Francisco Ferrer Guardia

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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A las 9 de la mañana de un día lluvioso, el 13 de octubre de 1909, cae en la fosa del Castillo de Montjuïc Francisco Ferrer i Guàrdia, ejecutado por un pelotón de fusilamiento que cumple la sentencia de muerte dictada por un consejo de guerra.
Días antes, Barcelona ardía en la revuelta revolucionaria de la “Semana Trágica”, provocada por los desastres militares en Marruecos. Los muertos de esa guerra colonial eran sobretodo campesinos y obreros. Las clases superiores se libraban de la obligación de ir a la guerra mediante el pago de trescientos duros.

¿Quién era Francisco Ferrer i Guàrdia?
¿Un peligroso revolucionario? ¿Un terrorista? No. Autodidacta, hijo de una familia de campesinos acomodada, era el fundador de un movimiento pedagógico, “La Escuela Moderna”, influido por las teorías pedagógicas racionalistas, que defendía la enseñanza mixta y el desarrollo de la personalidad del niño, para hacer de él un adulto moderno, equilibrado, racionalista, sin prejuicios dogmáticos. Cree que hay que despertar la curiosidad natural del niño, y enseñarle el razonamiento y conocimientos científicos, sin castigos ni recompensas, fomentando la observación de la naturaleza y desarrollando la práctica de la higiene personal. Teorías pedagógicas que hoy ya están integradas en la enseñanza.
Fueron creadas más de cincuenta “Escuelas Modernas”, sobretodo en Cataluña. Escuelas que hoy serían modélicas.

Tres años antes, el 31 de mayo de 1906, Mateo Morral, bibliotecario de una de las “Escuelas Modernas”, había lanzado una bomba en la Calle Mayor de Madrid, contra la carroza de Alfonso XIII, que regresaba a Palacio después de la ceremonia nupcial, causando 23 muertos. Los Reyes se salvaron, Mateo Morral se suicidó, y Ferrer i Guàrdia fue detenido, juzgado y puesto en libertad el 12 de junio de 1907 por falta de pruebas incriminatorias.

La Iglesia, el Ejército y los estamentos reaccionarios de la sociedad española percibían el peligro de un movimiento pedagógico, basado en la razón, que pone en riesgo una concepción dogmática y fundamentalista basada en la fe y la autoridad.
Los disturbios revolucionarios de la “Semana Trágica” dieron la oportunidad para que Ferrer i Guàrdia fuera juzgado por un tribunal más expeditivo: un Consejo de Guerra. El razonamiento para condenarlo era simplista: la “Escuela Moderna” es un centro de propaganda ácrata que ataca las bases de todo autoritarismo, y genera la acción terrorista. Luego, Ferrer i Guàrdia es cómplice del atentado perpetrado por Mateo Morral y de los disturbios revolucionarios de la “Semana Trágica” de Barcelona.

Ni Antonio Maura, Presidente del Gobierno, ni Alfonso XIII, creyeron oportuno ejercer el derecho de gracia y salvar la vida de un individuo cuyo delito es creer en la razón y en el hombre. Ferrer i Guàrdia es el chivo expiatorio por los sucesos de la “Semana Trágica”, cuyo origen está en la crueldad e injusticia de una guerra colonial gestionada por incompetentes. Políticos, militares y la Iglesia necesitan la pantalla protectora del “autoritarismo”, que se justifica a sí mismo, y esconde sus acciones tras la nebulosa del “secreto de Estado”.

Ferrer Guardia ataca frontalmente los principios pedagógicos de la Iglesia: la fe, los dogmas, el pecado, “la letra con sangre entra”, que es la base de una sociedad teocrática. En 1957, en la facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Madrid no se permitía explicar la Teoría de la Evolución de las Especies de Darwin, por entender la Iglesia que aquella era contraria a la Biblia, y por querer imponer sus creencias a las autoridades académicas.

A Ferrer i Guàrdia se le erige un monumento en Bélgica, donde presidió una asociación pedagógica internacional, con la inscripción “La enseñanza racionalista puede y debe discutirlo todo, situando previamente a los niños sobre la vía amplia y directa de la investigación personal”.
Ferrer Guardia pagó con su vida intentar formar seres humanos racionales en una sociedad con prejuicios fundamentalistas.

La razón es equilibrio, escepticismo, tolerancia y desapasionamiento.
¿Veremos algún día en Jávea la calle Ferrer Guardia?

Vicente Ramírez-Montesinos

 

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