Espacio Amadem: Sida y salud mental
Luisina Daives. Psicóloga de Amadem
El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) es una afección crónica que pone en riesgo la vida provocada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Al dañar el sistema inmunitario, el VIH interfiere en la capacidad del cuerpo humano para luchar contra infecciones y enfermedades.
El VIH es una infección de trasmisión sexual. También puede trasmitirse por el contacto con sangre infectada y por inyectarse drogas ilegales o por compartir agujas. Además, puede trasmitirse de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia. Sin medicamentos apropiados, es posible que pasen años hasta que el VIH debilite el sistema inmunitario hasta el punto de avanzar y convertirse en SIDA. No existe cura para el VIH o SIDA, pero actualmente se ha avanzado mucho y el tratamiento adecuado puede controlar la infección o prevenir el avance de la enfermedad.
Los tratamientos antivirales para el VIH han reducido la cantidad de muertes por SIDA en todo el mundo y las organizaciones internacionales están trabajando para aumentar la disponibilidad de medidas de prevención y de tratamiento en países con pocos recursos. Ahora bien, ¿qué pasa cuando se diagnostica esta larga enfermedad? El estrés, la ansiedad o angustia; pueden afectar negativamente la Salud Mental de una persona.
Entre los síntomas que pueden aparecer ante una circunstancia de este tipo están la dificultad para contarles a otras personas sobre el diagnóstico, es decir, el estigma y discriminación relacionados con el VIH. Aún hay que seguir educándose en qué es y qué no es SIDA y en cómo se puede contagiar y cómo no. También puede aparecer una pérdida de apoyo social y aislamiento.
Ante este tipo de comportamientos es muy importante pedir ayuda. Si este bucle es continuo, puede parecer un estado de depresión que provoque una pérdida del interés en actividades que antes solían ser agradables, sentir una tristeza persistente o una sensación de vacío grande, ansiedad o estrés hasta llegar a tener pensamientos suicidas en el peor de los casos. Hay que ser conscientes que el cuidado, tratamiento y medidas preventivas de nuestro organismo, será exactamente igual, al que necesitará nuestra mente, emociones o vida interna.
Luisina Daives. Psicóloga de Amadem
El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) es una afección crónica que pone en riesgo la vida provocada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Al dañar el sistema inmunitario, el VIH interfiere en la capacidad del cuerpo humano para luchar contra infecciones y enfermedades.
El VIH es una infección de trasmisión sexual. También puede trasmitirse por el contacto con sangre infectada y por inyectarse drogas ilegales o por compartir agujas. Además, puede trasmitirse de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia. Sin medicamentos apropiados, es posible que pasen años hasta que el VIH debilite el sistema inmunitario hasta el punto de avanzar y convertirse en SIDA. No existe cura para el VIH o SIDA, pero actualmente se ha avanzado mucho y el tratamiento adecuado puede controlar la infección o prevenir el avance de la enfermedad.
Los tratamientos antivirales para el VIH han reducido la cantidad de muertes por SIDA en todo el mundo y las organizaciones internacionales están trabajando para aumentar la disponibilidad de medidas de prevención y de tratamiento en países con pocos recursos. Ahora bien, ¿qué pasa cuando se diagnostica esta larga enfermedad? El estrés, la ansiedad o angustia; pueden afectar negativamente la Salud Mental de una persona.
Entre los síntomas que pueden aparecer ante una circunstancia de este tipo están la dificultad para contarles a otras personas sobre el diagnóstico, es decir, el estigma y discriminación relacionados con el VIH. Aún hay que seguir educándose en qué es y qué no es SIDA y en cómo se puede contagiar y cómo no. También puede aparecer una pérdida de apoyo social y aislamiento.
Ante este tipo de comportamientos es muy importante pedir ayuda. Si este bucle es continuo, puede parecer un estado de depresión que provoque una pérdida del interés en actividades que antes solían ser agradables, sentir una tristeza persistente o una sensación de vacío grande, ansiedad o estrés hasta llegar a tener pensamientos suicidas en el peor de los casos. Hay que ser conscientes que el cuidado, tratamiento y medidas preventivas de nuestro organismo, será exactamente igual, al que necesitará nuestra mente, emociones o vida interna.


































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