La Unión hace la fuerza

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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El pasado 20 de febrero, España dio el “sí” al tratado por el que se establece una Constitución Europea –o “sí” a la Constitución Europea, como se ha conocido popularmente-, y a los valores que representa.

La UE, desde la CECA hasta la UE
La Unión Europea comenzó a dar sus primeros pasos a mediados del siglo XX con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Después de las Guerras Mundiales, Francia decide que es necesario recuperar la paz y la economía en Europa. En Roma, en el año 1951, seis países europeos firman su adhesión a la CECA: son Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. En 1957 se firman los Tratados de Roma por los que se crean la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM) y la Comunidad Económica Europea (CEE), creando un mercado común entre los mencionados países.

El Reino Unido, Irlanda y Dinamarca se incorporarían en 1973; Grecia en 1981; España y Portugal en 1986; y Austria, Finlandia y Suecia en 1995. A partir de su adhesión a la CEE, España, gracias a los fondos de cohesión provenientes de la Unión, ve cómo su economía empieza a fortalecerse, y pasa de ser un país casi tercermundista, de toros y peinetas, a ser el estado fuerte y desarrollado que es ahora. Durante las dos últimas décadas, la Europa unida sigue creciendo, con la firma de varios tratados que van perfilando su convivencia (Maastricht –la CEE se pasa a llamarse Unión Europea-, Ámsterdam, Niza,…), y la adhesión en el 2004 de diez estados más. Ahora la Unión Europea está conformada por 25 naciones y 450 millones de personas, y es el momento de dar un nuevo paso que procure la igualdad entre los países miembros y sus ciudadanos. Por ese motivo, el 29 de octubre de 2004, los Jefes de Estado y de Gobierno de los veinticinco países firmaron en Roma el tratado por el que se establece una Constitución para Europa.

España elige ratificar en función de un referéndum
Este tratado debería luego ser ratificado por cada uno de los estados, bien vía parlamentaria –el procedimiento realmente democrático-, o bien por referéndum. En España, y en consonancia con la política social del actual Gobierno, se decide someter la Constitución a referéndum, a pesar de que según la legislación española no es vinculante, y es el Parlamento el que tiene la última palabra. España se convierte así en el cuarto país en ratificar la Constitución Europea (CE), detrás de Lituania, Eslovenia y Hungría, y el primero en hacerlo por referéndum. Estas prisas y la dificultad para enterarse de, y por tanto evaluar, el contenido del tratado ha suscitado no poca polémica, incluso entre los defensores del “sí”.

Un tratado incierto para algunos, y que enamora a muchos
Desde un punto de vista histórico y geopolítico, la Constitución Europea no es más que el siguiente paso lógico en la evolución del viejo continente. Si es así, quizá el referéndum sólo sea una forma de recordar a los españoles que somos europeos “de pro” y no “aspirantes a”. Un poco de marketing que viene bien, ya que uno no pierde su identidad cuando se une a un grupo –como temen algunos detractores del tratado-, sino cuando pretende ser algo que cree que no es. Y es que todavía hoy el español medio no acaba de sentir que verdaderamente forma parte de la UE. ¿Quizá ser los primeros en decidir pueda ayudar?
Sin embargo, siempre que se produce un salto cualitativo en la sociedad, aparece el miedo y la desconfianza. Algunos se quejan de la falta de información, pero es porque no se han leído el texto –asequible para la mayoría-, y/o no han ido a ninguna reunión informativa. Otros creen que ratificar la Constitución significa romper lazos con EEUU, perder control sobre algunas competencias, o perder la propia identidad…, y no quieren que las cosas cambien tan rápido. Necesitan percibir más control, más dominio.

Es cierto que la CE supondrá una cierta pérdida de peso específico para algunos países, como España, en cuanto a su representatividad en el Parlamento Europeo, y que quizá hubiera sido mejor trabajar más el texto. Pero no hay que olvidar que este tratado ha sido elaborado por todos los países.
Por otro lado, la CE también supondrá una cierta pérdida de control a niveles políticos inferiores, pero visto lo visto, eso no iría en detrimento del ciudadano de a pie, sino del político… Además, también es verdad que la CE supondrá una mayor protección del medioambiente y mejora en la defensa de los derechos fundamentales de las personas -sean jóvenes o viejos, de cualquier credo, hablen la lengua que hablen, sean hombre o mujer- y del trabajador.
¿Por qué? Porque con la CE ratificada por toda la Unión, ningún gobierno podrá saltarse a la torera los derechos comunitarios -o permitirlo como hasta ahora-, ya que tendrían que rendir cuentas a un organismo superior y con un mayor sentido de la moral (por tener menos intereses creados debido a la distancia, y sin embargo, más ojos que lo miran y controlan). En otras palabras, la CE es buena para las víctimas de la LRAU, para los defensores de la naturaleza, para los trabajadores tratados injustamente por sus jefes, etc. La CE es un mecanismo jurídico al alcance de todos los ciudadanos miembros de la Unión.
Pero además, al no haber fronteras dentro de Europa, la CE es buena para la economía, para la tecnología, para la ciencia, para los estudiantes, etc.

Los residentes se sienten molestos por no poder votar
Ha habido un cierto malestar por parte de los algunos residentes europeos con respecto al referéndum, ya que la actual legislación sólo les permite votar en elecciones municipales y europeas, pero no en las estatales o los referéndums. Además, muchos de ellos tampoco pueden votar en su propio país por no permitirlo sus leyes en caso de residir en otro, con lo que se quedan sin poder expresar su voto, a pesar de ser ciudadanos europeos. Desde la Comisión de Residentes Europeos de la Federación Valenciana de Municipios se ha informado al Gobierno del problema que produce este vacío legal. Han solicitado una modificación de la ley para permitirles votar en el referéndum, pero sin éxito.
Los residentes extranjeros piden que se tengan estos problemas en cuenta en la Constitución Europea para que en el futuro cualquier ciudadano de la Unión pueda votar sin problemas en Europa los asuntos que le atañen como ciudadano, sea residente, nacional o nacionalizado. Así mismo, la Comisión de Residentes también pide que se elimine el trámite actual que les obliga a certificar –dentro de unas fechas determinadas- su deseo de votar, antes de los comicios. Los residentes desean poder ir a las urnas directamente, como los demás ciudadanos. Creen que España, que cuenta con un número alto de residentes europeos, es quien debe representar sus intereses en Europa.

GRMK / VRM

 

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