Noticias de Xàbia
El cementerio medieval que Xàbia conserva bajo su Oficina de Turismo
Más de una veintena de tumbas de los siglos XIV y XV permanecen visibles bajo un suelo acristalado en pleno centro histórico
Bajo la actual Oficina de Turismo de Xàbia, en pleno casco histórico, se conserva una parte del antiguo cementerio medieval de la villa. Más de una veintena de enterramientos de los siglos XIV y XV permanecen visibles bajo un suelo acristalado, ofreciendo un singular testimonio arqueológico que permite comprender cómo era la vida —y la muerte— dentro de la población amurallada.
El edificio que recibe y orienta a quienes visitan el casco histórico de Xàbia conserva bajo sus dependencias una parte del antiguo cementerio de la villa. Más de una veintena de enterramientos medievales permanecen protegidos bajo el suelo de la Oficina de Turismo, junto a la plaza de la Iglesia.
Durante siglos, la muerte formó parte del interior de la población amurallada. Antes de la creación de los cementerios contemporáneos, los vecinos eran enterrados en iglesias o en recintos funerarios situados dentro de la propia villa.
Xàbia disponía de dos espacios principales como camposanto: un cementerio en la calle d’Avall y otro situado en el entorno de la iglesia de San Bartolomé. Este último era conocido como el fossar y ocupaba una zona próxima a los actuales edificios del Ayuntamiento y de la Oficina de Turismo.
El sector arqueológico conservado tenía aproximadamente 180 metros cuadrados, una planta trapezoidal y un cerramiento formado por un muro de piedra y mortero de cal. En su interior se documentaron más de veinte tumbas excavadas directamente en el terreno natural.

Los enterramientos estaban orientados de este a oeste. Los cuerpos habían sido depositados boca arriba, con la cabeza situada hacia poniente, siguiendo las prácticas funerarias cristianas de la época. Los estudios también identificaron indicios de amortajamiento y del uso de cajas o ataúdes de madera.
Las tumbas corresponden principalmente a los siglos XIV y XV, una etapa en la que la plaza concentraba buena parte de la actividad religiosa, institucional y cotidiana de la villa. El cementerio convivía con las viviendas, las calles y la iglesia dentro del reducido perímetro protegido por las murallas.
El modelo comenzó a cambiar por motivos sanitarios y urbanísticos. En 1817 se inauguró el cementerio de Sant Joan fuera del recinto amurallado, lo que marcó el progresivo abandono de los enterramientos dentro de la población.
La construcción y adecuación de la actual Oficina de Turismo permitió integrar los restos en el edificio, ya que el suelo acristalado ofrece hoy una visión directa de las fosas y convierte un espacio administrativo cotidiano en un punto de interpretación arqueológica.
El enclave también ha servido como punto de partida para rutas dedicadas a los misterios de la Xàbia medieval. La posibilidad de contemplar las sepulturas permite explicar de forma directa cómo se organizaba la villa, cuál era el papel de la iglesia y cómo evolucionaron las costumbres funerarias.
Bajo los pasos de quienes acuden a solicitar un mapa o información turística permanece así una parte de la población medieval de Xàbia. No se trata de una recreación ni de un relato legendario, sino de un testimonio arqueológico visible en uno de los lugares más transitados del centro histórico.


Bajo la actual Oficina de Turismo de Xàbia, en pleno casco histórico, se conserva una parte del antiguo cementerio medieval de la villa. Más de una veintena de enterramientos de los siglos XIV y XV permanecen visibles bajo un suelo acristalado, ofreciendo un singular testimonio arqueológico que permite comprender cómo era la vida —y la muerte— dentro de la población amurallada.
El edificio que recibe y orienta a quienes visitan el casco histórico de Xàbia conserva bajo sus dependencias una parte del antiguo cementerio de la villa. Más de una veintena de enterramientos medievales permanecen protegidos bajo el suelo de la Oficina de Turismo, junto a la plaza de la Iglesia.
Durante siglos, la muerte formó parte del interior de la población amurallada. Antes de la creación de los cementerios contemporáneos, los vecinos eran enterrados en iglesias o en recintos funerarios situados dentro de la propia villa.
Xàbia disponía de dos espacios principales como camposanto: un cementerio en la calle d’Avall y otro situado en el entorno de la iglesia de San Bartolomé. Este último era conocido como el fossar y ocupaba una zona próxima a los actuales edificios del Ayuntamiento y de la Oficina de Turismo.
El sector arqueológico conservado tenía aproximadamente 180 metros cuadrados, una planta trapezoidal y un cerramiento formado por un muro de piedra y mortero de cal. En su interior se documentaron más de veinte tumbas excavadas directamente en el terreno natural.

Los enterramientos estaban orientados de este a oeste. Los cuerpos habían sido depositados boca arriba, con la cabeza situada hacia poniente, siguiendo las prácticas funerarias cristianas de la época. Los estudios también identificaron indicios de amortajamiento y del uso de cajas o ataúdes de madera.
Las tumbas corresponden principalmente a los siglos XIV y XV, una etapa en la que la plaza concentraba buena parte de la actividad religiosa, institucional y cotidiana de la villa. El cementerio convivía con las viviendas, las calles y la iglesia dentro del reducido perímetro protegido por las murallas.
El modelo comenzó a cambiar por motivos sanitarios y urbanísticos. En 1817 se inauguró el cementerio de Sant Joan fuera del recinto amurallado, lo que marcó el progresivo abandono de los enterramientos dentro de la población.
La construcción y adecuación de la actual Oficina de Turismo permitió integrar los restos en el edificio, ya que el suelo acristalado ofrece hoy una visión directa de las fosas y convierte un espacio administrativo cotidiano en un punto de interpretación arqueológica.
El enclave también ha servido como punto de partida para rutas dedicadas a los misterios de la Xàbia medieval. La posibilidad de contemplar las sepulturas permite explicar de forma directa cómo se organizaba la villa, cuál era el papel de la iglesia y cómo evolucionaron las costumbres funerarias.
Bajo los pasos de quienes acuden a solicitar un mapa o información turística permanece así una parte de la población medieval de Xàbia. No se trata de una recreación ni de un relato legendario, sino de un testimonio arqueológico visible en uno de los lugares más transitados del centro histórico.












































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