Comer de manera equilibrada según occidente

29 enero, 2011Por: Guiomar

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Tiempo de lectura: 6 minutos

Joan Bosque, licenciando en Químicas y en Medicina Tradicional China, dio una charla sobre «Dietética y Nutrición» en el Centro Terapéutico Mezquida, en la que dio una serie de consejos, desde la perspectiva occidental.

A menudo afrontamos nuestros malos hábitos alimenticios desde una manera inadecuada. Así, por ejemplo, cuando tenemos una mala digestión, en vez que aprovecharla para comer menos y mejor la próxima vez, nos sentimos culpables, pero este sentimiento no ayuda.

Para Joan Bosque el objetivo de comer bien es aportar bienestar y tranquilidad emocional, y en este sentido, una de las claves está en conocer el tipo de metabolismo que uno tiene. Hay a quien le sienta muy bien comer carne, mientras a otros les va mejor las verduras. Sin embargo, más de un 50% de las personas son omnívoras.

Lo importante de esto es entender que no todo el mundo puede ser vegetariano, ni tampoco se debe comer según modas. En el fondo, lo más importante es conocerse a uno mismo, y ver que es lo que a uno le siente bien y que sienta mal, para no tener carencias, pero tampoco acumular toxinas.

 

La digestión

Para entender mejor cómo nos sientas los alimentos, es básico además entender cómo se produce la digestión. Las proteínas necesitan un medio ácido para ser digeridas, por eso cuando alcanzan el estómago, éste segrega ácido clorhídrico. Mientras que los carbohidratos son sometidos primero a una predigestión gracias a la saliva de la boca, y luego, una vez en el estómago la digestión se completa en un medio alcalino.

Por lo tanto, si comemos a la vez proteínas y carbohidratos, los jugos gástricos se neutralizan y la digestión es inadecuada. El resultado es que los carbohidratos que permanecen demasiado tiempo en el estómago se fermentan, mientras que las proteínas se pudren.

Joan Bosque recomienda sustituir la carne por proteínas ligeras, como los frutos secos y las legumbres, ya que éstas son en general más fáciles de digerir que la proteína animal, pero además, es muy importante prestar atención a qué alimentos combinamos.

 

La combinación de los alimentos

Así por ejemplo, en el desayuno o almuerzo, es típico beberse un zumo y luego comer una tostada con una mermelada ácida o tomate. Sin embargo, los carbohidratos del pan no se digieren bien en el medio ácido. Además, los ácidos inhiben la producción del ácido clorhídrico, dificultando la digestión de las proteínas. Así pues, los zumos y frutas ácidas es mejor  tomarlas entre las comidas, fuera de la digestión de los demás alimentos.

Los vegetales, sin embargo, se pueden juntar con todo, sólo hay que tener en cuenta que si están crudos, son más difíciles de digerir, pero mantienen más propiedades alimenticias. En este sentido, lo más recomendable es combinar crudos con cocinados. Por ejemplo, empezar con verduras crudas en una ensalada, que ayudarán a producir enzimas en la boca que ayudan en la digestión, para luego tomar vegetales cocinados.

En cuanto a las grasas, hay que tener cuidado porque retarda la digestión de la carne, sin embargo, va bien con vegetales y con hidratos de carbono. Pero tampoco se trata de dejar de consumir aceites, sino que, y como regla general a la hora de combinar los alimentos, lo importante es la proporción.

Según explicó Joan Bosque, no pasa nada si se echa un poquito de aceite sobre la carne, o si no se combinan idealmente los alimentos, pero hay poca cantidad de una clase. «Se puede mezclar poquito de algo con mucho de otro«, asegura Joan.

Con los azúcares, lo más importante es tener en cuenta que no se digieren en el estómago, sino en el intestino delgado. Normalmente tomamos algo dulce después de comer, sin embargo, mientras metabolizamos el resto de la comida en el estómago, el azúcar se queda esperando, sin ser digerida, y puede acabar fermentándose. Es por esto que no es buena idea tomar el postre después de la comida.

La sal, sin embargo, sí es buena, pero en su justa medida. El organismo necesita un equilibrio entre el sodio y el potasio que consume. Si tenemos demasiado sodio, entonces retendremos líquidos, mientras que el exceso de potasio es diurético.

Para Joan Bosque la leche merece una mención aparte, ya que aunque su consumo está muy extendido entre los humanos adultos, no todos tienen la enzima necesaria para digerirla. Además, es importante tener en cuenta que la leche es una proteína animal, por lo que necesita un medio ácido para ser digerida. Esto, a su vez, hace que la sangre se acidifique. El organismo, para neutralizar, hace que pase el calcio de los huesos a las sangre, con el consiguiente riesgo a la larga de descalcificación.

Otra desventaja de la leche es que produce mucosidad. Por todo esto, Bosque recomienda reducir el consumo de la leche y sus derivados, y es mejor si proviene de un animal más pequeño que una vaca, que es un animal mucho más grande que nosotros.

La leche de soja, sin embargo, no sería un buen sustituto, a pesar de sus cualidades, debido a la manera en que es procesada. La soja es una legumbre, y como tal necesita mucho tiempo de cocción para que sea digestible, sin embargo, el procesado industrial es demasiado rápido.

 

La clasificación de los alimentos

Los alimentos se pueden clasificar en cinco grandes bloques. Por un lado están las Proteínas, que son aquellos alimentos que contienen al menos un 15% de materia proteínica, como la carne, el pescado, las aves, huevos, leche y queso, que serían las proteínas concentradas. También están las proteínas ligeras, como los frutos secos, las judías, guisantes, derivados de la soja, aguacates y los cereales integrales.

En el segundo bloque tenemos los Hidratos de Carbono (o carbohidratos), que son aquellos alimentos que contienen al menos un 20% de féculas y/o azúcares. Algunos ejemplos de féculas son los cacahuetes, los plátanos, patatas, todos los productos a base de pasta, arroz, pan, tartas y pasteles, cereales refinados, etc. Mientras que los azúcares incluyen el azúcar integral, moreno y de caña en bruto, la fructosa, la miel, el jarabe de arce, frutas pasas dulces (pasas, dátiles, higos, ciruelas).

El tercer grupo sería el de las Grasas, ya sean de origen animal (mantequilla, nata, manteca, carnes grasosas, etc.) o vegetal (aceite de oliva, soja, girasol,…, frutos secos, etc.).

En el cuarto grupo tenemos a los Vegetales, como la lechuga, el apio, la col, coliflor, espinacas, brotes de soja, pepinos, espárragos, cebollas, judías verdes, pimientos, zanahorias, aceitunas, etc.

Y por último estás las Frutas, ácidas, subácidas y dulces. Entre las ácidas encontramos la naranja, el pomelo, el limón, las fresas, los arándanos, la piña y el tomate, que muchos piensan erróneamente que es una verdura. Las frutas subácidas son las manzanas, peras, melocotón, cereza, uva, albaricoque, nectarina, ciruela, etc. Luego también están las dulces, como los melones, la sandía y la papaya. No incluiríamos en este grupo los plátanos, que cuentan como fécula, ni los higos secos, dátiles, pasas y ciruelas secas, que entran dentro de la categoría de azúcares.

 

El yin y el yang de los alimentos

La tradición oriental contempla los alimentos desde un punto de vista muy diferente al nuestro, y sin embargo, llega a unas conclusiones muy similares. El Taoísmo habla del yin y el yang de los alimentos, de la dualidad entre pares de opuestos, y afirma que cuando comemos un alimento yin, nuestro cuerpo nos pide el yang, el opuesto, para compensar.

La carne es un alimento yin, y como yang tiene a los azúcares, el alcohol, y las drogas. En nuestra cultura occidental tendemos a alimentarnos de extremos. Así, si nos comemos un cochinillo, «nuestro cuerpo nos pide una copa de vino, el postre, un puro y el café para equilibrar», asegura Bosque. La comida macrobiótica, por el contrario, huye de los extremos, y se basa sobre todo en el consumo de cereales.

Según el Tao, para mantener el equilibrio entre el yin y el yang, se deben armonizar las cuatro energías (caliente, tibio, fresco y frío) con los cinco sabores (picante, salado, dulce, amargo y agrio).

Aunque no necesariamente hemos de ingerir los alimentos para que surtan su efecto sobre nosotros y nuestra energía. Por ejemplo, la sal ayuda a aumentar la energía del riñón, mientras que en exceso embota y retiene líquidos. Así pues, si la energía del riñón está baja (la toma del pulso del riñón es una parte básica del diagnóstico en la Medicina China), sería suficiente con coger sal gorda, mojarla un poco y frotarnos la zona de los riñones, así como la planta de los pies (que es por donde entra la energía del riñón).

Y para mejorar una mala digestión, Joan Bosque sugiere un mudra, un gesto con las manos, que consiste en sujetar un pulgar con todos los dedos de la otra mano.

 

Pero de todas formas, y a pesar de todos los consejos y conocimientos sobre la dietética y la nutrición, no hay nada más importante que conocerse a uno mismo, y saber qué te sienta bien y qué es lo que te sienta mal. Lo mejor es comer con sentido común, afirma Joan Bosque.

 

 

Más información: www.terapiasmezquida.com

enlace de interés: http://www.alimentacion-sana.com.ar/informaciones/novedades/cpmbinaciones.htm

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