Crónica de un reto. La Trasnvalls al limit

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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En tan solo dos días se acabaron las 150 inscripciones. Empujados por Juan Roberto Gámez, 6 miembros de Club Gurugú Xàbia nos inscribimos en esta «Quedada Btt Ultramaratón» llamada «Transvalls al límit 2013«, 106 kilómetros por montaña rota y con casi 4000 metros de ascenso. Y comenzamos el entrenamiento para conseguirlo.

Por fin, se acercaba la fecha, y el día de antes tuvimos el «breafing» en el Hotel Oliva Playa, donde nos dieron las instrucciones a seguir. Pensábamos que suspenderían la prueba, creo que me hubiera alegrado, en la zona habían caído unos 280 l/m2. Aunque el pronóstico era de lluvia, deciden seguir adelante, aumentan la logística poniendo una furgoneta para que llevemos mudas y cambiarnos en los avituallamientos. 

Salimos de la reunión cerca de las 22.00h, en casa entre preparativos y demás, me voy a dormir sobre las 00.00h, estoy nervioso, me tengo que levantar a las 05.00h y no duermo bien, me despierto varias veces. No llega ni a sonar el despertador, me levanto y dos tostadas con zumo. Nos vemos en Gunitec Marcos Gisbert, Juan Roberto Gámez, Moisés López y yo, Juanvi Mata, y cargamos bicis, en marcha, dirección a Oliva.

A las 06.30h llegamos al Hotel Oliva Playa, esta lloviznando. Tal y como llegamos vemos a varios participantes que se marchan, nosotros seguimos adelante, aunque con dudas.
07.10h Empieza la marcha, aún no hemos salido de Oliva y ya tengo los pantalones y zapatillas mojadas, empiezo a desear que suspendan la prueba. Somos cerca de 110 participantes de los 150 inscritos.

LLevamos unos 20km dirección a Castell de Castells, deja de llover y empieza a aclarar el día. Kilometro 34,5, paramos en el primer avituallamiento en «Pla de Petracos«. Me cambio los calcetines y meto los pies en bolsas para no tenerlos mojados al ponerme las zapatillas; llevo otras pero prefiero reservarlas para adelante. Como un sandwich y medio plátano, orejones y dátiles, recargo agua.

Empieza una dura ascensión al «Alt del Caic«, interminables subidas de piedra suelta. Aunque pongo el pie en alguna ocasión y camino un pequeño tramo inviable, el resto intento hacerlo arriba de la bici, dándolo todo, al igual que mis compañeros de «Gurugú Xàbia«. Estoy orgulloso de pertenecer a este club. 

Llegamos arriba, uno de nosotros se retira. Lleva enfermo un par de semanas y aún así lo ha intentado, ¡con un par! Arriba, estamos a la altura de las nubes y todo es una niebla húmeda y densa. Se retiran muchos otros participantes y se van dirección al avituallamiento 2. La bici se va llenando de barro, el cambio falla, la cadena se bloquea, veo a participantes parados reparando sus monturas como pueden. Pedalear correctamente es imposible.
Serán alrededor de las 12.45h, llevamos unos 56 kilómetros y llegamos a la comida a «Castells de Castells«. Bocadillo de jamón serrano que sabe a gloria y un refresco. Con el agua de los botelleros limpiamos el barro de las mountain bikes. Luego nos abastecemos de productos. 
Decido no cambiarme y me equivoco, ya que baja la temperatura y empieza a llover. Tengo frío. Nada más empezar a pedalear saliendo del avituallamiento 2, pasamos un río, el frío aumenta, los que se han cambiado los calcetines maldicen. Comienza una subida muy dura de hormigón y se me va el frío; tenía ganas de entrar en calor y no hay nada mejor que un buen «rompe piernas»… ¡No hay mal que por bien no venga! Aunque estamos sufriendo, en todo momento hay un buen rollo general. 

Llegados a este punto, todo el mundo habla de lo que se acerca, el tramo más duro, un puerto de piedra rota caliza blanca que popularmente se llama «la blanca», ¡donde solo las cabras y los cabras como nosotros la suben! Empieza el ascenso a esta peculiar montaña. Se hace durísimo pero lucho y rabio encima de la bici. La mayoría van a pie y veo cómo mis compañeros y un servidor seguimos subiendo, dejándonos los riñones pero sin parar de pedalear. Empezamos a descender por el otro lado de la montaña, nos cruzamos con unas cabras que están pastando en lo alto. Casi existe complicidad.

Bajando llegamos a una zona de ripio muy suelto donde el control de la bici es muy difícil, casi imposible. Cuando llegamos abajo, quedamos unos 60 participantes, sabemos que ya hemos hecho lo difícil, ahora solo queda aguantar.

Entre subidas y bajadas, barranqueras y barrizales llegamos al avituallamiento 3 en el pueblo de Alcalá de la Jovada, estaremos cerca del kilómetro 78. Comemos un poco y me cambio de calcetines y zapatos. Me siento a gusto y calentito, hay un bar, ¡qué bien sienta el café!
A los 4 kilómetros de salir, pasamos un río, se derrumban mis expectativas de seguir seco. ¡Cómo baja el agua! El peligro nos lleva acechando toda la marcha.

Ha dejado de lloviznar, empezamos a parar muchas veces para reagruparnos, demasiadas, ya que hace que nos enfriemos y cueste más pedalear. Aún así, nos sentimos fuertes. Moisés, Juanro y yo hemos mantenido la regla de oro de alimentarnos bien pausadamente, no parar de comer un trozo de barrita energética, de plátano, unos frutos secos e hidratarnos bien… A parte, veníamos con los deberes hechos y nos sentimos orgullosos de nuestra fuerza… ¡Siempre Fuertes! Como nos llevábamos diciendo en tramos de la ruta para darnos ánimos mutuamente.

Estamos por el kilómetro 92 y ya no queda nada, subimos unos repechos de asfalto, pasamos por una trialera dirección a Oliva, nos reagrupamos y nos dirigimos hacia el hotel. Juanro, Moi y yo entramos cogidos, pedaleando mientras la gente nos felicita, ¡es emocionante! Aún lo es más cuando veo a mi mujer y mis hijas esperándome en meta y animándome… Cuesta no emocionarse… Me siento feliz y orgulloso. ¡Quedamos unos 50 supervivientes!

¡Han sido 106 kilómetros con unos 4000 metros de ascenso por montaña rota y barrosa! 12 horas de marcha, ¡de las cuales 8 encima de la mountain bike!

Entramos en la zona reservada y nos hacemos unas fotos, limpiamos las bicis de barro con una manguera, ¡están realmente sucias! Nos cambiamos y nos comemos unos platos de pasta que ha preparado la organización; ellos lo llaman la «Pastaparty«. Les doy la enhorabuena a la organización, lo han hecho muy bien.

Hay muy buen rollo, hemos hecho buenas amistades…cierto es que… ¡Sufriendo es donde la humanidad entra en su máximo esplendor!

Ahora sí, entre risas y saludos despido esta emocionante aventura.
De camino al coche me pregunto: ¿Cuál será la siguiente?

 

Juanvi Mata

 

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