El museo Sorolla de Madrid expone más de 250 pequeñas obras donde se muestra al pintor más íntimo y profundo

27 febrero, 2019Por: Alvaro Monfort

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Hace 156 años, un 27 de febrero de 1863, nació el ilustre pintor valenciano Joaquín Sorolla. Por todos es sabido la admiración que el artista sintió por la bahía, la luz y la paleta de colores que regala el Mediterráneo al bañar la costa xabiera tal y como plasmó en algunos de sus cuadros y trasladó a su mujer Clotilde en las famosas cartas que le escribió vislumbrando sus anhelos, inquietudes y descubrimientos personales.

Qué bella casualidad, que la casa-museo dedicada al pintor, en Madrid, acoja, por primera vez en España, una amplia muestra dedicada en exclusiva a su trabajo más íntimo. Hasta el 29 de septiembre se exponen algunos de los casi 2.000 óleos pequeños que Sorolla realizó a lo largo de su vida artística.

Trazos rápidos, sin ninguna pretensión expositiva o económica, fruto de las ganas del pintor de plasmar y captar la belleza de un instante, unas rápidas luces al atardecer o un fugaz y profundo pensamiento íntimo que subyacía en su cotidianidad. Durante años, estas pequeñas obras tapaban las paredes de su estudio, sin enmarcar, colgadas como quien coloca un póster o dibujo de especial cariño con celo o chinchetas. Pronto se percató del auténtico valor personal que se ocultaba entre el tejido del lienzo, los nervios de la tabla, la pintura y cada brochazo rápido; y decidió comenzar a enmarcarlas.

Y es, a partir de estas pinturas de menor tamaño, cuando Sorolla comienza a gestar sus composiciones más ambiciosas. Hasta el punto que, con el tiempo, las obras de gran formato y belleza caminarán por un sendero y, éstas, las pequeñas, cobrarán independencia para testimoniar la faceta experimental y más personal del artista. De ahí radica su importancia.

En total, la muestra acoge 277 obras, 44 de ellas inéditas que verán la luz por primera vez en un museo y que pertenecen a colecciones particulares. Y entre esta amplia colección, varias portan el nombre de Xàbia (Jávea) en su título como parte del pasado histórico y paisajístico del municipio que tanto encandiló al pintor.

Obras como Viejo riu-rao de Jávea (pintado en 1900) de casi 30 cm de largo, Mar de Jávea (1905) mostrando una perspectiva única del Cabo de San Antonio desde cerca del Tangó y Concha en Jávea (1900) que retrata a una dama de la época a orillas del mar. Además de estas que se especifica en el título que fueron concebidas en Xàbia, otras se atribuyen también a la época que el pintor pasó en el municipio.

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