Conociendo el centro-este de Francia

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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El francés es un idioma que me gusta. Más incluso que el inglés. ¿Y eso? Tras dos años estudiándolo en la universidad, le he cogido el gusto suficiente como para irme unos días a Francia a aprenderlo un poco más. Este verano, pues, he podido hacer lo que hasta ahora no me había atrevido: un curso de 15 días en Vichy, ofrecido por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Valencia. Ha sido un acierto tan grande que creo vale la pena que os cuente mi estancia y de paso presentaros brevemente la poco conocida zona central de Francia.

Salimos de Valencia un sábado por la noche. Por delante nos quedaban trece horas de autobús. Entre el aire acondicionado a tope, las paradas técnicas de los conductores cada dos horas y las decenas de peajes a nuestro paso por Catalunya, poco pudimos dormir. Gracias a estas interrupciones, los tripulantes pronto hicimos amistad (“faire connaissance”, que dicen los franceses).

Tras el largo viaje, a medio día del domingo llegamos a la residencia, nuestro hogar durante las dos semanas siguientes. El domingo lo dedicamos a reconocer el terreno, ver a qué sitio habíamos ido a parar y localizar los lugares clave para nuestra estancia (la zona comercial, la de ambiente nocturno o el SPAR más cercano para las compras diarias).

El curso de francés se impartía en Vichy (département de “l’Allier”, région de l’Auvergne, cuya capital es Clermont-Ferrand), en el centro de estudios CAVILAM. Éste es, sin duda, la mayor atracción de visitantes de Vichy a día de hoy. El punto de encuentro de centenares de estudiantes de todas las edades, y especialmente de todas las nacionalidades, que acuden aquí para el aprendizaje de la lengua francesa. De manera que, en una misma clase, estábamos españoles, griegos, alemanes, mexicanos, argentinos, japoneses, italianos, saudíes, brasileños y chinos, sobre todo chinos. Éstos son los que más llaman la atención (los alegres brasileños también, pero es distinto), pues sólo viéndoles y conociéndoles un poco se explica lo que se dice de que China acabará siendo una gran potencia; su gran facilidad para los idiomas (los hay que han aprendido en meses más francés que algunos como yo en dos años) y el pequeño diccionario electrónico que siempre les acompaña, dejaron boquiabierto a más de uno.

El centro CAVILAM organiza un programa cultural semanal con todo tipo de actividades, excursiones, degustaciones, visitas, talleres, etc. El primer día decidí unirme a la visita guiada por la ciudad, ya que mi inquietud no puede evitar querer saber cosas sobre el sitio en el que estoy. Nos contaron que Vichy es famosa porque durante la II Guerra Mundial, por un breve periodo de tiempo, fue la capital de Francia, pero sobre todo es también conocida por sus aguas termales y por las llamadas “pastilles de Vichy”, una especie de caramelos blancos de intenso sabor, que por ahora han gustado a todo el que se los he dado a probar.

Vichy fue además, gracias al atractivo de sus aguas termales, una ciudad muy mimada por dos Napoleones, I y III. Éste último la eligió como su lugar de descanso estival durante casi 5 años (todavía hoy se conserva su casa), impulsó la expansión de la ciudad y la creación de edificios de gran belleza con un estilo “muy francés”, entre los que destacan: el “Hôtel de Ville” o ayuntamiento; la iglesia de Saint-Louis, con interesantes pinturas murales en el presbiterio; el jardín Napoleón III, circundado por un hermoso porche modernista; y sobre todo el Palacio de Congresos (antes casino) y la elegante Ópera, una de las imágenes más típicas de la ciudad.

Son también muy agradables los jardines “à l’anglaise” de l’Allier, junto al río de mismo nombre. Con extensos espacios de césped y grandes árboles que aportan sombra, es el lugar perfecto para tumbarse y descansar, cosa que no dudamos en hacer el primer día, ante el intenso calor que nos acompañó durante toda nuestra estancia en Vichy, a causa de la “canicule”, la ola de calor que azotó el centro de Francia durante la segunda quincena de julio.

En cuanto a la famosa agua de Vichy…, decepción: la del grifo muy buena, pero la de las fuentes provocó una reacción general de “¡puaj, sabe a hierro… y encima con gas!”.

El único fin de semana completo de nuestra estancia, lo aprovechamos para realizar la excursión organizada a la capital de la región, Clermont-Ferrand, a 55km de Vichy. Esta ciudad, formada gracias a la progresiva unión de los núcleos de Clermont (villa episcopal en la Edad Media) y Montferrand (villa condal), se emplaza en un valle volcánico. En nuestra visita (concretamente al núcleo de Clermont), nos llamó la atención la gran cantidad de fuentes públicas dispersas por el centro histórico, y de las cuales manaba un agua muy fresca, a pesar de los más de 30 grados a los que estábamos expuestos.

Un centro histórico muy cuidado y en el que destacan dos grandes templos: por un lado la iglesia de Notre-Dame du Port, de grandes proporciones y del más puro estilo románico (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO); y por otro, la gran Catedral de Notre-Dame de l’Assomption, impresionante mole gótica construida enteramente en piedra volcánica, negra, lo que la hace distinta del resto de catedrales de este estilo que tenemos en mente cuando pensamos en Francia. Es una ciudad para visitar, a pesar de ser poco conocida.

Al día siguiente, cogimos el tren (un cómodo tren “regional” que dejaba mucho que desear a los convoys españoles) para hacer una visita ultra-rápida a la gran Lyon, cambiando así de département y de región. Al llegar a la ciudad, como estudiante de turismo, insistí en buscar la oficina de turismo para saber lo esencial a visitar: chasco, la oficina de turismo cerraba los domingos, cosa incomprensible pero habitual también en otros lugares. Finalmente, en un hotel nos informaron de que lo más interesante era la Catedral de Saint-Jean (gótica pero sin las altas agujas típicas del gótico francés) y la colina Fourvière.

Efectivamente, esta colina (a la que se puede subir desde la ciudad mediante un cómodo funicular integrado en la red de metro) es una zona de Lyon que vale la pena visitar por sus múltiples y dispares atractivos: por un lado, la Basílica de Notre-Dame de Fourvière, templo del siglo XIX de gran belleza en su interior por su estilo con aires bizantinos, decoración muy colorista, vidrieras y azulejos; por otro lado, la zona arqueológica de Lugdunum (Lyon romano), con dos teatros romanos (sí, dos), vecinos y de tamaño muy distinto por la utilización del menor para espectáculos de música y lectura; finalmente, junto a la basílica encontramos un extenso balcón-mirador, que nos permite contemplar la inmensidad de la ciudad de Lyon.

Lyon y Marseille, según pude saber, se hacen la competencia en términos de población: Marseille es la segunda ciudad de Francia (800.000 hb.), pero la aglomeración o área metropolitana de Lyon (1.400.000) supera a la costera ciudad.

Por la tarde, tras la fugaz visita a Lyon (por donde nos desplazamos en su rápido y moderno metro, algunas líneas del cual son automáticas, sin conductor), volvimos a hacer el viaje de dos horas y media de vuelta a la tranquila Vichy. Allí pasamos la semana siguiente sin más ocupación que las clases y los deberes (que ya es bastante), alternando alguna actividad más, como una carrera de remo (aviron) en el río Allier o visitas guiadas a la iglesia de Saint-Louis o al edificio de la Ópera.

Vichy no es una ciudad de grandes monumentos o maravillosos paisajes, pero sí es una ciudad muy habitable, agradable y tranquila, con sus rincones, jardines y edificios con encanto (algunas casas, con su estilo tan francés, parecían de cuento). Además, la estancia en CAVILAM y las amistades hechas allí (de toda nacionalidad, como ya he explicado antes), me harán tener siempre un buen recuerdo de la ciudad termal.

Los dos últimos días de nuestra estancia, el cielo francés descargó lo que no había descargado en más de diez días; alguien dijo que Vichy lloraba porque nos íbamos. Y lo hacía de la manera que mejor sabe: con agua.

por Marcos Buigues Metola

www.cavilam.fr
www.ville-vichy.fr

 

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