El Foro Jávea de Vecindad aborda la situación socioeconómica de los países árabes que originaron las revueltas

19 julio, 2011Por: Guiomar

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El experto en economía de Oriente Medio, Javier Albarracín, habló en el Foro Jávea de Vecindad sobre el agotamiento del modelo de desarrollo económico y del contrato social entre los regímenes y sus sociedades en los diferentes países mediterráneos, ante una Casa de Cultura llena de público.

Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad Autónoma de Barcelona, y Máster en Relaciones Internacionales, Albarracín planteó asimismo la necesidad de implementar importantes reformas en los gobiernos de los países de la ribera sur del Meditarráneo.

En la presentación de la conferencia, uno de los patronos del Foro Jávea de Vecindad, José Luis Boronat, destacó la importancia de conocer estos factores económicos y resolverlos para que pueda existir una unión entre los países del Mediterráneo, poniendo como ejemplo la creación en base a interese comerciales de la Unión Europea.

 

Cuatro identidades en un siglo

En primer lugar, Javier Albarracín destacó la complejidad de la zona mediterránea, donde muchos países han vivido tres imperios distintos en el último siglo, primero el otomano, luego como protectorado de Gran Bretaña, Italia o Francia, para finalmente pasar a ser divididos por unas fronteras colocadas de manera «aleatoria» por las fuerzas imperiales europeas, y gobernados por regímenes dictatoriales, a partir de la década de los DBC##150.

Así pues, los ciudadanos de esta zona han tenido que reinventar su identidad varias veces en los últimos cien años, sufrir la ruptura de familias divididas por esas líneas fronterizas, adaptarse a cambios sociales importantes, adoptando una nueva cultura y una nueva realidad nacional. «Y ahora llega la cuarta, la globalización tecnológica, económica, financiera, y esa entidad incipiente queda arrasada por la nueva», aclara Albarracín.

Albarracín tampoco está de acuerdo con simplificar la complejidad de estos países hablando del «mundo árabe«, y explica que se trata de una población muy heterogénea, donde se mezclan diversas religiones y tribus diferentes, que son gobernados por minorías que no representan a todos los ciudadanos. Por ejemplo, el 10% de la población egipcia es cristiana copta, Siria es un puzle gobernado a la fuerza por una minoría (10% de la población) alauita, mientras que el Líbano tiene reconocidas en su Constitución hasta 18 confesiones diferentes.

Estos países además tienen una especial importancia económica para Europa, y especialmente para España. Entre ellos destacan dos, Turquía e Israel, por estar entre los diez partners económicos más importantes de nuestro país.

Así, por ejemplo, Turquía es uno de los mayores proveedores de gas a España, además de ser la 16ª economía mundial, con un ritmo de crecimiento en el primer trimestre del año superior incluso al de China. Mientras, Israel, un país de sólo 7 millones de habitantes, tiene más empresas en la bolsa tecnológica del Nasdaq que toda la UE junta.

 

Países ricos pero sólo para unos pocos

En pocos meses han caído regímenes que llevaban gobernando 30-40 años. Pero «si nos atenemos a los datos macroeconómicos, no se justifica la rebelión, porque [estos países] han estado creciendo entre el 4 y el 6 por cien cada año, y cuentan con unas tasas de alfabetización dignas».

«Pero como siempre, la macro hay que bajarla a la micro», señala Albarracín, quien revela que sólo el 5% de la población se beneficia del desarrollo económico, debido a la especulación y al trato de favor, mientras que el resto del país sigue en condiciones de pobreza. A esto hay que sumar la falta de oportunidades para la cantidad de gente muy preparada que está saliendo de las universidades.

De hecho, el suceso que prendió la mecha de las revueltas en Túnez fue protagonizado por un joven licenciado que no podía encontrar trabajo en su especialidad, al no tener «enchufes», por lo que se compró un carrito para ganarse la vida como vendedor ambulante. Entonces la policía le pidió un soborno, y al negarse a pagar el tributo, los agentes le tiraron y patearon el carrito. El joven se marchó a la delegación de gobierno de su región para registrar una reclamación, sin embargo, ignoraron por completo su petición, tratándolo con desprecio. Ante semejante humillación, el joven decidió no luchar y se prendió fuego a lo Bonzo.

Este evento fue la gota que colmó el vaso de la una población joven, muy preparada, pero que no tienen ninguna opción de progresar en la vida si no pertenece a las élites.

 

Una población cada vez más difícil que alimentar

Otra característica de estos países es que crecen mucho demográficamente. Turquía ha sufrido un incremento en su población de 1,5 millones de habitantes en el último año, mientras que Egipto tiene 1,7 millones más de personas a las que alimentar en ese período. «Un reto de gestión demográfica brutal«, añade Albarracín, quien destaca el caso egipcio, que sólo cuenta con un 5% de suelo habitable, lo que supone una presión espectacular sobre sus recursos, a diferencia de Turquía, que tiene todo su territorio habitable.

Argelia, Egipto y Túnez se encuentran entre los mayores importadores de trigo del mundo, por encima incluso de la India. Además, este año este producto básico ha subido un 91%. El estado generalmente subvenciona una parte importante de este alimento, pero debido al incremento en precio, la deuda se vuelve inasumible.

Esto, por si solo, «ya justifica las revueltas», especifica el experto, «por no hablar del digno acceso al agua«. Pero a ello hay que añadir otros factores, como que el 70% de la población tiene menos de 30 años, «con unas expectativas de futuro muy distantes de las élites y su gestión», mientras que los líderes, superan los 70 años de edad y son totalmente ajenos al mundo de la globalización.

 

Los gobiernos aplican reformas insuficientes

La población, desesperada y globalizada, ha perdido el miedo a sus gobernantes, y a la tortura y la muerte que facilitaba que estos gobernaran con mano firme. El modelo de los regímenes autoritarios y su forma represiva de gobernar se han agotado. Los ciudadanos demandan ahora cambio reales, pero estos aún no llegan.

Las élites insisten en aferrarse al poder y hacen lo que pueden para mantener su estatus quo, y a la vez agradar a una población que se rebela pacíficamente contra ellos.

Marruecos ha decidido reformar su Constitución. Kuwait ofrece alimento gratis a su población durante un mes. Libia anuncia aumentos del 50% en los sueldos de los funcionarios. Pero no aparecen las reformas reales que permitan el desarrollo socioeconómico de la población. «En Egipto, el 20% de la sociedad vive con menos de 2 dólares al día, el siguiente 20% vive con más o menos esa cantidad diaria; y más que irán formando esa bolsa de gente», avisa Albarracín. Las pocas reformas que llegan lo hacen tarde y mal.

 

Y mientras los países siguen ingobernables

Ahora la población está a la defensiva. La gente ya no se cree nada de lo que dicen los políticos y salen a la calle pidiendo más cambios. «Ahora la calle es la que está haciendo política, y ni siquiera los militares se pueden plantar», asegura Albarracín, quien sin embargo, aclara que «la calle se tiene que dotar de modelos de representación nuevos, porque la calle por la calle lleva a un país ingobernable». De hecho, las pérdidas económicas de estos meses han sido importantes. Así por ejemplo, Egipto tiene ahora un crecimiento del -7%.

El experto no está de acuerdo con la denominación de «primavera árabe«, y vaticina que aún quedan años hasta que estos países consigan las reformas democráticas y sociales que necesitan. Albarracín también aclara que las revueltas son independientes, y no existe un efecto dominó, sino que cada país encuentra que «ahora es el momento», aunque por sus propios motivos, cuando ve lo que pasa en el de al lado.

Es más, advierte Albarracín, «lo que en estos momentos estamos viendo son [sólo] revueltas, pero la verdadera revolución vendrá cuando cambien los gobiernos», cuando estos sean capaces de generar trabajo y mejorar su sociedad.

Europa, y en especial España, no puede desentenderse de la situación actual de estos países, pero a la vez, estos están hipersensibilizados hacia el intervencionismo. Sin embargo, lo que pasa en la ribera sur del Mediterráneo nos afecta directamente a nosotros. Además, es el mercado al que nuestras empresas deben salir.

 

 

Estos desafíos se abordarán en el Foro Jávea de Vecindad en octubre, en un encuentro en el que se tratarán los retos económicos y políticos de la zona Euromediterránea.

 

 

 

 

 

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