres y madres.

 

Y de entre todos los tesoros, el padre de Reme Berenguer rescató el que, quizás, sea el más simbólico de todos: Los ojos de la imagen de Santa Lucía. Qué esperanzadora coincidencia que, entre los restos de este violento acto, se lograse encontrar y salvar el elemento más característico y más representativo en la tradición de la santa. En medio de la violencia de una guerra que enfrentó a un mismo país y en la que se cometieron muchos sinsentidos, se rescataron unos ojos. Los órganos que permiten ver y discernir, contemplar y maravillarse, observar y entender para diferenciar, sin ningún tipo de condicionantes, aquello que está bien y que está mal.

 

En su escrito, Reme cuenta que estos ojos se guardaron en el hogar familiar “como una reliquia muy apreciada para madre e hijo” y que cuando éste se casó, pidió llevárselos. Pero la abuela Josefa “sólo le dejó llevarse uno y la familia sigue guardándolo”. Tal vez, sea cierto y haya que encomendarse a Santa Lucía para que permita a los xabieros y xabieres, ver y valorar su impresionante legado social, cultural e histórico; con afán de protegerlo y transmitirlo a las generaciones venideras.

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