El Mairin Tara

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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Florian, un chico alto, rubio, ingeniero mecánico, alemán, en sus treinta, no parece el tipo de persona que elija la inseguridad de una vida errática, del vagabundeo, y sacrifique la comodidad de una vida con horarios fijos y un sueldo a final de mes. Sin embargo, su pasión por el mar ha podido más. Así, en 1999 mientras estaba en destino de trabajo en Honduras, se vio fascinado por las pequeñas embarcaciones que los locales tienen para surcar el río, esculpidas del tronco de un gran caoba.

Florian se construyó un kayuko, el Mairin Tara, pero de mar, con más quilla, y cuando acabó su trabajo en Honduras, zarpó con su pequeña embarcación hasta Florida, recorriendo casi toda la costa americana del Golfo de México.
Cuando la aventura finalizó, volvió a Alemania –su querido barco lo hizo en un container-, y busco trabajo. Allí navegaba sobre el río, algo “un poco aburrido”, mientras ahorraba dinero y soñaba con otro gran viaje.
Unos años después, Florian había ahorrado lo suficiente, terminó su trabajo, y se embarcó una nueva aventura. Le hacía ilusión el Mar Negro, pero finalmente optó por el Mediterráneo occidental –el nuestro-, más familiar, y salpicado de gente conocida.

Zarpó de Génova con rumbo a Cerdeña. Luego atravesó las casi 300 millas que separan la isla italiana de las Baleares. De isla en isla hasta cruzar el canal de Ibiza y alcanzar la península. A Xàbia llegó el 21 de septiembre, tras una travesía incómoda por el Llebeig, con olas trasversales y mojándose todo el camino. No lo pasó bien. Al día siguiente zarpó hacia Alicante, siempre por la costa, con destino final Cadiz, donde le espera un amigo y un merecido descanso para él y su kayuko.

 

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