El HCB ofrece algunos consejos para enfrentarse a los catarros de los niños

25 septiembre, 2013Por: Carlos López

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Los mocos, la tos y la fiebre son tratados injustamente como enemigos, cuando en realidad son los mejores aliados de nuestros hijos para combatir las agresiones de patógenos a las que se enfrentan a diario. Por este motivo, desde la Unidad de Pediatría del Hospital Clínica de Benidorm, ofrecieron una serie de consejos para enfrentarse a ellos. 

Los catarros vuelven a aparecer tras el verano, su origen está en los más de 200 tipos de virus que normalmente entran por la boca, la nariz o la fina mucosa que recubre los ojos. En el caso de los niños pequeños, es más facil señalaron desde el Hospital, el contagio al compartir objetos y juguetes, que chupan o por el contacto directo con las manos y la cara. 

«Con los catarros llegan, además de los mocos, la tos y en muchas ocasiones la fiebre. Estos síntomas son tratados injustamente como enemigos, cuando en realidad son los mejores aliados de nuestros hijos para combatir las agresiones a las que se enfrentan a diario. No luchemos contra ellos si su causa es un simple catarro y ante cualquier duda, consultad siempre a vuestro pediatra para que os aclare el origen de estos síntomas y si deben ser tratados específicamente.», ha explicado la Dra. Ana de la Vega, pediatra en la Unidad de Pediatría Especializada de Hospital Clínica Benidorm.

 

Recomendaciones

Según la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP) cuando hay fiebre, ésta no suele durar más de 3 ó 4 días y los síntomas nasales y de garganta ceden en una semana. La tos en cambio puede persistir hasta dos o tres semanas. En este tiempo el moco nasal también cambia: inicialmente, es como «agüilla» que cae por la nariz; pronto se va espesando, pasando a ser mocos blanquecinos; y luego se vuelven amarillos e incluso verdosos. De esta forma persisten unos días, aunque esto no es signo de complicación ni de que haga falta tomar ningún antibiótico.

La Dra. de la Vega recomienda que «ante el cuadro habitual de catarro y mocos, podemos limitarnos a aliviar el malestar del niño con lavados suaves de fosas nasales con soluciones salinas, elevar la cabecera de la cama o cuna y ofrecerles líquidos con frecuencia».

Hoy por hoy no hay una vacuna eficaz para el catarro, por ello el objetivo de las recomendaciones médicas es aliviar los síntomas y prevenir, en lo posible, que haya complicaciones. Los padres deben vigilar éstas. Si la fiebre dura más de 3 días, hay dolor de oídos, dificultad para respirar o decaimiento, deben acudir al pediatra.

 

Los niños se acatarran una media de 5 ó 6 veces al año

En los primeros años de escolarización o de asistencia a guardería, sobre todo entre los 6 meses y los 2 ó 3 años, es cuando se observa la máxima frecuencia. Esta situación de mayor susceptibilidad es transitoria.

«Al cabo de un par de malos años el número de catarros anuales baja. Es como si se tuviera que pasar forzosamente por esta etapa de catarros en los primeros años de la vida. Está comprobado que los niños que han ido antes a guardería, cuando luego llegan al colegio, faltan menos a clase por enfermedad que sus compañeros más DBC##1novatosDBC##1 en el mundo de los resfriados», ha señalado la Dra. Ana de la Vega.

 

 

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