La enseñanza religiosa en la escuela pública

Por: Guiomar

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Lo que está a debate es la enseñanza de la religión mayoritaria y dominante en los Institutos de Segunda Enseñanza: clases de religión católica. En principio, no veo razón en contra de que en los Institutos de secundaria se impartan clases de religión católica, puntuable, siempre que su contenido esté determinado por el organismo público competente, e impartido por un profesorado que tenga la misma titulación y cualificación que los profesores que están a cargo de otras materias.

Resulta inquietante la intromisión de personal nombrado por instituciones ajenas al organismo público (el Episcopado) en el cuadro de profesores de un Instituto, que tienen la potestad para calificar a los alumnos con notas de las que depende su futuro académico y su acceso a becas, ya que resultaría en un falseamiento de todo el sistema pedagógico de la enseñanza pública. No sería, sin embargo, inconveniente incluir una nueva asignatura que cumpla con todos los requisitos establecidos por los organismos del Estado, competentes en la materia, como se ha hecho al introducir el idioma, la gimnasia o la música.

No debemos olvidar que la Iglesia no siempre ha sabido enseñar su propia religión. Pregúntese a cualquier católico practicante qué es el Dogma de la Inmaculada Concepción, y a pesar de que durante toda su vida ha oído el “AVE MARIA PURISIMA: SIN PECADO CONCEBIDA”, insistirá en que se trata de la virginidad de María. No sabe que este dogma promulgado por Pío IX, el 8 de diciembre (por ello festivo en España) de 1864, obliga a todo católico a creer que María fue concebida sin pecado original por sus progenitores. Sin embargo, según la Iglesia, el bautizado que no cree en todos y cada uno de los dogmas es hereje, y cae bajo las penas establecidas por la propia Iglesia. Pío IX es el mismo Papa que en 1870 decreta un nuevo dogma: LA INFALIBILIDAD del romano pontífice. Si la mayoría de los católicos españoles no creen en todos y cada uno de los dogmas, que ignoran, es que son herejes y no saben que lo son. Es evidente que la Iglesia ha desatendido gravemente la formación doctrinal de los católicos.

Poco se habla en las tradicionales clases de religión de la Iglesia de la polémica entre Pedro y Pablo, en la que Pablo cree que la doctrina de Cristo, reformador de la religión judía de su tiempo, puede y debe extenderse a los gentiles no circuncisos, estableciendo Pablo las bases de uno nuevo orden moral.

La enseñanza de la Iglesia se ha concentrado en una disciplina moral y en la obediencia a las normas de la Iglesia y a los Diez Mandamientos, sobretodo el sexto, con verdadera obsesión por el pecado, el infierno, la carne, Satán etc. Ha mantenido una prudente discreción sobre Concilios, herejías, dogmas, Cátaros, Albigenses, Lutero, y otras herejías como el Docetismo, Marcionismo, Montanismo, Adopcionismo, Sabelianismo, Arrianismo, Apolinarismo, Nestorianismo, Monofisismo, Donatismo, Pelagianismo, Gnosticismo, y las del siglo pasado, como el Hermesianismo, el Modernismo (adaptar la Iglesia a los tiempos modernos), Ontologismo, etc.

Para bien, nuestro patrimonio artístico, o para mal, nuestra intransigencia doctrinal y moral, la religión católica ha esculpido nuestra Historia, nuestra cultura y nuestra mente. Ha de ser materia que se enseñe en nuestros Institutos por catedráticos o su equivalente, con formación como historiadores y/o filósofos.

Quizá haya llegado el momento, antes de proceder a reformar nuestra Constitución, de revisar el Concordato con la Santa Sede del 3 de enero de 1979, y recordar a la Iglesia Católica de España, que no es, como la Anglicana, una Iglesia Nacional, sino que está integrada en la Iglesia Universal Romana, y que los problemas que puedan existir entre Iglesia y Estado se negocian a nivel diplomático, entre Estados soberanos, mediante una denuncia del actual Concordato y la negociación de uno nuevo, lo que parece lógico después de veinte y seis años de vigencia.

La Comisión Episcopal es una institución sectorial como pudiera ser un sindicato, una cámara de comercio o un Colegio profesional, que puede y debe defender sus intereses dentro del marco constitucional.

A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

Vicente Ramírez-Montesinos

 

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