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Alvaro Monfort
Sábado, 19 de Agosto de 2023 Tiempo de lectura:

El ‘Cap de l’Ermità’ que Sor Catalina Bas rebautizó tras construir una ermita

El Cap de Sant Antoni es uno de los monumentos naturales más espectaculares de Xàbia. Els peus del Montgó conectan al municipio con les Illes Balears de forma subacuática y lo protegen con su descomunal brazo. Su altura y disposición lo convierten en un mirador único desde donde puede admirarse la recortada bahía, algunos de los picos más destacados de los alrededores y perderse en la infinidad de un vasto mar inabarcable. Una inmensa escultura que parece cincelada y tallada cuasi a propósito. El mismo Joaquín Sorolla fue lo primero que inmortalizó tras descubrir Xàbia, prendado de su capacidad de reflejar, pese a la opacidad de la piedra, las tonalidades del atardecer.

 

Un enclave tan excepcional sólo puede atesorar una gran historia. Un relato que incluye personajes, construcciones y hasta leyenda. El de este artículo es el de una antigua ermita, derruida e imperceptible a día de hoy (salvo a vista de pájaro y si la maleza lo permite) pues hasta hace unos años, la característica planta de les ermites de conquesta era aún reconocible e incluso los restos del suelo adoquinado con baldosas que poseía.

 

Curiosamente, de todas las ermitas alzadas a partir del siglo XVI durante el periodo de la reconquista cristiana y expulsión morisca, ésta es la que se encuentra más alejada de la antigua villa. A pesar de su distancia, la ermita mantenía las características arquitectónicas típicas de este tipo de construcciones con una nave única rectangular y techado a dos aguas sustentado por arcos de piedra ligeramente apuntados.

 

Según el historiador Roque Chabás, su ermita se atribuye a Catalina Bas, vecina del municipio de gran espiritualidad que decidió retirarse a vivir al cabo, de forma ermitaña y apartada de todo. Sor Bassota, popular nombre con el que se conocía a la religiosa, vivió guarecida en una de las cuevas de difícil acceso del cabo conocidas como les Coves Santes.

 

No obstante, Bas no se asentó como una naturista más y ya está. Solicitó la colaboración del conde de Dénia (Alfonso de Aragón) para poder establecerse y al obispo de València, Jaime de Aragón) para poder construir, en 1.377, una ermita dedicada a la advocación de San Antonio, modelo y figura de referencia para la mujer por el carácter eremita del santo. Chabás también señala que el trato realizado con el conde de Dénia para levantar la ermita incluía “que que diese cuenta a la parroquia de Dénia de todas las limosnas y emolumentos que en la ermita se recogiesen”.

 

Tal y como explica el historiador Miguel Ángel González, los documentos de la época denominaban al cabo Cap de l’Ermità y fue la advocación otorgada a la ermita, construida y erigida por Catalina Bas, la que le concedió su nombre actual.

 

En 1386 la ermita sirvió como refugio para algunos de los frailes jerónimos que residían en el convento de La Plana y que tuvieron que huir cuando el monasterio fue destruido por los piratas berberiscos. La zona era continuamente asediada. De ahí las torres vigía alzadas en puntos estratégicos (una de ellas al lado de la ermita), el amurallado de la villa o el imponente campanario-torre de San Bartolomé.

 

[Img #5719]

Sor Catalina continuó manteniendo la ermita hasta su fallecimiento en torno a 1.400. Tras su defunción (la religiosa fue enterrada en la propia ermita y, actualmente, se dice que sus restos reposan en la iglesia de la Mare de Déu de Loreto), la ermita fue cedida a varios ermitaños que tenían el derecho a no ser molestados para ejercer la vida contemplativa o cualquier acción “bajo pena de 100 morabatinos” (moneda utilizada en la taifa almorávide de Murcia). El batlle general encomendó el mantenimiento de la ermita a Pau Mir. Luego, el rey Alfonso el Magnánimo se la entregó a Pascual Esteve. A finales del siglo XIX, la ermita aún se encontraba en pie fruto del cuidado de sus ermitaños y particulares (denominados “mayordomos”) que se hacían cargo de las limosnas que recogía el pequeño lugar de culto y su administración.

 

La advocación a Sant Antoni ha sido siempre muy popular en el municipio. Junto a la ermita del cabo, también está la de la Benitzaina y en el Raval de Baix se alzaba una antigua capilla dedicada a su veneración. La cultura en torno al patrón de los animales se mantiene viva a día de hoy gracias al Centro de Actividades Ecuestre El Tirasset y la Penya La Burrera que celebran la temprana festividad tanto en el Centro Histórico como Duanes de la Mar. Ambas tienen su origen en el porrat que se realizaban los vecinos y vecinas del núcleo marinero a medio camino de la ermita y la bendición de animales “de trabajo” que tenía lugar en el Calvari.

 

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BIBLIOGRAFÍA

Roque Chabás. Historia de la Ciudad de Dénia. 1874.

Ramón Candelas. Las ermitas de la provincia de Alicante. 2004

Miguel Ángel González. Noticias de la ermita del Cap de Sant Antoni en 1427. 1999

Josep Sapena i Joaquim Bolufem. Ermites a Xàbia. Tradició i Història. 2001

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