El Estado Soberano en la Unión Europea

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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Pudiera existir cierta confusión en aquellos que, al analizar la situación geopolítica, re refieren a la “legalidad internacional”. Personalidades políticas importantes declaran que la guerra de Irak es “ilegal” según el Derecho Internacional.
Confunden el derecho interno de un Estado soberano con el Derecho Internacional. El Derecho Internacional parte del principio básico de la soberanía de los Estados y de la ficción de que todos los Estados soberanos son iguales.

Para elegir al Secretario General de un organismo internacional (ONU, FAO, OMS, etc.), tanto vale el voto de China, como el de Malta. En virtud del principio de la soberanía de los Estados, no existe sobre ella ninguna “soberanía” superior que pudiera imponer su autoridad. No existe más limitación de la soberanía que la que los propios estados pudieran acordar en función del principio “Pacta sunt servanda” (los acuerdos se cumplen). Pero no existe ninguna sanción superior por incumplir un tratado, salvo el ostracismo internacional.

Todo Estado en virtud de su soberanía puede firmar tratados y puede denunciarlos. El Derecho Internacional regula en convenciones firmadas y ratificadas por Estados soberanos el derecho a la guerra, que sería como si en el derecho interno de los Estados se regulara el Derecho a “matar” –permitiéndolo en determinadas situaciones. No existe en el orden internacional un poder soberano capaz de imponer y hacer respetar la Ley. No existe un poder supra-estatal legislativo o judicial. La Organización de Naciones Unidas (1) está formada por Estados soberanos que voluntariamente se han adherido a esta organización, y que pueden salirse de la misma.
¡La Confederación Helvética sólo pertenece a la ONU desde hace un par de años!

En función de su capacidad para pactar, los 25 Estados europeos han firmado tratados internacionales para adherirse a la Unión. A lo largo de los años, desde la “Comunidad del Acero y del Carbón”, han efectuado concesiones, y por lo tanto, cesiones de soberanía en cuestiones de aranceles, fronteras, acuerdos comerciales con terceros países, y la más importante de todas, el privilegio histórico del soberano de “acuñar moneda”, al aceptar algunos de ellos el Euro como moneda nacional común.

Aún mantienen las facultades soberanas de legislar en materia civil y penal, de mantener el orden interior con fuerzas de policía y un sistema judicial propio. Mantienen ejércitos independientes y el control de su política exterior y de su defensa. Nada impide que cualquier estado soberano denuncie los acuerdos firmados y se “salga” de la Unión Europea. Nada lo impide jurídicamente, pues de Estados soberanos se trata, salvo las graves consecuencias económicas y políticas.

La Unión Europea aspira a ser un Estado soberano que ejercerá el control de su política exterior y de su defensa con un ejército europeo, cuando los Estados soberanos miembros renuncien a su soberanía. Lo que ha de ocurrir algún día, aún lejano.
Entonces, habría que entender que la pérdida de la soberanía del Estado implica su desaparición. Al desaparecer el Estado soberano, la entidad local será la región: la “Europa de las regiones” –término acuñado por el General de Gaulle en los años 60.

El tratado que los españoles han aprobado en el último referéndum, en su artículo 386, prevé un “Comité de las regiones”, que no excederá de 330 miembros, y será “consultado” por el Parlamento, entre otros, en temas de “cooperación transfronteriza”, y que podría ser el embrión de la Europa de las regiones. 450 millones de europeos deberán elegir 750 parlamentarios, lo que podría implicar formar circunscripciones de 500.000 habitantes. Supone entre 3 y 10 circunscripciones por región.
En cuanto a España, las autonomías serían las instituciones que se integrarían en el nuevo Estado Europeo soberano. El concepto de España será un concepto cultural (como lo era Europa), pero no político. Europa será la nueva patria.

(1) La Organización de las Naciones Unidas fue creada en 1945 por iniciativa de los Estados Unidos para formar una organización de países democráticos que pudiera evitar en el futuro el nacimiento de estados totalitarios. Fue fundada por los vencedores de la II Guerra Mundial, que optaron por que las sanciones contra los Estados que incumplieran las normas de la carta sólo pudieran ser por decisiones –“Resoluciones”- adoptadas por el Consejo de Seguridad, con el voto de las cinco potencias victoriosas: EEUU, Gran Bretaña, Rusia, China y extrañamente Francia, que había sido derrotada por el régimen Nazi alemán, pero que participó –gracias a de Gaulle- con pleno derecho en la victoria final.

Vicente Ramírez-Montesinos

 

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