La naturalista Jane Goodall nos anima a cambiar el planeta con pequeños gestos

Por: Guiomar

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Tiempo de lectura: 5 minutos

La naturalista, primatóloga y premio Príncipe de Asturias Jane Goodall realizó una charla en el Aula CAM de Alicante titulada la «Conservación de la biodiversidad: Una tarea de todos». El mensaje principal de esta mujer, que ha dedicado su vida al estudio del comportamiento de los chimpancés en África, y ahora viaja por todo el mundo promocionando acciones sostenibles a través de su fundación, es que todos tenemos el poder de hacer un mundo mejor a través de pequeñas acciones.

 

Jane Goodall ha sido toda su vida una mujer intrépida, amante de los animales, que nunca ha dejado de perseguir sus sueños…, y llevarlos a cabo. Durante cuatro décadas estudió la impresionante complejidad de los chimpancés, revelando al mundo que en realidad se parecen mucho más a nosotros de lo que pensábamos.

Fue Goodall la que observó por primera vez a un primate fabricar una herramienta, al despejar de hojas un trocito de rama y utilizar el palo para atrapar termitas. Este sencillo hecho puso en entredicho la firme creencia hasta entonces de que el ser humano, el Homo sapiens, era sustancialmente diferente a los demás animales.

 

Esta mujer de origen humilde, que no contó de  joven con los recursos económicos para estudiar, no dudó un segundo cuando una amiga de la infancia le invitó a África, el lugar con el que siempre había soñado. Trabajó duro de camarera para reunir el dinero para el viaje, y una vez allí encontró trabajo como secretaria. Un año más tarde conoció al famoso antropólogo Louis Leakey, quien se quedó sorprendido por los conocimientos sobre África de esta joven de 23 años sin estudios. Leakey la contrató inmediatamente, y fue él quien organizó el estudio sobre la comunidad de primates que acabaría siendo la pasión de Goodall.

Jane realizó increíbles descubrimientos sobre la sociedad de los chimpancés, su cultura, y su manera de pensar. Pero no había ido a la universidad, y Leakey no podía estar siempre detrás de ella, por lo que éste le facilitó la posibilidad de realizar un postgrado en Cambridge.

Su primer encuentro con los científicos académicos fue todo un choque. Le dijeron que no podía hacer lo que había estado haciendo: no era correcto dar nombres a los simios -sólo debían de enumerarse-, no podían tener personalidad, ni tampoco se les podía comparar con los seres humanos. Por suerte para la ciencia, y para la humanidad, Jane había tenido muy buenas influencias a lo largo de toda su vida.

Su madre, desde que era muy pequeñita, siempre le había apoyado y fomentado su curiosidad por la naturaleza. Cuando con cinco años se escondió en un gallinero durante cuatro horas para descubrir de dónde salían los huevos de las gallinas, no le riñó, sino que escuchó el entusiasmo de la pequeña al relatar lo que había descubierto. O cuando Jane fue enviada por Leakey a Gombey para estudiar a los simios, no podían dejar que se fuera sola, así que su madre le acompañó.

Pero el mejor profesor que tuvo Goodall, que le enseñó que los animales sí tienen personalidad, fue su perro «Rusty», confiesa esta increíble mujer que durante algo más de hora y media relató su vida, de pie, sin pausa, sin prisa, con la energía de alguien que ha aprendido el arte de la paciencia, y que poco a poco, paso a paso, se pueden lograr los cambios más grandes.

 

Más allá de los simios: los proyectos del Instituto Jane Goodall

Una mujer que un día levantó la vista del bosque tropical donde vivían sus amados simios y vio cuán pequeño se había quedado por culpa de la deforestación y la minería descontrolada. Sólo 30km2 que a penas podrían albergar unas pocas generaciones más antes de que la endogamia acabara con el grupo de chimpancés.

 

Había que hacer algo, pero Jane Goodall enseguida se dio cuenta que cualquier acción debería contar necesariamente con la ayuda de las tribus que vivían en esa zona. Entonces, creó el programa «Take Care», a través del cual se ayuda a los nativos, por ejemplo, aportando centros de salud y escuelas, y métodos de cultivo más sostenibles, para que ellos luego se impliquen en la conservación de su propio territorio. De esta manera se ha conseguido que cada tribu de Gombe ceda un 10% de su terreno para el hábitat de los chimpancés, conformando una franja que garantiza que estos puedan trasladarse y mezclarse con otros clanes.

 

Pero Jane no paró allí. En sus observaciones vio que son más lo que nos une con los simios que lo que nos separa. Podemos recibir transfusiones de ellos; la diferencia en el ADN es de menos del 1%; ambos tenemos cultura, personalidad, inteligencia, y conductas y gestos iguales; los chimpancés tienen emociones como nosotros y hasta tienen cierta capacidad para resolver problemas. Pero, ¿en qué nos diferenciamos?

El ser humano ha desarrollado su cerebro de una manera explosiva gracias a su habilidad para la comunicación compleja a través del lenguaje. Podemos planificar con vistas a un futuro lejano, podemos resolver problemas de manera colectiva. Pero si somos las criaturas más intelectuales sobre la Tierra, ¿por qué la estamos destruyendo?

En algún momento, explica Goodall, hemos realizado una extraña división entre mente y corazón. Queremos a nuestros hijos, pero somos capaces de tomar decisiones que dañan el planeta. Para ilustrar este hecho recordó las palabras de un inuit (esquimal), «nosotros en el norte sabemos lo que vosotros en el sur hacéis porque vemos cómo se derrite el hielo; ¿cuándo se derretirá el hielo de vuestros corazones?». ¿Cuándo veremos por fin las consecuencias de nuestras acciones sobre el planeta?

 

Todos podemos contribuir a salvar el planeta

Esto llevó a Jane Goodall a crear el programa «Roots & Shoots» (raíces y brotes), a través de la fundación que lleva su nombre. Raíces y brotes son lo que surge de la semilla, tan frágil y sin embargo, tan fuerte, capaz de hacer camino incluso a través de la roca.

«Roots & Shoots» se basa en la filosofía de Jane que a través de las acciones pequeñas de todos nosotros podemos cambiar el mundo. Actualmente hay 10.000 grupos activos de R&S en 110 países diferentes. Cada uno de ellos lleva a cabo tres proyectos, elegidos en función de los temas a los que están más sensibilizados, uno que tiene que ver con las personas, otros sobre los animales y en tercero que atañe al medio ambiente.

 

La Fundación Jane Goodall trabaja sin cesar para contribuir a que el planeta se recupere y sea un lugar mejor para nuestros hijos. Y son precisamente estos, con sus mentes abiertas y su tremendo entusiasmo los que tienen el poder para lograr cambios reales. Para ellos existe en España el programa de educación ambiental «Biodiverciudad«, cuya misión es «informar y concienciar sobre la existencia y la importancia de la biodiversidad en el medio urbano en que vivimos, para que entre todos adoptemos un estilo de vida más compatible con la conservación y recuperación de un entorno más equilibrado con el medio natural».

¿Sabías que los grillos sirven como indicadores de temperatura muy precisos? Sólo hay que escuchar las veces que hacen cri-cri y aplicar esta sencilla fórmula: temperatura del aire (°C) = (n° de cantos por minuto/5) – 9. Esto y mucho más se puede aprender en www.biodiverciudad.org.

 

Pero la naturista no se olvida de sus queridos monos, y a través del Instituto Jane Goodall también está llevando a cabo acciones para recuperar simios que han sufrido traumas por haber sido encarcelados, maltratados o haber presenciado la muerte de sus madres o familia. Mediante el programa «Chimpamigos» puedes apadrinar a un chimpancé y ayudar a su recuperación.

También se puede contribuir a preservar su hábitat reciclando tu teléfono móvil. Con «Movilízate» puedes enviar tu celular para su reciclaje. Esta simple acción, totalmente gratuita, contribuye a disminuir la necesidad de coltán, mineral cuya extracción es causa de deforestación y guerras.

 

Jane Goodall terminó su charla afirmando que está convencida que la humanidad llegará a darse cuenta y actuar a tiempo para salvarse a sí mismo y al planeta. ¿Por qué? Porque somos inteligentes, y estamos aprendiendo a querer una huella ecológica menor; cada vez somos más los que entendemos que debemos llevar vidas más sostenibles. Porque la naturaleza tiene una gran capacidad de recuperación y regeneración. Y porque tenemos compasión.

Goodall contó una historia real de un hombre que arriesgó su vida en un zoo para salvar la de un chimpancé que había caído al agua. A pesar de correr el riesgo de ser atacado por los otros simios, ayudó al mono que se estaba ahogando a subir a tierra firme. ¿Por qué? «Porque en sus ojos vi una expresión muy humana que no pude resistir; decían: ¿puede alguien ayudarme?».

 

 

 

Ver más en:

www.janegoodall.es

www.janegoodall.org

www.biodiverciudad.org

http://www.elmundo.es/especiales/2007/10/ciencia/jane_goodall/

 

 

 

 

 

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