La Riada de Xàbia: El día después

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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Hoy ha amanecido un día precioso. Extraño contraste a la vista del desastre que ha dejado la riada. Los cerca de 400 l/m2 caídos en varios puntos del interior de la comarca provocaron las subidas del Girona y del Gorgos con las desastrosas consecuencias que ya conocemos a través de los diferentes medios de comunicación.

Xàbia no ha sido tan mencionada como otras poblaciones, pero también ha sufrido los efectos de millones de litros de agua debocados de su cauce.

El río Xaló, que después se convierte en el Gorgos, nace en lo más profundo de la Vall de Pop, y para cuando se acerca el mar, miles de pequeños barrancos han alimentado sus aguas, que discurren con cada vez más rapidez en dirección al mar. Cuando el Gorgos alcanza el cruce de la carretera a Benitatxell, se ve alimentado por el barranco de Lluca y les barranqueres. Es a partir de este punto cuando el río ayer abandonó por completo su cauce, invadiendo primero los caminos agrícolas cuyos nombres evidencian que por ahí suele dirigirse, Camí del Barranc de Lluca y Camí de la Fontana.

Sin embargo, el Gorgos continuó creciendo, invadiendo todos los caminos y anegando campos y casitas, además del camping. El agua llegó hasta los caminos de Bevenguts y Benarribats, que junto al Camí de la Fontana sirvieron de desagües para un cauce que recordaba perfectamente que alguna vez fue un delta.

El Gorgos se ensanchó cerca de tres kilómetros por su ladera sur, y por toda la carretera del Pla, desde la rotonda del Rotary hasta el primer cruce del Arenal, se podía apreciar hoy los efectos de la fuerza del agua: locales inundados, vallas tumbadas, sillas de plástico en la mediana, un contenedor en medio de una rotonda,…

En el Puente del Lavador los cañizos se amontonaban encima del muro y sobre la rotonda con la escultura de Marí. No había duda de que el agua había pasado muy por encima. Un poco antes, la casa fuerte que durante siglos permanecía imponente, recordando la protección que ofreció antaño a los agricultores, a penas se aguantaba en pie, impotente ante la avenida de agua como el Camí del Pou del Moro, completamente destrozado.

Al Arenal el río llegó por el canal de la Fontana, pero también por el Pla, inundando parte de la Avenida Augusta hasta el primer cruce del Arenal, donde el agua bajó por la Avenida de la Fontana –que por algo se llama así-, abriéndose cada vez más hasta llegar a inundar los primeros dos bloques de locales comerciales de la Avenida de la Libertad, pasar por encima del paseo, caer a la arena con fuerza a través de los bancos, y finalmente alcanzar el mar.

Al mismo tiempo, y como ya informamos ayer, el canal de la Fontana se desbordó, uniéndose a su afluente que venía por la avenida del mismo nombre para formar un gran río, inundando dos manzanas (entre las calles Génova, Pissa, Augusta y Florencia) y sus garajes, así como el hotel Villa Naranjos y todos los bajos de las casas y apartamentos situados en esa zona, en la que los propietarios, atónitos, poco pudieron hacer por salvar sus pertenencias por la rapidez con la que la inundación se produjo.

Ayer mencioné que un coche circulaba boca abajo por el canal. Hoy he podido saber que era un quad y que con él la corriente arrastró también a sus dos tripulantes, un chico y una chica. Él consiguió salir del agua justo antes de pasar el puente, y ella fue rescatada en el último momento, semiinconsciente y azul, en la bocana. Parece ser que ha conseguido sobrevivir. Al parecer, habían sido avisados de no cruzar el Pla, pero decidieron buscar una ruta alternativa.

Qué decir del escenario que dejaron las embarcaciones que se fueron soltando, y que al taponar el canal –y es que más de 50 son muchos para pasar por debajo del puente-, en parte empeoraron las inundaciones.

Hoy la playa del Arenal parecía más bien la costa de los esqueletos. Alguien dijo que contó hasta 52 embarcaciones. La afluencia de gente era tremenda. Algunos buscaban sus barcos. Quien lo encontraba en el canal sentía como un pequeño triunfo. Otros paseaban por la playa buscando el suyo. Pero unos cuantos no encontraron ni rastro de sus barcos.

Se produjeron escenas curiosas, ya que el Arenal se llenó de “turismo de catástrofes”. Cientos de personas abarrotaron la zona desolada tomando fotos o paseando incrédulos a la vista de los daños causados.

Cuesta creer la dimensión de los daños de una catástrofe natural que ocurre con tan poca frecuencia, y sin embargo deja una huella tan profunda en subconsciente colectivo. Ahora entiendo por qué siempre los de Xàbia tenían tanto miedo de la gota fría. Lo heredaron de los que vivieron la Aiguà del ’57.

He subido fotografías de ayer y de hoy en un par de álbumes de Flickr. Si me enviáis vuestras fotos, las puedo incluir. Espero incluir más fotos dentro de unos días.

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