La flexibilidad, la comunicación y la independencia claves para colaborar en red

31 mayo, 2013Por: Guiomar

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Tiempo de lectura: 5 minutos

Mujeres Emprendedoras de Jávea organizó en el Espacio Empresa de Hemeroscopea una charla enfocada a ayudar a las mujeres a trabajar en red. Isabel Vila, Celia Martín y Guiomar Ramírez-Montesinos hablaron de la importancia de la comunicación, la flexibilidad y conocerse a sí mismos a la hora de adaptarse a un mundo en red.

Esta crisis es mucho más que una transición económica o un bache, es un cambio de Era hacia un mundo en el que todas las personas nos relacionaremos y trabajaremos en red. En un mundo globalizado las relaciones entre las personas ya no pueden ser jerárquicas, porque esta organización tridimensional de la sociedad resulta muy rígida, no tiene posibilidad de adaptación a un mundo donde los cambios son muy rápidos, e impide que las personas se desarrollan como individuos con talentos individuales.

Guiomar Ramírez-Montesinos dio una perspectiva de los últimos 10.000 años de la Humanidad. En el 8.000 aC surgió la revolución neolítica, gracias a la agricultura que fue inventada por las mujeres, pudimos dejar el estilo de vida nómada y asentarnos en poblados. La sociedad se organizaba entones en torno al círculo y comenzó a cristalizar círculos, como la rueda o lugares sagrados como Stonhenge. Se trataba de una sociedad matriarcal e igualitaria, y la energía que la definía era femenina, es decir, de unir, crear y sentir.

Hace uno 5.000 años, y coincidiendo con el inicio de la 5ª cuenta larga del calendario Maya, al aumentar la complejidad de las relaciones entre las personas debido al trueque y el comercio, empezamos a organizarnos en ciudades, las cuales se regían por un patrón tridimensional, la jerarquía. Entonces, la Humanidad comenzó a cristalizar pirámides por todo el mundo, Egipto, México, China,… La energía de esta Era, que dura desde el inicio de nuestra Historia (escrita) hasta el año pasado, es masculina, caracterizada por dividir, actuar y pensar, y fue necesario para que transformásemos la materia y desarrollásemos el intelecto.

Ahora, hemos empezado a cristalizar una figura tetradimensional, la red: la redes de transporte, de gas, de electricidad, comerciales, internet… Las pirámides ya no pueden sostener la complejidad de las relaciones sociales, y hemos incorporado una dimensión más, el tiempo, que se define en que los nodos se unen entre sí en función de la demanda. Volvemos a una Era caracterizada por la energía femenina de unir, crear y sentir.

La organización piramidal es un sistema muy dependiente, y en ella uno acumula los recursos y los distribuye, lo justo, para garantizar las necesidades básicas de los que están por debajo, pero no más. Es decir, se trata de un sistema en el cual el que está arriba ejerce control gracias a la estrategia de «dividir y vencerás», y donde el individuo no vale nada, sino que se debe al grupo. En la red, al contrario, lo importante es la conexión entre las personas, no hay nadie por encima de nadie, sino que los individuos se relacionan entre sí de manera honrada, honesta y transparente, aportando lo mejor de sí, sus talentos, para colaborar conjuntamente y atender la demanda social.

Para funcionar en red debemos desarrollar una serie de cualidades, o mejor dicho, ser quiénes realmente somos. Hemos de conocernos a nosotros mismos, realizando un trabajo introspectivo, hay que ser buena persona y facilitar las relaciones sociales, necesitamos ser flexibles aunque siempre desde la asertividad, es decir, estando centrados. En red las personas no dependen, sino que son independientes de los demás, aunque colaboradoras. Además, más que enfocarnos en los problemas, debemos centrarnos en la solución. ¿Qué ocurre cuando ves una piedra en medio de un camino cuando vas en bici? Que si te centras en ella, terminas por tropezar y caerte. Céntrate en la solución.

 

Critícame, por favor

En un mundo en red, no es tan clara la distinción entre trabajo, hobby y vida social. Para esto la comunicación positiva, aquella que no es violenta, es decir, que no divide sino que une a las personas, es un elemento clave. Isabel Vila habló sobre un aspecto de la comunicación, cómo hacer y cómo recibir la crítica.

En primer lugar, la experta demostró la diferencia entre realizar una descripción de un hecho o interpretar, invitando a cada una a que la criticase de estas dos maneras. Así logró que las personas asistentes comprobase que al dar una opinión personal, una valoración, uno se siente un poco tenso, y la persona a la que se critica, se pone a la defensiva, con lo que si el objetivo es lograr un cambio, seguramente éste no se logre.

Si criticamos negativamente y destructivamente todo lo que es diferente, nos quedaremos sólo con los que son iguales y refuerzo mi postura, pero no aprendo nada. Esto es cómo se funciona en el paradigma piramidal. Sin embargo, cuando se juntan personas que son diferentes, emerge el conocimiento. En vez de criticar, es mejor realizar una descripción del hecho objetivo y pedir un cambio, más que centrarse en una interpretación que puede ser malinterpretada por el otro, ya que todos pensamos diferente. Para dar la crítica, además, hay que ceñirse a la conducta, ser específico, no generalizar, ya que elimina posibilidades de diálogo, dar información verificable, ir al grano, y plantear el objetivo al que se quiere llegar.

Por otro lado, a la hora de recibir una crítica, interesa estar abiertos y tomárselo como un regalo que te ayuda a mejorar. Hemos de apreciar lo incómodo que se puede sentir el otro al realizar una crítica y valorar su esfuerzo. Luego hemos de distinguir si la crítica está basada en la interpretación o en una descripción. En el primer caso, entendemos que en realidad el otro sólo está hablando de sí mismo, ya que se trata de una opinión personal y no de una descripción. Entonces podemos aprovechar la ocasión para recopilar información sobre esa persona.

 

Las máscaras del miedo

Por último, Celia Martín habló sobre las máscaras de nuestro miedos. En el lenguaje bíblico, se habla de que Adán y Eva fueron echados del paraíso al comer la manzana prohibida y luego tuvieron vergüenza y se pusieron ropa. Se dice que estaban desnudos, pero en realidad esta palabra hace referencia a que estaban sin nudos (des-nudos), es decir, libres de culpa. Pero una vez que sintieron culpa empezaron a tener vergüenza de mostrarse y a sentir miedo. El miedo «tapa y calla», mientras que el amor «abre y habla».

A partir de este momento empezamos a utilizar las «máscaras del miedo» para esconder nuestra culpa. Son tres las áreas en las que aplicamos estas máscaras. En el área del intelecto, es decir, del pensar, ponemos la máscara de la rigidez que genera división, en la del sentir, es decir, la de la sensibilidad, ponemos la del apego que genera dependencia, y en la de la voluntad, el actuar, aplicamos la de la desconfianza que genera indefinición.

Cada una de estas máscaras a su vez la aplicamos a las diferentes áreas. Así, las máscara de la rigidez provoca en el área del intelecto, ideologías, en el de la sensibilidad, complejo de inferioridad o de superioridad, y en la de la voluntad, provoca una manera cerrada de hacer las cosas, o esclerosis.

La máscara del apego provoca en el área del intelecto ilusión, en la de la sensibilidad, hace que busquemos satisfacción, y en el área de la voluntad, seguridad.

Por último, la máscara de la desconfianza provoca indecisión en el intelecto, incertidumbre en el área del apego, e inseguridad o desconfianza en las propias habilidades, en el área de la voluntad.

Celia nos invitó a analizarnos y descubrir cuáles son las máscaras del miedo que más utilizamos para poder quitárnoslas y ser más coherentes. La coherencia interna es lo que nos hace fuertes y nos permite brilla ante los cambios y adversidades. El amor es lo que nos ayuda a superar nuestros miedos, descubriendo actitudes contrarias a la rigidez, el apego y la desconfianza, que son la flexibilidad, el desapego y la confianza en un mismo y en la vida.  

 

Para ver la presentación de Guiomar Ramírez-Montesinos:

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