Elefantentreffen 2010

3 febrero, 2010Por: Guiomar

3

 

La pregunta del millón…, ¿qué cojones hago yo aquí? Antes de salir supe que me lo preguntaría, ¡¡pero no con ese tono de voz tan alto!!… Con eso te lo digo todo.

 

Kawasaki zzr-1400  ·   7 dias y 4.500Km de aventura

 

3 de febrero, 2010

 

Mil novecientos kilómetros, la mayoría con frío y nieve, prácticamente desde Ginebra, y aquí estábamos en un hotel a cien kilómetros de nuestro destino, descansando y hablando con unos italianos que también iban a la concentración.

El plan de mis amigos era alojarse en el Hotel de Trumansbang, a unos 7km de Loh, donde estaba todo el tinglado, y empezaba a tener claro que de nada me iba a servir haber cargado con todo el material de acampada.

Hablando con los italianos, asiduos al evento, me convencieron para que fuese al campamento con ellos y compartir allí nuestras hazañas, delante de la hoguera, entre caldo y caldo, y el frío característico del lugar.

Así lo hice. Nos intercambiamos nuestros números de teléfono para, al llegar a la entrada, vernos allí. Franco y Luigi, que así se llamaban, nunca llegaron a su destino. Desgraciadamente tuvieron problemas con una de sus motos y me llamaron diciéndome que se volvían a Italia y que no iban a poder llegar.

Allí estaba yo, todo chulo y orgulloso de haber llegado al Elefantentreffen, después de dos mil kilómetros…, hasta que me di cuenta, y después de haber recorrido la zona en busca de algún español descerebrado como yo sin ningún éxito, de que estaba sólo y de que me tenía que poner las pilas si no quería dormir al raso entre aquellos montones de nieve.

Al final me lié la manta al cuello y después de un rato desorientado, de haberme instalado y concienciarme de dónde estaba, me fui a la pequeña carpa de madera donde todo el mundo hablaba… otro idioma… La cosa salió bien…, y después de algunos tés calientes llenos de licor, el ambiente empezó a calentarse. Me acogieron unos alemanes prácticamente locales que venían de unos 140km, llenos de medallas por todas partes, y las del Elefantentreffen desde 1994… Flipaban….

“Due mile km y tre days desde Espagna…¡¡oh!!”… Menos mal que una chica hablaba algo de italiano y así con gestos y palabras pasamos un buen rato… Uno de ellos se quitó su bufanda y me la dio como símbolo de respeto hacia mí, por mi gran hazaña… Me quedé flipado… “Es un honor…”, le dije….

Después me invitaron a su mega-tienda, con chimenea y todo, el suelo lleno de paja y un ave de unos 5kg, que no sé muy bien cuál era su nombre. La tenían colgada del cuello para al día siguiente despellejarla…..”tumorrow a las 12:00 para comer tu aquí…. ¡¡oh!!”; “ok….molte grachie… hasta mañana.”

 

Me fui en dirección contraria en busca de mi piccola tenda…, llena de paja, donde me había instalado horas antes, y de paso echarme algo  a la boca. ¡El aceite que me había preparado en un pequeño tarro estaba totalmente congelado! Así que un trozo de pan y un par de lonchas de chorizo me quitaron el hambre hasta la mañana siguiente.

 

Desde que había llegado no había parado de nevar ni un solo momento y, al levantarme de aquel improvisado granero, había nieve por todas partes, la tienda estaba casi cubierta y salí de allí como puede. “¡¡…Joder!!… Con lo que me había costado quitarla con esa pequeña pala y ahora está totalmente cubierta… En fin…, “estoy en el Elefantentreffen, ¿¿no??” Me tomé mi granizado de cholek y una barrita energética más dura que una piedra y salí en busca de mi pequeña [moto], que el día antes había tapado con el toldo preparado para tal efecto. Llego y me la veo casi tiritando de frío con nieve por todos los rincones, así que volví a por la puñetera pala para darle un respiro.

Por fin contacto con mis amigos que se habían alojado el dia anterior en el hotel a 7km –nunca pensé que 7km eran tantos después de haber recorrido 2000, después te diré porque-, y que habíamos quedado por la mañana en que nos veríamos en la entrada..….

“…..Bueno, en un rato nos vemos, que iremos con la furgoneta del hotel hasta allí porque es muy complicado llegar con la moto….”, me dijeron. “Ok…, vale…, de categoría, que estic mes asoles que la una”, le comenté a Pere, un policía local de Villa Real.
Después de reunirnos todos, Pere, Rafa de Sevilla, Alfonso de Murcia y yo de “Alicante”, y hacer las fotos de rigor en el cartel de la entrada y ver el tema del merchandising, o como se llame, ya había decidido recoger bártulos y volverme con estos al hotel. Creo que ya había vivido suficientemente Elefantentreffen 2010 en el más puro estilo, y era hora de retirarme.
Las condiciones no eran muy agradables, así que…, a tomar viento la piccola tienda, que ya no me va hacer falta, por lo menos hasta dentro de un buen tiempo, y también dejé algún que otro pertrecho, que lo único que iba hacer era darme dolores de cabeza.
Llegó la hora de salir, después de varios viajes hasta dentro del recinto, mientras veía los engendros varios, desde side-cars alemanes de la II Guerra Mundial, o la mítica k750 -que le da el nombre a esta diferente, alocada, fría, y al mismo tiempo caliente, concentración desde hace 54 años-, hasta los motorinos de los italianos que les habían traído desde más allá de los Alpes, montados durante cinco o seis días.
En fin, me vuelve hacer falta la pala de los cojones para retirar toda la nieve y poder sacar mi maquina del sitio, liarme a poner las cadenas que me había fabricado –menos mal que fui marinero antes que motero-, y saber si me iban a funcionar, ya que a la ida solo utilicé bridas y las condiciones no habían sido tan malas; aunque un par de caídas no me las quitó nadie…, y ya empezaba a aprender a caerme…
Con ayuda de mis amigos fui saliendo de aquel pintoresco lugar lleno de abetos negros contrastados con la nieve blanca y algunas coloridas tiendas de campaña que allí estaban dando calor a sus dueños en tan frío lugar…
Un kilómetro me separaba hasta la zona de la barrera de la  entrada, permitida sólo para motos y que estaba en el pueblo de al lado llamado Solla, y hasta allí llegue, poco a poco, por aquel asfalto blanco sin ningún problema. La cosa iba bien, parecía que las cadenas funcionaban y los improvisados cabos para la rueda delantera estaban dando resultado. Comimos en una especie de cobertizo habilitado especialmente, y mientras, descansamos un poco de aquel frío intenso de unos -10ºC.
Decidí salir un poco antes para ir haciendo camino, y un poco más tarde vendría la furgoneta del hotel a recoger a mis amigos, por lo que nos veríamos por el camino. Me subí a la moto y tiré para adelante, poco a poco, o “piano, piano”…, como dirían los italianos.
Y aquí viene la siguiente fase. 7 kilómetros habían para llegar al hotel, como os comentaba antes, los más largos y difíciles jamás encontrados y que nunca llegué a completarlos a lomos de mi montura… Estaba claro, “esta moto no es para andar por aquí, por mucho que me empeñe”, me repetía una y otra vez. 
Sólo había recorrido dos kilómetros, y ya me había caído un par de veces. Estaba feo el tema, no paraba de nevar y al parecer el quitanieves estaba en el bar de un amigo bebiendo cerveza, y aquello no había por donde cogerlo. “Venga Rubén, poco a poco, no se te ocurra tocar el freno ni por asomo, que ya sabes lo que pasa”, me decía a mí mismo… ¡¡Catacrahs…!! Al suelo otra vez…“¡¡Estoy hasta los huevos y no puedo más…; esto es imposible, arriba la moto!!”, que al parecer cada vez pesaba más….
“A ver…., paro el motor y a pie la voy llevándola poco a poco…, ¿¿no??”… Tampoco fue una buena idea; de repente me adelantaba la rueda trasera, cadenas incluidas…, y ¡¡catacrahs..!! Otra vez…
Las maletas, aparte de llevar equipaje, hicieron función de paragolpes, y la caja tipo top-cash de los chinos pintada de negro, que me curré, no duró mucho tiempo. Las 16:00h…, y dentro de una hora es de noche, la cosa está complicada, la moto y yo cubiertos  de nieve por momentos…
“¡¡Ostras…¿¿¿a ver???!!…  ¡¡Un motorino pedaleando subiendo como podía y una vespa de matrícula italiana con ruedas de tacos a toda leche!! …¡¡Esto es increíble!!…¿¿¿Estamos locos o qué???… Y hacía un buen rato ya había flipado con el alemán arreglando aquel vehículo de dos ruedas que al parecer se le había estropeado en medio de la nevada intensa…!!….
De vez en cuando paraba alguien para preguntarme si necesitaba ayuda, asombrándose de verme allí con aquella moto de tan gran cilindrada y de matrícula española.
A la media hora, y según lo previsto, pasaron mis amigos con la furgoneta del hotel después de haber tenido algún percance también ellos por el camino y, “joder, nunca me había alegrado tanto de ver una Volkswagen nueve plazas de color oscuro llegando donde yo estaba,… ¡¡¡qué bonita es esa furgoneta, leche!!!”
“…¿Qué tal, cómo va la cosa?…uf…, tíos, estoy jodido… Esto es imposible, no puedo continuar, la moto se me cae a cada momento… Necesito ayuda….”
“…Bueno…, vamos a preguntarle al del hotel a ver si puede hacer algo….”
Entre gestos y palabras varias, el conductor nos comentó que su amigo del pueblo tenía un remolque y que en 30 minutos pasarían a recogerme.
“No te preocupes, quédate tranquilo que sea como sea sales de aquí con tu moto, te doy mi palabra, me dijo Rafa, al verme la cara de acojene que tenía.”
Esos 30 minutos se convirtieron en la hora y media más larga de mi reloj que no podía parar de mirar, y mientras, de vez en cuando, pasaba algún coche en dirección contraria subiendo por aquella carreterita como si de un rally se tratara. Allí estaba yo, con el casco puesto para evitar la nieve en la cabeza, y me acordé de Rafa y de toda su familia, incluido su perro del que tanto  hablaba…, mientras esperaba. “….¡¡Leche!!…, ¿¿viene o qué??…”
Una llamada de Pere y Alfonso me ayudó a relajarme un poco de aquella situación.
“¡¡Uff!!…Menos mal…, a ver…, ya están aquí…, ¡¡qué alegría!!”… Ahora a subir la moto a aquel remolque de madera con apariencia para el transporte de animales, y en el que justito, justito entró la moto.
Qué lástima. Estos 7 kilómetros son la espinita clavada que tengo por no haber podido recorrerlos y llegar por mis propios pies, pero en fin, se trata de un pequeño trocito de una gran aventura.
Esto ya es otra cosa, piscina climatizada y sauna para recuperarme… ¡¡Qué bien!! ¡¡Cómo me cambió la cara en cuestión de minutos!! Aquellos chupitos de licor de café durante la sobremesa, por cierto, que no paraban de traernos, me ayudaron a entrar en calor, y  en compañía de mis amigos, el cachondeo de las “borlas” de Brigith y de su amiga de gran tamaño, no paramos de reír durante un buen rato.
Podría contar muchas mas anécdotas de esta aventura, pero más vale poco y bueno que mucho y pesado.
Un saludo y… Ahí van un sevillano, un murciano, un alicantino y un castellonense sin conocerse y con un mismo destino: ELEFANTENTREFFEN 2010
Rubén Rubio
Dar las gracias a mi familia por su preocupación y sufrimiento, y sobre todo a MAR, que me acompañó durante todo el viaje en mi corazón y que sin su apoyo y dedicación no hubiera podido realizar esta aventura.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.