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Jueves, 04 de Junio de 2026

Actualizada Jueves, 04 de Junio de 2026 a las 08:18:39 horas

José Font Caballero
Viernes, 07 de Junio de 2024 Tiempo de lectura:

El catret

“Amparito

la filla del mestre

diuen que festetja 

amb un foraster, 

 

I els diumenges

Quan va a missa d’onze

El nòvio darrere

Li porta el catret…”.

 

Esta es una de mis canciones valencianas populares favoritas, y la versión de Els Pavesos, es sublime. ¿Quién se acuerda pues, o ha oído hablar del catret? Yo, que no soy tan viejo, creo, he llegado a ver alguno con frecuencia, en las misas multitudinarias como la de San Juan en los 80. Dicen que la última vez que un xabiero se dejó ver, portando uno de estos muebles simpáticos, fue en la Novena del Nazareno, allá por 1995, tiempo de los últimos coletazos del fervor religioso en la villa, cuando la novena era novena, la iglesia se abarrotaba cada noche, y los vecinos llevaban sillas y catrets -sobre todo los hombres- para ocupar los pasillos laterales, principalmente.

 

Hace más de una década, se cambiaron los bancos antiguos oscuros y de manufactura neogótica austera, del templo parroquial -a mi juicio un error gravísimo-, y la nave de San Bartolomé, permaneció varias horas vacía sin ninguna mole de madera entorpeciendo la maravillosa arquitectura. Lamentablemente no hay imágenes de este momento histórico, pues el fotógrafo fue avisado tarde y nuestros teléfonos móviles no eran lo que son hoy, súper smartphones. Los que asistimos a aquella singular estampa, pudimos imaginar in situ, las celebraciones eucarísticas con los feligreses y sus catrets en los viejos tiempos.

 

[Img #8381]

 

Desde los inicios de la misa católica, se asistía a los ritos, de pie y de rodillas. Más tarde, la nobleza y después la burguesía, fueron adquiriendo bancos en propiedad, coexistiendo con los bancos del coro, del cabildo o los míticos bancos corridos de piedra. A mediados del siglo XIX, se van construyendo más bancos en algunos lugares, pero es el Concilio Vaticano II, el que pone el punto final al romanticismo y a la belleza de la liturgia, “democratizando” el culto e introduciendo el guitarreo, los sermones desde el ambón y los bancos para todos. Paradójicamente, Roma quiso llenar el espacio de todas las iglesias grandes y pequeñas, con más sitios para sentarse, mientras la misa iba paulatinamente, vaciándose de católicos… 

 

Esta sillita se confeccionaba con un sistema sencillo y práctico: maderas que se abrían y cerraban sin dificultad y tiras de cuero para acomodarse y plegarse. Si veis este artilugio curioso en alguna cambra o corral de vuestras casas o casitas, no lo tiréis, ni lo llevéis a la Foguera de trastos vells del próximo día 23, guardadlo, es un tesoro de la vida social y religiosa de nuestros mayores. 

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