La Riada de Xàbia: el río llegó a tener unos 2km de ancho

Por: Guiomar

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Hemos recorrrido el camino del río en su paso destructivo a través del Pla hasta el mar, y sus huellas nos cuentan la historia de lo que ocurrió la tarde del día 12.

El alcalde de Xàbia ha declarado que se instalará una oficina en el retén de la Policía Local del Arenal (al lado de la Oficina de Turismo) para registrar las pérdidas por la riada y gestionar las ayudas, que será atendida desde las 9h hasta las 22h.

Los daños causados por el temporal han sido cuantiosos aunque todavía no se ha podido hacer una primera valoración oficial. Afortunadamente no ha habido que lamentar ninguna pérdida humana.

El alcalde de Xàbia, Eduardo Monfort, hizo unas primeras declaraciones públicas con respecto a la riada y notificó que el Ayuntamiento abrirá una oficina para que las personas que hayan sufrido daños en la riada puedan declarar sus pérdidas.

Asimismo, explicó que la zona agrícola del Pla y el Arenal fueron las áreas más afectadas, e incluso hubo que evacuar a 150 personas de sus casas -25 por helicóptero-, que luego fueron alojadas en hoteles de Xàbia y Gata.

El alcalde felicitó a la Policía Local, Guardia Civil, Cruz Roja, Protección Civil y Bomberos de toda la provincia por su labor, y la buena coordinación entre ellos, a pesar de que las características de la catástrofe desbordaron literalmente todas las previsiones.

Xàbia acaba de homologar su Plan de Emergencias, pero nunca se pudo prever que el Río Gorgos crecería como lo hizo. Así, hubo que improvisar, y por ejemplo, el primero puesto de mando se ubicó en un chiringuito del Montañar, y posteriormente en el Parador.

Un cauce inimaginable
Hoy he recorrido todo el camino del desastre para intentar descubrir por dónde se desbordó el río y cuál fue su trayectoria desde su entrada en el término.

Desde la Ermita de Benitzaina quedaba evidente que el Gorgos había bajado con mucha fuerza. Si uno se para al final del Camí de Benimeli puede ver perfectamente el lecho del río a más de un kilómetro tierra adentro. Y es que el cauce ha cambiado completamente su fisionomía.

Antes era mucho más estrecho, quizá la mitad o menos, con laderas inclinadas llenas de vegetación.

Ahora es un lecho ancho de entre 100 y 300 metros de lado a lado, con un talud vertical y una hermosa playa de grava. Es una estampa totalmente nueva que nada tiene que ver con lo que había antes.

La fuerza del agua se tragó un camino y un buen trozo de una parcela -más de 1000m2 según pude deducir de las declaraciones del dueño-, y ha dejado aislado e inutilizable el vertedero ilegal de Fontanelles.

Una vecina de la zona se ha quedado totalmente incomunicada, y para llegar a su casa debe ahora dejar su coche en el Camí Tarraula y caminar 2km. Hacía pocos minutos que había estado sobre la carretera que cruza el río, cuando éste engulló hasta el asfalto con facilidad -las aguas alcanzaban los cinco metros de altura-.

Siguiendo el curso río abajo, la vista es más familiar, aunque más despejada. Aún quedan muchas cañas, pero otras tantas han desaparecido. Después de la cementera el Gorgos siempre ha tenido un cauce ancho.

Sin embargo, luego cuando el cauce se estrecha, el viernes pasado el río no lo hizo, llegando a cruzar la carretera de Benitatxell con casi 300 metros de anchura.

En este punto es cuando las aguas ya violentas del Gorgos se juntaron con las del Barranc de Lluca. La lucha de poder entre los dos cauces es evidente en los campos que jalonan el Camí dDBC##1En Roca. Ganó el Gorgos, según atestiguan las plantas aplastadas, pero Lluca opuso resistencia y se debieron crear fuertes corrientes.

El cauce de los dos afluentes se ensanchó más y comenzó a trazar un triángulo isósceles hasta el mar. Uno de los lados, el cauce del Gorgos, y el otro, en su extremo con aguas más mansas, pasó por la perrera -se salvaron todos los animales porque se subieron a las casetas-, siguió por el Camí del Barranc de Lluca con una altura de casi tres metros, arrasando antes un vivero del Camí les Sorts, atravesó todos los campos de naranjos y agrícolas que encontró en su camino -allanando huertos y llevándose a muchos animales-, derribó vallas y muros y anegó casitas de campo, antes de llegar a la altura de los dos campings.

En el Pont de Llavador saltó con fuerza y destrozó la casa fuerte del Camí del Río y el Camí del Pou del Moro. Un poco más abajo, la fuerza era tal que troncos de árboles literalmente saltaban varios metros en el aire antes de seguir dando tumbos por el Camí de la Fontana.

El agua anegó los dos campings, Jávea y Naranjal, siendo este último casi el límite sur del alcance de las guas. ¡Unos dos kilómetros los separan!

El río atravesó la carretera del Pla con fuerza, inundando locales y desplazando coches entre la rotonda del Rotary y los semáforos del Arenal.

Las aguas de la carretera del Pla y la del Camí de la Fontana salieron por el canal del mismo nombre y cubrieron bajo un metro dos manzanas adyacentes al canal. Depués se juntaron con el «pequeño» torrente que bajaba desde el Camí de las Moreras y la Avenida de la Fontana para alcanzar el mar con una amplitud de unos 400m.

Ha sido impresionante descubrir la huella del agua.

 

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