Inversión productiva contraproducente

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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Ahora resulta que el tan anhelado por unos carril bici es en realidad la última «inversión productiva» contraproducente del Ayuntamiento, que está haciendo que algunos ciudadanos le cojan manía a este transporte ecológico, en vez de fomentar su uso. La policía está multando sin tregua a todos coches aparcados sobre la acera o el carril bici.

Y es que como veíamos venir desde XAD -resultaba sospechoso que no se colocaran bolardos para separar el carril bici del Montañar de la carretera, y a la vez SUMA pasaba a gestionar las multas-, la Policía Local se está hinchando a poner multas a los vehículos que estacionan encima. Y este verano no quiero ni pensar en lo que pasará.

Evidentemente estos efectivos sólo cumplen órdenes, pero la consigna parece clara, y es que aparentemente subir impuestos es una medida mucho más impopular que «multar a infractores». Ésta debe ser la manera del Ayuntamiento de realizar «inversión productiva» con los más de 300 mil euros del Plan E que se han usado para crear la red de carril bici de Xàbia.

 

Aunque el carril bici no es el único pecado, ya que de repente, después de tolerar durante décadas estacionar encima de las aceras, ahora también se está castigando esta conducta.

Y vale, si bien es cierto que dejar el coche sobre una zona que debe de ser para peatones o bicicletas es una conducta poco cívica, lo que sabemos cualquiera que ha estudiado psicología -o se ha servido de un manual de autoayuda para tratar problemas con sus hijos- es que el castigo sin aviso previo no sirve para nada más que para generar inseguridad.

De hecho, lo que hacen en otros lugares del mundo cuando deciden adoptar este tipo de medidas es que durante un tiempo la policía coloca avisos de que a partir de cierta fecha se procederá a multar a los infractores. Lo contrario genera un fenómeno que se llama «indefensión aprendida», y éste a su vez induce a la rebeldía.

La frustración generada también favorece la proyección de estos sentimientos negativos hacia, en este caso, la policía, el Ayuntamiento e incluso el carril bici. En otras palabras, los ciudadanos empiezan a ver con malos ojos una infraestructura que en un principio está diseñada para mejorar la vida de estos y para crear una ciudad más sostenible.

Para colmo, también los comercios se ven muy perjudicados por las repentinas multas, y es que sus clientes salen despavoridos con el fin de evitar el ticket, para no volver. Y no quiero ni pensar en la impresión que se llevarán de Xàbia los turistas y visitantes de Semana Santa. Como si nos sobraran los clientes y el dinero.

De esto saben mucho los comerciantes del Centro Histórico con la prohibición de estacionar alrededor del Mercado Municipal a partir de las 20h. Muchos son ya los vecinos y visitantes que ingenuamente han dejado su coche antes de esta hora y han aprovechado luego para ir a cenar, para descubrir al final de la velada que la policía les ha multado. Los usuarios no se pueden imaginar que, una vez estés dentro, te pueden multar.

Una vez más, y desde el punto de vista de la psicología, lo que se consigue con esto es que estas personas crean un condicionamiento aversivo hacia el Centro Histórico, es decir, que lo odien (lo digo por si es muy técnica la palabra y no me entienden los que me tienen que entender).

El Ayuntamiento debería plantearse si es lógico que, por recaudar a corto plazo más dinero, compensa que se estén generando tantos problemas a los ciudadanos. Quizá sea más impopular a dos meses de las elecciones subir impuestos, y puede generar aversión hacia el político que tome esa medida. Pero quizá sea mejor que generar tantas emociones negativas a los ciudadanos y turistas, ya que la indefensión no tiene ninguna consecuencia positiva para la economía local ni para la convivencia.

 

Y como creemos en la crítica constructiva, proponemos -en realidad propone una ciudadana, lectora de este diario-, que se instalen parquímetros -como hay en estados Unidos-, pero en los que los primeros 10 minutos sean gratis o muy baratos, y los siguientes resulten prohibitivos, como manera de favorecer la rotación de los vehículos. Todo esto por no hablar del transporte público urbano, que en Xàbia es una pena porque la empresa concesionaria cree en una gestión decimonónica y no quiere invertir en mejoras si no le garantizan que al día siguiente el autobús estará lleno.

 

Guiomar Ramírez-Montesinos Kroguska

 

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