El patriotismo constitucional

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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El que fuera Embajador de Israel en España, Ben Ami, preguntado sobre el proceso de modificación del Estatuto Catalán, dijo que frente al concepto tradicional de un patriotismo étnico-cultural, basado en la historia, la religión y la lengua, España está llevando a cabo un proceso interesante aunque inquietante de sustitución del patriotismo tradicional por un “patriotismo constitucional”.
La Unión europea por su esencia debiera de estar destinada a hacer suya este nuevo concepto de “patriotismo constitucional” europeo.

Esta atractiva idea parece llevar en su realización, en España, una nefasta contradicción ya que el precio de este “patriotismo constitucional” es el reforzamiento del tradicional patriotismo étnico-histórico a nivel regional. Tanto el nacionalismo catalán como el vasco sacan del viejo armario de los oropeles patrióticos los conceptos de cultura, historia, lengua y, tímidamente, identidad étnica para justificar el “hecho diferencial” con toda la carga emotiva, fundamentalista, patriotera y discriminatoria. A su vez, este patriotismo se refuerza con la concreción de un enemigo.

El patriotismo ideológico basado en la creencia de los valores democráticos, Derechos humanos, tolerancia etc., corresponde a Europa, no a los actuales Estados-Nación que en España serán sustituidos por nuevos Estados-Nación de carácter regional. ¿Volvemos a los Reinos de Taifa?

Este “patriotismo constitucional” que tiene su origen en los ideales de la Revolución francesa fue sustituido por un poderoso Estado-Nación con Napoleón, el II Imperio, Degaulle y la “Grandeur”, Mittérand, Chirac etc.

Quizás pudiéramos considerar “patriotismo constitucional” el de los fundadores y redactores de la Constitución de los EEUU de 1789. ¿Acaso se puede aún hoy hablar de “patriotismo constitucional” en EEUU? ¿O en su lugar ha surgido un patriotismo ético-histórico?

El “patriotismo constitucional” necesita de una Constitución permanente clara y breve, con la que los ciudadanos puedan familiarizarse. La llamada Constitución Europea, sometida recientemente a referéndum en España, es farragosa, larga y prolija, y no cumple con los requisitos necesarios para ser elevada a rango de texto ampliamente asumido por los ciudadanos.

En España el entusiasmo por modificar la Constitución para eliminar toda posible discriminación sexual entre los herederos de la corona, o para sustituir el término de “incapacitado” por el de “discapacitado”, pone en evidencia el carácter arbitrario, el intento de estar acorde con lo políticamente correcto en cada momento, de una constitución con vocación de mantenerse en sintonía con los usos del momento, y no como base permanente de una construcción histórica.

En mi opinión personal, me temo que la política actual y la reforma del Estatuto Catalán no son el producto de elucubraciones intelectuales, sino la consecuencia de la aritmética de los escaños que obligan a alianzas con partidos nacionalistas minoritarios, para poder tener mayoría suficiente frente al partido de la oposición, y poder así mantenerse en el gobierno, lo que encaja perfectamente dentro de la lógica de una legitimidad democrática.

por Vicente Ramírez-Montesinos

 

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