La fauna nocturna del Montgó

9 septiembre, 2007Por: Guiomar

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Existen lugares en el mundo que derrochan abundancia en cultura, fauna y flora, enclaves que se conservan como santuarios ecológicos y que realzan la grandiosidad de la naturaleza en su estado más puro.

De entre todos estos templos de la ecología, se alza imponente el Montgó, rebosante de restos íberos, pinturas rupestres y testigo de la evolución humana, en combinación con una fauna mediterránea única compuesta por especies como el lentisco, el brezo, la coscoja o el aladierno. Un jardín natural recortado por los acantilados del cabo que desprende una fragancia mediterránea, fresca, húmeda y marina.

Muchos han sido los pobladores de este enclave paradisíaco, que se han asentado buscando el retiro, la paz y la interacción entre el hombre y la naturaleza y todos ellos han dejado su huella imborrable de ritos, culturas y moradas, desde los lejanos Iberos hasta los contemplativos monacales.

Sin embargo una nueva especie viene reproduciéndose desde hace algunos años y que motivada por la masificación estival de nuestro municipio, está propiciando la depredación nocturna de toda la ecología de la que hacía alusión, una especie que muestra su más absoluto desprecio por este templo y que celebra sus rituales en el corazón del parque.

El rito conlleva el colapso de los accesos de nuestro jardín y el ensordecedor sonido que desprenden sus vehículos para llegar al epicentro del santuario; una discoteca, que se mantiene como la incongruencia misma del ser humano, prohibir y autorizar, proteger y destruir. Mientras nuestras administraciones se ponen de acuerdo sobre quién debe restringir esta molesta actividad, la afluencia de este rebaño se extiende a todos los días y en lugar de pastar, destruyen la flora, molestan a nuestros vecinos, imposibilitan los accesos, alejan a nuestra fauna y provocan con restos y desperdicios los tan temidos incendios.

Para apaliar los tan perjudiciales efectos del rebaño en cuestión, nuestra policía local se ha ocupado de colocar unas vallas de protección que liberen los accesos y caminos de los trashumantes que como autómatas se dirigen al templo cada fin de semana, a lo que el pastor que nos es otro que el dueño de la discoteca se ha dedicado a retirarlas para que el rebaño no se desoriente y puedan llegar a abrevar en su establecimiento.

En lugar de ofrecer a nuestros turistas vías verdes únicas, ofrecemos vías únicas para el botellón, repletas de desperdicios, vidrios, vasos, botellas, plásticos, ofrecemos la profanación del santuario y todo ello sin contraprestación alguna, sólo con la gratificante sensación de que el pastor dio a abrevar suficiente este verano y que el próximo, si no se nos quema antes, el rebaño trashumante volverá por la misma senda.

Creo que ya es hora de que los borregos, el pastor y el corral se trasladen a otro lugar y que vuelvan a ser protagonistas del santuario el tejón, la gineta, el búho y la gaviota.

Oscar Antón Izquierdo
Caminante del parque

 

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