Crispación Social

Por: Guiomar

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Los comentaristas políticos llaman “crispación” al insulto y a la falta de respeto elemental en las relaciones entre políticos. Falta de respeto e insulto son expresión de intolerancia.

Parece que las sociedades necesitan de conceptos que tengan valor de verdades absolutas. En nuestra propia historia: Dios, Fe, infiel, hereje, Corona. Recuerdo la abundancia de “slogans” que salpicaban los discursos de los políticos del régimen de Franco, plagados de términos como “reservas espirituales”, “acrisolada lealtades”, al jefe, por supuesto.

El golpe de estado es una cruzada y sus enemigos “confabulación judaico-masónica”, para acabar con un “por el Imperio hacia Dios”, que en la miseria de los años cuarenta tenía resonancias patéticas.

En una cultura como la española, mas dada al dogma y a las verdades absolutas que al pensamiento liberal, racionalista, hemos transformado conceptos democráticos, importados de países de larga tradición democrática -EEUU, Gran Bretaña, Francia, países nórdicos- que lanzamos contra grupos políticos que no comparten nuestros objetivos, aún cuando estén dentro de la más correcta ortodoxia política. Al igual que en otros tiempos se lanzaban acusaciones de hereje o de árabe o judío falsamente converso, ahora son las acusaciones de autoritarismo.

En la anterior legislatura abundaron las acusaciones contra el gobierno de Aznar, acusado de no democrático por gobernar autoritariamente, no escuchar a la calle, etc., olvidando que en democracia, si en el parlamento la mayoría absoluta de los parlamentarios aprueban las decisiones del gobierno, éstas son perfectamente democráticas. Olvidando que la Constitución exige la aprobación del parlamento exclusivamente.

Los valores culturales son más fuertes que las características psicológicas del individuo o de los sistemas políticos que se hayan adoptado en un momento histórico determinado. Los sistemas políticos pueden cambiar, pero al adaptarlos se impregnan del “talante” cultural que la historia ha ido forjando en el curso de los siglos. Al igual que el sistema nacional-socialista ha sido interpretado de modo distinto en la cultura teutónica y en la cultura latina, los sistemas democráticos tendrán también distinta interpretación en las diversas culturas que lo apliquen.

La democracia es más liberal y tolerante en los Estados que proceden de las repúblicas comerciantes, de las ciudades libres del norte de Europa, que en países de tradición católica que dieron luz a sistemas absolutos que reclamaron un origen divino. En nuestra tradición cultural predominan valores como “señorío”, “abolengo”, “firmeza en la fe”. La tolerancia es para nosotros debilidad, falta de convicción y no es cualidad que adornara al “místico”, al “guerrero”, al “castellano viejo”, cuya pureza de sangre es garantía de nobleza, y que se repite hoy con los “ocho apellidos vascos”. La “Gracia” es más importante que el trabajo, y hoy millones de españoles esperan la “Gracia” en la forma de un premio de la lotería, del cupón, cuponazo o quiniela.

El paso a un régimen democrático y la universalidad de los medios de comunicación, superpuestos a los cimientos de la vieja cultura dogmática del cristiano viejo, han producido nuevos conceptos que hemos asimilado como si fueran los nuevos dogmas, manteniendo el rechazo a todo atisbo racionalista-liberal.

Hoy los periodistas, nuevos directores de conciencia, sacerdotes autoproclamados de lo que ellos interpretan como una nueva religión, sin formación adecuada, usurpando funciones que corresponde al poder ejecutivo, al legislativo y al judicial, declaran “herejes” a los que según ellos violan los “nuevos dogmas”. Olvidan que los principios democráticos no tienen origen divino y son producto de un razonamiento basado en la justicia, que proceden del hombre y no de la revelación de un Ser Superior de origen divino como es el dogma de la “Inmaculada Concepción”.

Asisto perplejo a discursos de políticos pidiendo al electorado que vote “con el corazón”, prueba del recelo contra el racionalismo cartesiano, tan peligroso para la fe. Echo de menos en los discursos de políticos y comentarios de prensa referencias a la tolerancia, al respeto ajeno y a actitudes y posiciones liberales.

Los adictos a uno u otro partido respetan los resultados electorales, con entusiasmo cuando coinciden con su postura política, pero en caso contrario consideran que son la consecuencia de la ignorancia o de la estupidez de los votantes.

La democracia es ante todo tolerancia y equilibrio. “Balanza de poderes” entre instituciones del Estado y fuerzas políticas.

Vicente Ramírez-Montesinos

 

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