Joaquina Rodríguez Sapena posando con su Autorretrato pintado en 1956 para el V Premio Nacional y Provincial de Pintura de Alicante

Joaquina Rodríguez Sapena: Xabiera y Pintora (I)

21 septiembre, 2020Por: Redacción

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Tiempo de lectura: 3 minutos

por David Gutiérrez Pulido

 

 

Dábamos a conocer en el último artículo un cuadro misterioso de Xàbia que estaba firmado por Joaquinita Rodríguez y dejábamos algunos pocos datos que habíamos encontrado sobre ella, dejando al aire muchas preguntas siendo la más importante ¿Quién es Joaquinita Rodríguez?

 

Pues la hemos encontrado y hemos dado con ella gracias a las casualidades de la vida. Permitirme compartir mi experiencia personal en el que tras indagar sobre ella en internet, acudí a la clínica dental del Dr. Jaime Ortuño y esperando a ser atendido me encuentro en la sala de espera varios cuadros con la misma firma. Impactado por esta casualidad le pregunté y resultó ser su madre, Joaquina Rodríguez Sapena quién tras leer el artículo junto a su hija María Ángeles se pusieron en contacto conmigo ante mi deseo de conocer su historia. Muy amablemente, concertamos una cita y allí la conocí, abriéndome las puertas de su casa y de sus recuerdos para compartirme la pasión y el amor que tiene a la pintura y poder ver directamente sus numerosos cuadros. Esta es su historia.

 

La Avenida del Puerto con la construcción de La Torre de Xàbia (1955)

 

Joaquina Rodríguez Sapena nació en 1935 en Xàbia. Desde muy niña crece viendo a su padre, Bartolomé Rodríguez, pintando y dedicando su tiempo libre al amor por las actividades artesanales. Es esa pasión la que hace que Joaquina tenga interés por la pintura. Estando en Alicante en donde se trasladó la familia por motivos laborales, Joaquina empieza a dibujar copiando láminas compradas y empezaría a dar sus primeras pinceladas a finales de los años 40, siendo ella una adolescente.

Su formación continúa de la mano del pintor José Pérez Gil (1918-1998), pintor paisajista afamado amante de Alicante y sus tierras, amigo de Emilio Varela quien a su vez fue discípulo de Joaquín Sorolla. Joaquina, con una sonrisa de oreja a oreja nos comparte: Fui a la casa particular de Pérez Gil, pintábamos en su casa, cogíamos un trenet de Alicante y nos íbamos por los pueblos y los bancales a pintar, eso era muy divertido. Nos íbamos con la caja de pintura y al aire libre pintábamos usando la tapa como soporte”. Podríamos decir que el amor de pintar paisajes del natural que mantendrá toda su vida le viene de su padre y de Pérezgil.

 

 Maletín de Joaquina Rodríguez y algunos paisajes de Xàbia en pequeño formato pintados entre 1996 y 2015

 

Y es que una de las pasiones de Joaquina es pintar el paisaje de los cuales muchos de ellos, en un pequeño formato siguiendo los cuadritos que hacía su padre y la tradición de la escuela valenciana de pintar pequeñas obras del natural, están dedicados a Xàbia, al mar, a los cabos, embarcaciones o algunas calles. Todo con una gran luminosidad y viveza en los colores, a veces utilizando una pincelada fina y delicada y otras veces pinturas empastadas con pinceles más anchos o incluso utilizando la espátula. Como dice Joaquina: “tengo la mente abierta para esas cosas de pintar, si me pongo a pintar una cosa grande y me canso o no me sale pues lo dejo y me pongo a pintar otras cosas más pequeñas”. Además de haber seguido las enseñanzas de Pérezgil, Joaquina es amante de Velázquez por su fuerza, sus formas y energía y cómo no, de Sorolla de quién también admira su fuerza y su luz. Por otro lado la delicadeza y suavidad de Rafael Sanzio o Leonardo da Vinci también son objeto de admiración por ello, de manera muy paciente y delicada pintó dos miniaturas con sus retratos.

 

 Cala Barraca y Cap Negre copiado de una postal de la época (1997)

 

En la década de los años 50, Joaquina es cuando empieza a presentarse a diversos concursos de Alicante ganando algunos premios como comentamos en el anterior artículo. Sigue contando que “al volver a Jávea ya conocí a mi marido y me casé, y entonces hacía algún cuadrito esporádico pero menos porque tenía que hacer otras cosas”. Su papel como mujer, madre, trabajadora ayudando a su marido y los quehaceres de la vida, no le impidió nunca dejar la pintura, Joaquina insiste en decir: “No dejé de pintar en ningún momento, aunque tardaba de uno a otro pero seguí pintando, menos, pero seguía pintando”.

 

Continuará…

David Gutiérrez Pulido

(Ldo. Historia del Arte)

www.sorollajavea.wordpress.com

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