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Álvaro Monfort
Viernes, 20 de Junio de 2025 Tiempo de lectura:
Noticias de Xàbia

Fermín Espinosa, el artista que hizo del fuego su trinchera y de Xàbia su escenario eterno

Imágenes: Arxiu Municipal de Xàbia.

 

La foguera -el mal llamado monumento- es el elemento central que da sentido a la fiesta de les Fogueres de Sant Joan al igual que la falla lo es de les Falles de Sant Josep. Sin este puntal, sin este elemento artístico-satírico que quemar, la festividad sería muy diferente. Por eso, la Foguera Central y la Foguera Infantil deben ser ejes en torno a los cuales converja la fiesta y deben acarrear una apuesta decidida por su calidad.

 

Cuando en un municipio se plantan fogueres o fallas es común que crezcan niños o niñas en los que, su construcción, despierte una curiosa inquietud creativa que les motive el querer dedicarse, en el futuro, a su diseño y confección. En València se imparte, a día de hoy, el ciclo formativo de artista fallero y construcción de escenografías y, cada año, surge de él una nueva hornada de jóvenes que crecieron plantando fallitas o fogueres de plastilina para pasar a enfrentarse al complejo oficio de artesanos del fuego. Bien sea por falta de cultura y pedagogía en torno a la foguera o por la distancia obvia que separa el Cap i Casal del municipio, Xàbia, con 76 años plantando fogueres; no ha sido cuna de artistas falleros o foguerers.

 

Que se sepa, sólo un vecino se ha dedicado al oficio formando parte del Gremi d’Artistes Falleres de València. Fermín Espinosa Buigues no tenía carrera universitaria, pero tenía una plaza: la Plaça de l’Església. Allí surgió su arte y se forjó su leyenda. Plantó decenas de pequeñas fogueres a las puertas de casa para divertimento personal y de familiares y amigos. Falleció en 2018 a los 77 años y fue mucho más que el entrañable tendero de la mítica Calavera o un mordaz y hábil artista fallero al que la censura (de la época y la municipal) no le afectó.

 

Modeló el carácter del pueblo y supo decir cuatro verdades a más de uno a través de ninots bien vestidos y la artificialidad de la escena satírica. “Total, acabarà cremant-se” solía decir cuando más de un vecino ofendido arrugaba la nariz al reconocerse retratado en la foguera. Y tenía toda la razón del mundo porque para eso son les Fogueres: Quemar todo lo que sobra para abrirse a nuevos horizontes con la llegada del estío.

 

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Su formación fue intensa y tradicional: aprendió en el taller del mítico artista Vicente Luna en València. En medio de aquel universo de ninots, madera, pintura y sátira; Fermín encontró su verdadero lenguaje. Luna era su maestro, pero José Luis Pascual “Pepet”, Salvador Debón o Vicente Agulleiro; sus referentes. Lo suyo era el arte efímero, la crítica en verso y la caricatura que ardía; pero dejaba una sonrisa y una reflexión.

 

En Xàbia, les fogueres las plantaba Vicent de Gràcia. Fue tras su fallecimiento cuando, en 1966, le llegó la oportunidad a Fermín de confeccionar, por primera vez, la Foguera Central de la Placeta del Convent. Fue la de “la guitarra” y como tantos otros artistas falleros que adolecen de un carácter empresario, pero poseen un admirable espíritu creativo y una imaginación desbordante; dio demasiado de sí para el poco dinero que le pagaron por su construcción. A Fermín le pudo la ilusión de poder demostrar sus habilidades en su Xàbia natal. Por aquella foguera, le pagaron 18 pesetas al día y como su proyecto era más ambicioso que el dinero disponible, trabajaba hasta las 20 h de forma remunerada y hasta la medianoche gratuitamente. La foguera fue un éxito. Era tremenda. Pero Espinosa no figuró como su autor ya que a quien se contrató oficialmente fue al nieto de Vicent de Gràcia y éste, a su vez, lo subcontrató a él.

 

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En 1970 plantó y firmó. Pero nunca fue la primera opción. La contratación de la foguera se gestionó tarde y como en València la respuesta era negativa, los encargados recayeron en Fermín al que tenían al lado, a un paseo entre el Bar Noi y la Plaça de l’Església. En un primer momento se negó, pero tenía demasiadas ganas por plantar en su Xàbia. Esa misma noche, las musas lo visitaron e ideó “la del faro”. Midió casi 14 metros y el faro que coronaba el cuerpo central tenía luz incorporada que giraba por las noches (este mismo recurso pudo verse en la Foguera Central de 2014 o en la Proclamació de la Reina de este 2025).

 

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En una entrevista de Fermín Ventura, Espinosa señalaba que tuvo muchos problemas para cobrar aquella foguera y que la gente le preguntaba por la calle cuándo la cobraría. De hecho, así como en Pego gozaba de cierta popularidad por sus numerosos premios obtenidos, en Xàbia fue el único lugar donde admitió que le costaba cobrar sus trabajos.

 

En dicha entrevista deja constancia de la precariedad de este maravilloso oficio vital para la fiesta: “Quien quiera dedicarse a esto tiene que pensárselo dos veces. Sólo puede ser un oficio para aquel que le guste mucho y lo haga con gusto e ilusión. En la búsqueda de hacer las cosas como Dios manda, inviertes muchas horas y si uno quiere trabajar con un reloj enfrente y ganar dinero; que no se le ocurra meterse aquí”. Y es que esta profesión se retrata a sí misma: preciosa en su forma, pero hueca por dentro. Los creadores del elemento principal que da sentido a les Falles o les Fogueres son los que menos reciben y, generalmente, trabajan en condiciones cuestionables. Son el perfecto reflejo actual del artista bohemio clásico.

 

Fermín fue un artesano del fuego y del cartón. Levantó fallas “de las de antes” antes de la irrupción del corcho blanco. En 1976, recibió el carné oficial del gremio artesano de artistas falleros, reconociendo su maestría y aunque no fue profeta en su tierra, sigue siendo el único.

 

Quizás la fiesta de Fogueres le debe un reconocimiento que deje constancia de esta genuinidad ya que su vínculo con la fiesta fue profundo como miembro activo de comisiones y, sobre todo, como transmisor incansable de esta pasión que lo acompañó toda su vida. Él explicaba que las fiestas no son sólo un evento social, sino una forma de estar conectado con el mundo y con la identidad personal de cada uno.

 

Fermín Espinosa encarnó esa mezcla de tradición, creatividad y alma popular que da sentido a las fiestas. Convirtió la sátira en arte, la humildad en virtud y su hogar, donde se alza la fachada más instagrameda del municipio, en el rincón donde nació y creció la vocación del único artista fallero que, de momento, ha conocido Xàbia.

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