La intoxicación y depuración del organismo a través de la alimentación

16 marzo, 2013Por: Guiomar

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Gabriel Fracaroli, osteópata, kinesiólogo y experto en nutrición celular activa, y Milagros Vélez, médico y nutricionista, hablaron en el Centro Terapéutico Mezquida sobre la intoxicación de las células y cómo puede depurarse nuestro organismo.

Gabriel Fracaroli afirmó que, día a día, vivimos expuestos a una  gran cantidad de sustancias químicas que ingresan a nuestro organismo y que se suman  a los propios desechos que genera nuestro metabolismo. Cuando esto sobrepasa nuestra capacidad de depuración o de eliminación,  paulatina y progresivamente nuestras células se intoxican, «sufren», y no pueden cumplir su función. Pero mejorando nuestra alimentación e implementando la práctica de hábitos saludables, podemos revertir esta situación, favoreciendo nuestra salud y previniendo la aparición de enfermedades.

La salud comienza en la célula, y en la disfunción de la célula comienza la enfermedad. En el líquido entre las células es donde se acumula la mayor cantidad de toxinas de nuestro organismo. Nuestro organismo tiende al equilibrio, u homeostasis, y para defenderse contra las agresiones dispone de un mecanismo eficaz, el sistema inmunológico, compuesto por el sistema linfático, la médula ósea, el apéndice, las placas de Peyer en la mucosa del intestino, el timo, la amígdala y adenoides y el bazo.

Pero existen muchos factores que pueden desequilibrio el sistema inmunológico, como la contaminación, el estrés, los virus, las toxinas, las bacterias, agentes cancerígenos, defectos genéticos, parásitos, deficiencias nutritivas o la edad. Y para depurar estas toxinas, nuestro cuerpo cuenta con un sistema compuesto por varios órganos «emuntorios» que se encargan de eliminar los desechos de la nutrición: son los intestinos, el hígado, los riñones, bronquios y pulmones, y la piel.

 

La salud y la enfermedad

La salud de un individuo depende de la capacidad de su organismo para eliminar los residuos perjudiciales, tanto de origen interno como externo. Cuando la célula no se puede depurar, aparecen los trastornos funcionales, es decir, problemas como dolores articulares. En muchos casos, estos trastornos no son detectables mediante análisis sanguíneos o pruebas diagnósticas porque en un principio no alteran la integridad del órgano. Y en ocasiones, ante la falta de pruebas diagnósticas «objetivas» positivas, son considerados trastornos psicosomáticos o problemas «normales», alejando así al paciente del camino de su curación. A menudo, estos problemas se vuelven crónicos, derivando en una enfermedad o lesión, ya sí detectable.

En otras palabras, cuando el organismo ve sobrepasada su capacidad de eliminación, aparecen las primeras señales de alarma. La persona hasta entonces saludable ve aparecer distintos trastornos leves que le señalan la pérdida del equilibrio: falta de ánimo,  indisposiciones pasajeras, tensión nerviosa anormal, dificultad para recuperarse tras un esfuerzo, problemas digestivos, cutis y cabellos opacados, erupciones, son todos signos de la degradación del terreno. Si la situación se agrava, el organismo recurre a la «creación» de emuntorios artificiales, como hemorroides, fístulas, úlceras, secreciones de las mucosas, etc.

 

 

 

¿Por qué nos intoxicamos?

Nos intoxicamos porque ingresamos más toxinas de las que eliminamos o depuramos. Por la mala calidad nutricional de los alimentos de consumo habitual cada vez más pobres en nutrientes y ricos en tóxicos. Vivimos en un medio muy manipulado, transformado y contaminado.  Además, el tejido adiposo, es decir, la grasa corporal, es un depósito de almacenamiento de toxinas. Los estudios han demostrado que las personas sometidas a un programa de pérdida de grasa, sufren una liberación aguda de toxinas al torrente sanguíneo.

Pero también están las toxinas internas, que provienen de los desechos metabólicos de nuestras células y las células muertas en el proceso de regeneración. Sin embargo, estas toxinas generalmente son eliminadas sin mayores problemas.

La principal fuente de toxinas proviene de la natural degradación de los alimentos ingeridos, proceso necesario para convertir los nutrientes en sustancias más simples, capaces de generar energía y material constructivo. Estas transformaciones producen desechos, cuya eliminación está prevista en el funcionamiento orgánico.

Por ejemplo, la metabolización de proteínas genera urea; la combustión anaeróbica de la glucosa produce ácido láctico; las grasas mal transformadas, ácidos cetónicos. Son toxinas perfectamente toleradas por el organismo, siempre y cuando no superen cierto límite.

 

El estrés oxidativo

El estrés oxidativo es causado por un desequilibrio entre la producción de oxígeno de tipo reactivo y la capacidad de un sistema biológico de detoxificar rápidamente estos reactivos o de reparar el daño resultante. Este desequilibrio produce un exceso de radicales libres que oxidan las células, y a la larga pueden llevar a todo tipo de enfermedades, como el cáncer, artritis, arterosclerosis, o la enfermedad de Parkinson, además de acelerar el envejecimiento.

 

Sedentarismo y sobrealimentación

El sedentarismo y la sobrealimentación se han convertido en grandes problemas de la sociedad moderna.  Por su parte, el sedentarismo no sólo impide la necesaria combustión de calorías excedentes, sino que dificulta la correcta oxidación de los residuos del metabolismo celular, con lo cual se generan aún más desechos tóxicos. Por otro lado, cuando superamos la capacidad de procesamiento de nutrientes que tiene nuestro sistema digestivo, generamos una masa de alimentos mal transformada cuya tendencia es a la fermentación y la putrefacción, lo cual produce nuevos «venenos», que incrementan a su  vez la toxemia general. Esto se ve agravado por el estrés y los ritmos antinaturales, que disminuyen nuestra capacidad metabólica. 

Así, podemos comprender la importancia de una alimentación sobria, de buena calidad y en dosis adecuada a nuestro desgaste calórico. Aún con alimentos sanos y naturales, si comemos más de lo que gastamos, estamos creando un problema adicional al organismo, que debe lidiar con sustancias que no puede utilizar y/o eliminar… y que algún destino deberán tener!!! 

 

La alimentación industrializada y la intolerancia a alimentos

Milagros Vélez advirtió sobre los peligros de la alimentación industrializada, que comienza su desarrollo en el siglo XX, y que aplica técnicas que empobrecen la calidad del alimento y además generan una carga nefasta de sustancias eminentemente tóxicas que de ninguna manera estamos preparados para procesar. Insecticidas, herbicidas, fungicidas, fertilizantes químicos, antibióticos, vacunas, hormonas sintéticas, balanceados industriales, granos sintéticos, contienen macromoléculas que no pueden ser digeridas por nuestras enzimas, y esto hace que acumulemos cada vez más toxinas en nuestro organismo.

La intolerancia a determinados cereales se debe a la gran transformación y modificación de la estructura genética y molecular de las gramíneas a lo largo de los últimos siglos. Estos cambios se deben a los métodos de selección masiva en la agricultura, las hibridaciones y la manipulación genética. Nuestras enzimas y mucinas no se han podido adaptar a estas modificaciones estructurales.

Así, los cereales que con mayor frecuencia producen cuadros de intolerancia son el trigo y el maíz, por el contrario el arroz  es el mejor tolerado ya que su estructura genética no ha presentado grandes variaciones. Otros alimentos que con frecuencia no son tolerados con la leche, el azúcar refinado, la sal refinada y los aceites refinados.

En general, todo producto refinado ha sufrido un proceso que no sólo desnaturaliza al alimento y le resta cualidades organolépticas, sino que le añade macromoléculas que no somos capaces de digerir, por lo que se convierten en toxinas que no podemos eliminar en nuestro cuerpo y que se acumulan en nuestros tejidos grasos.

Cuando tenemos demasiadas toxinas, nuestra salud se resiente y aparecen síntomas como fatiga mental, pérdida de concentración, falta de energía, ansiedad, estrés, alteraciones del estado de ánimo, problemas para dormir, pérdida de apetito, depresión, empeoramiento del sistema inmunológico, palpitaciones, dificultad para respirar, dolor de cabeza, mareos y dolores por el cuerpo.

 

El intestino y la intoxicación

El intestino es un órgano importantísimo que nos protege de las toxinas. De hecho, conforma alrededor del 70% del sistema inmunológico. La alimentación moderna y los componentes químicos que esta contiene fomentan la proliferación en nuestro intestino de bacterias que dañan la mucosa intestinal y su flora, volviéndola muy permeable. Esto hace que diversas moléculas de alimentos mal digeridos y moléculas bacterianas entren en la circulación general. Entonces, cuando los emuntorios ya no pueden eliminar más, estas sustancias se acumulan de forma paulatina, bien en el líquido extracelular, bien dentro de nuestras células.

La consecuencia es el sufrimiento, degeneración o muerte celular. Y esto a su vez deviene en enfermedades como la fibromialgia, la depresión endógena, artrosis, osteoporosis, Alzheimer, Parkinson e incluso cáncer. Son patologías que necesitan tiempo para manifestarse, que se instalan de forma progresiva y se agravan lentamente, por eso predominan en personas mayores.

 

¿Qué podemos hacer?

Adquiriendo buenos hábitos y comiendo con conciencia, es decir, sabiendo qué alimentos contienen toxinas podremos consumir menos de estos y más productos naturales. Además de cuidar nuestra flora intestinal y hacer ejercicio regular, lo que nos ayudará a acumular menos toxinas y eliminar mejor, debemos consumir aceite de oliva virgen extra, en vez de refinado, comer abundante fibra, alimentos naturales, preferiblemente ecológicos, locales, y lo más crudos posibles, frutos secos sin tostar, menos trigo y más arroz, huevos si pueden ser de corral, salmón y abundante agua.

Por otro lado, debemos evitar al máximo productos refinados, procesados y quemados, dulces industriales, bebidas azucaradas, azúcar refinada,  margarina, alimentos precocinados, lácteos y embutidos, además de restringir la ingesta de alimentos ácidos, como la carne y los derivados lácteos, y consumir más productos alcalinos, como las verduras y muchas frutas.

Otro consejo de que da Milagros Vélez es hacer un ayuno durante un día a la semana a base únicamente de fruta, preferiblemente orgánica y de temporada, que podemos acompañar con infusiones de hierbas depurativas. Hay que tener en cuenta que cuando depuramos podemos tener un olor corporal fuerte, micciones olorosas y urticantes, abundantes evacuaciones, e incluso mareos y dolores de cabeza. No hay que asustarse, esto es señal de que el cuerpo se está deshaciendo de sustancias que habían estado acumuladas durante tiempo.

Y por supuesto, tampoco hay que olvidar que es mejor hacer varias comidas en el día, menos abundantes, siendo la más fuerte el almuerzo, habiendo desayunado sólo un zumo -para ayudar a la eliminación de toxinas-, y la cena más liviana, así como comer de manera equilibrada alimentos de todos los grupos: hidratos de carbono (65%), proteínas (10%) y grasas (25%). También hay que evitar el líquido y la fruta después de comer -ésta es mejor antes para facilitar su digestión y evitar que fermente y de gases. Por último, es importante incluir en todas las comidas algún alimento crudo y comer con conciencia, en un buen ambiente, masticando bien y reposando después, como predica la corriente Slow Food.

 

 

Gabriel Fracaroli y Milagros Vélez dirigen el centro Salut Verda de Dénia. Gabriel Fracaroli también pasa consulta en el Centro Terapéutico Mezquida de Xàbia.

 

Centro Terapéutico Mezquida
c/Manuel Bordes Valls 4 bajo
Puerto de Xàbia
Tel: 606 16 4040
info@terapiasmezquida.com
www.terapiasmezquida.com
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