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Martes, 23 de Junio de 2026

Actualizada Martes, 23 de Junio de 2026 a las 11:34:55 horas

Álvaro Monfort
Sábado, 14 de Diciembre de 2024 Tiempo de lectura:

La lucha de Manoli por defender su tesoro más preciado: La Joyería Antolinos de Xàbia

Imágenes: Álvaro Monfort Torres.

 

Hay personas que se pasan toda su vida luchando por aquello que más creen. Dejándose la piel e invirtiendo cada céntimo de su bolsillo, cada segundo de su tiempo y toda su ilusión en ello. Lamentablemente, a veces, luchar no es sinónimo de vencer, pero sí lo es de valentía. Entraña sacrificio, espíritu de superación y un enorme coraje que empuja a la persona a sobreponerse a la adversidad, aunque las fuerzas flaqueen.

 

Todo aquel que pertenece al mundo del comercio tradicional y de proximidad sabe perfectamente lo que es. Levantar la persiana todos los días no es fácil y más en un momento en el que toda adquisición está a un clic de distancia. Aguardar la llegada de clientes puede suponer un desafío, especialmente si se es mayor.

 

Manoli Antolinos lo sabe bien. Regenta la Joyería Antolinos de la calle Andrés Lambert, 8 de Xàbia y se ha pasado toda su vida luchando por mantener su negocio. La han obligado a caer en numerosas ocasiones y siempre ha logrado levantarse pese a todo. Ahora admite encontrarse cansada y está pensando en cerrar, pero no le gustaría hacerlo sin antes darle salida al enorme tesoro que custodia en su tienda. Afirma que todo lo que tiene “es su patrimonio” y, antes de despedirse, le gustaría desprenderse de él como querría cualquier otro comerciante.

 

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Manoli comenzó de muy joven trabajando en la administración de la que está considerada como la primera y exclusiva urbanización de Xàbia: El Tossalet. Poco a poco, la gerencia fue desprendiéndose de los trabajadores y trabajadoras y perdió su empleo. Empezó a vender joyas y oro a domicilio y admite que le daba mucha vergüenza. Así, animada por sus proveedores y clientes, decidió abrir su primera joyería en uno de los pasajes (ahora tapiado) que conectaba Cristo del Mar con Andrés Lambert. Era el año 1981 y el próximo 22 de diciembre, se cumplirán 43 años de aquella primera apertura.

 

La joyera recuerda con alegría lo coqueta que era aquella tienda en la que depositó toda su ilusión: “Tenía unos bonitos muebles de madera y vitrinas para exponer las mejores joyas”. El negocio prosperó y su facilidad con los idiomas (habla tres) le permitió conquistar, no sólo a los vecinos y vecinas, sino también a un creciente número de visitantes extranjeros. “Tenía muchos y muy generosos clientes”, recuerda Manoli. Este momento de bonanza posibilitó expandir el negocio y abrir un nuevo establecimiento en plena avenida de la Libertad en El Arenal, paralelamente al paseo y junto a la heladería La Jijonenca. “Algunos de los expositores que tengo ahora son de aquella tienda, por eso está todo un poco apretado. Pero es que les tengo mucho cariño”.

 

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Pero, al igual que una moneda, la historia tiene dos caras. Manoli ha sufrido muchas injusticias que le han impedido “disfrutar de todo lo que estaba logrando”. A lo largo de su vida empresarial ha sufrido más de 44 robos. El último, pocos días antes de la publicación de este artículo y algunos de ellos han atentado contra su integridad física. “Tengo cicatrices a causa de algún navajazo”, narra resignada. “Una vez empotraron un todoterreno contra el escaparate de la tienda de El Arenal en plena madrugada”, recuerda. En otra ocasión, en la antigua tienda del pasaje, abrieron un boquete en la pared desde el local contiguo que estaba vacío para lograr entrar. “Varios de ellos fueron a mano armada”.

 

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La tienda, como es habitual en las joyerías, está blindada y cuenta con todos sus mecanismos de seguridad. Una vez logró recuperar todo lo sustraído y los rostros de sus últimos ladrones quedaron bien registrados en las cámaras de seguridad. De este último robo, cuenta que “está en manos de la Guardia Civil, pero a saber”. Manoli está desanimada y con razón. Cada noche guarda todo el género de la tienda en su cámara acorazada y cada día vuelve a exponerlo cuidadosamente.

 

“Cada vez que ingresaba un poco más de beneficios, tenía que invertirlo en reponer el género robado y reparar los desperfectos”. “No podía disfrutar de que el negocio funcionara bien tratando de salir adelante y recuperarme”. “Ganaba para arreglar y pagar deudas”, explica. Manoli cuenta que, si no se hubiera apretado mucho el cinturón y sin la confianza de sus proveedores, el apoyo incondicional de algunos de sus mejores clientes y el asesoramiento del que fue director de la CAM; “no lo habría logrado”.  

 

Los continuos robos, la poca visibilidad de la tienda y un incendio ocurrido en el pasaje, la llevaron a asentarse en su actual ubicación arriba del margen que tiene decorado con plantas y flores.

 

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La Joyería Antolinos de Xàbia y su propietaria han sido un referente para muchos. Manoli ha trabajado mucho por mantener y sacar adelante la que es como su hija. Ahora está cansada y ofrece grandes descuentos de hasta mitad de precio con los que dar salida a su gran tesoro y, si las circunstancias son propicias, cerrar esta agitada, convulsa, pero ilusionante etapa de su vida con la tranquilidad de haber podido “despejar” la tienda. Tiene de todo y mucho: Relojes, pulseras, oro, plata, cadenas, brillantes y alianzas; entre otros. Confía en que la temporada de Navidad y Reyes le supongan un espaldarazo para poder empezar a disfrutar más con su inseparable perrita.

 

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Su trayectoria y experiencia es, además, muy importante para analizar el estado de salud del comercio de proximidad. Ha conocido las “vacas gordas” del municipio cuando éste era la joya de la corona de un incipiente turismo exclusivo, los centros comerciales más próximos estaban en Gandia o Benidorm y comprar por Internet sólo despertaba desconfianza.

 

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“Desde la pandemia todo ha cambiado”, asegura. “Las personas mayores aún nos aferramos a las tiendas de toda la vida porque no conocemos otras y nos produce seguridad ponerle rostro al vendedor y palpar el producto”. “Durante el confinamiento la gente necesitaba consumir y todos estábamos cerrados contando los días para volver a abrir”. Sin embargo, “si todo está en las tiendas online y sustituyen poco a poco a los pequeños establecimientos, perderemos vida”. Manoli aboga por desprenderse de la cantinela de “lo que quiero no está en ninguna tienda de Xàbia” y salir a la calle para “invertir en el pueblo lo que sacamos del pueblo” y afianzar la relación entre consumidores y pequeños empresarios que se ha perdido.

 

Manuela Antolinos es el vivo ejemplo de una mujer fuerte y luchadora. Ha perdido mucho en incontables ocasiones, pero siempre ha conseguido levantarse a base de mucho esfuerzo, empeño y dedicación. Asegura que “mientras me encuentre bien, trataré de seguir adelante”, pero para poner un broche de oro, igual de brillante que sus joyas y su incansable espíritu, necesita de la ayuda de todos sus vecinos y vecinas.

 

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