Espacio Amadem: Salud e Infancia. Días cruciales para reflexionar
Luisina Daives. Psicóloga de Amadem
A raíz de los días de la Salud y del Niño y de la Niña; creo muy conveniente -y hasta me atrevería a decir- que es urgente reflexionar sobre la Salud Mental Infantil. Tema que, por un lado, afortunadamente escuchamos más, pero por otro, la realidad y cifras en torno a lo que ocurre, nos arrojan la necesidad imperiosa de exigir recursos profesionales para intervenir.
Pero también nos pide cambios, como personas adultas, responsables y educadoras; a la hora de tratar, poner límites y pautas. Es decir, cambiar patrones en la educación que impartimos en la infancia. No nos olvidemos que todo comienza pronto, que desde que una persona nace, absorbe e internaliza modelos de cómo debe comportarse, reaccionar, gestionar y resolver las situaciones de su propia vida.
El cerebro de un niño y de una niña se desarrolla durante todos los años hasta la adolescencia tardía, es decir, una persona de 17 o 18 años continúa desarrollando partes cerebrales cruciales a la hora de determinar sus impulsos, sus reacciones, sus emociones, cambios anímicos y demás; influye en sus hábitos.
Por ejemplo, es alarmante el socialmente establecido uso de las pantallas en donde el estímulo es tremendamente potente demandando reacciones inmediatas por parte de las personas usuarias de estos dispositivos. Este hecho, con el tiempo, irá desarrollando unos circuitos cerebrales poco o nada sanos. Que, a su vez, se pondrán en práctica a la hora de relacionarse con sus iguales, con la autoridad académica, con la de casa, etc.
Por eso, urge que regulemos el uso de las nuevas tecnologías, que nos enteremos qué es lo que consumen en las pantallas y que, con nuestro ejemplo, reafirmemos esta postura. El ser modelo nos puede ayudar a que la persona, aunque tenga ya una edad y unos comportamientos adquiridos, pueda -mediante la observación de conductas diferentes- cambiar las propias y hacer suyas las nuevas.
Para esto tiene que ver, repetidas veces, comportamientos alternativos y más saludables a los que está manteniendo. Pongamos en práctica, dentro de casa, valores claves como el respeto, la justicia, el diálogo, la solidaridad, la generosidad, el cariño y afecto, a la hora de relacionarnos, en el día a día, en la familia. No es importante que sean temas trascendentes, ni que la familia sea numerosa, entre dos personas, compartiendo una charla en la comida se puede ejercitar todo esto. ¡Vamos a ello!
Luisina Daives. Psicóloga de Amadem
A raíz de los días de la Salud y del Niño y de la Niña; creo muy conveniente -y hasta me atrevería a decir- que es urgente reflexionar sobre la Salud Mental Infantil. Tema que, por un lado, afortunadamente escuchamos más, pero por otro, la realidad y cifras en torno a lo que ocurre, nos arrojan la necesidad imperiosa de exigir recursos profesionales para intervenir.
Pero también nos pide cambios, como personas adultas, responsables y educadoras; a la hora de tratar, poner límites y pautas. Es decir, cambiar patrones en la educación que impartimos en la infancia. No nos olvidemos que todo comienza pronto, que desde que una persona nace, absorbe e internaliza modelos de cómo debe comportarse, reaccionar, gestionar y resolver las situaciones de su propia vida.
El cerebro de un niño y de una niña se desarrolla durante todos los años hasta la adolescencia tardía, es decir, una persona de 17 o 18 años continúa desarrollando partes cerebrales cruciales a la hora de determinar sus impulsos, sus reacciones, sus emociones, cambios anímicos y demás; influye en sus hábitos.
Por ejemplo, es alarmante el socialmente establecido uso de las pantallas en donde el estímulo es tremendamente potente demandando reacciones inmediatas por parte de las personas usuarias de estos dispositivos. Este hecho, con el tiempo, irá desarrollando unos circuitos cerebrales poco o nada sanos. Que, a su vez, se pondrán en práctica a la hora de relacionarse con sus iguales, con la autoridad académica, con la de casa, etc.
Por eso, urge que regulemos el uso de las nuevas tecnologías, que nos enteremos qué es lo que consumen en las pantallas y que, con nuestro ejemplo, reafirmemos esta postura. El ser modelo nos puede ayudar a que la persona, aunque tenga ya una edad y unos comportamientos adquiridos, pueda -mediante la observación de conductas diferentes- cambiar las propias y hacer suyas las nuevas.
Para esto tiene que ver, repetidas veces, comportamientos alternativos y más saludables a los que está manteniendo. Pongamos en práctica, dentro de casa, valores claves como el respeto, la justicia, el diálogo, la solidaridad, la generosidad, el cariño y afecto, a la hora de relacionarnos, en el día a día, en la familia. No es importante que sean temas trascendentes, ni que la familia sea numerosa, entre dos personas, compartiendo una charla en la comida se puede ejercitar todo esto. ¡Vamos a ello!

































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