Las andas de Jesús Nazareno brillan en todo su esplendor tras la restauración de Vicent Català

3 marzo, 2018Por: Redacción

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Tras el fervoroso e histórico halo que rodeó -el pasado año- a la figura de Jesús Nazareno durante la conmemoración del 250 aniversario de la imagen y del 50 aniversario como Alcalde Perpetuo de la villa, cabía preguntar: ¿Y ahora qué?

Xàbia en su totalidad demostró su devoción hacia la venerada imagen o, por lo menos, quiso ser partícipe del hito que muchos vivieron con especial intensidad hace veinticinco años, otros apenas recordaban porque eran muy pequeños por aquel entonces y otros muchos no tenían constancia de la magnitud de aquello. Sin embargo, después de la vorágine, llegó la calma. Mantener el recuerdo de la experiencia vivida y prolongar su impacto no era/es una tarea fácil.

Cuando Jesús Nazareno volvió a descansar en su ermita del Calvari, el sentimiento de la Cofradía era unánime y muy claro: “Hay que cuidar esto. Hay que preservar el sentido y significado de Jesús Nazareno en Xàbia”. Como siempre, las acciones para lograr este objetivo son muchas y atañen a distintos aspectos (fiestas, devoción, religiosidad, historia, tradición, cultura etc.)

Sin embargo, uno de ellos, de especial mimo y precisión, es el que acontece al patrimonio. Preservar y conservar la imagen de Jesús Nazareno, sus andas, sus ropajes y su casa; suponen una contundente pero necesaria. Pertenecen a la cultura del municipio y son fruto del esfuerzo y dedicación de los antepasados de una villa que ha cambiado mucho con el tiempo pero que posee unas raíces históricas y artísticas inconmensurables y de gran riqueza que, sin su especial protección, pasarían a perderse en el olvido.

Durante la procesión de Bajada de 2018, Jesús Nazareno se erigirá imponente -como siempre- sobre unas andas con otra luz. Unas andas que, gracias al estudio técnico y laboriosa restauración del xabiero Vicent Català y la inversión realizada por las dos cofradía de hombres y de señoras de Jesús Nazareno, brillarán como en antaño. Y no, el trabajo realizado no ha consistido en “limpiar el polvo y darle brillo a la madera”.

Tres meses de trabajo son los que Català ha invertido en a este encargo único con la colaboración del muralista Víctor Goikoetxea. Tras la restauración de la venerada imagen y de su camerino que llevó a cabo hace seis años “quedaba pendiente la de las andas”. “Todos éramos conscientes de esta necesidad y, después del trajín del año pasado, este trabajo se volvía más urgente ya que se encontraban en un deterioro considerable”, cuenta Vicent. “Aprovechando el recuerdo del 250 aniversario y las reformas realizadas en su ermita que mejoraban el problema de la humedad, era el momento perfecto para realizar los trabajos”, señala.

Las actuales andas, sufragadas por el ministro Navarro Rubio, poseen un trabajo muy rico en cuanto al tallaje con decoraciones neogóticas que evocan a la arquitectura de la iglesia de San Bartolomé. Esto, “las hacen muy especiales e incrementa su valor patrimonial”, cuenta el restaurador. Su madera es policromada -hecho que le concede más valor dado el trabajo que supone su realización- y dorada en su totalidad con oro de 20 quilates.

Un trabajo minucioso y de precisión

Tras un estudio organoléptico, se comprobó que el conjunto sufría serias patologías como un ataque activo de xilófagos (carcoma) que estaba perjudicando gravemente a la estructura de madera. De ahí, que el primer paso realizado por Català, fuera un tratamiento de emergencia para eliminarlo. Luego, analizando en profundidad, se descubrieron numerosas grietas y roturas “más allá de las visibles” y una pérdida importante de soporte, de las ornamentaciones (fruto del desgaste en procesiones y roces) y del oro que las recubría.

Para atacar todos estos frentes, el restaurador comenzó a reintegrar esa pérdida de soporte, nivelar y rellenar todas las fisuras (algunas de ellas microscópicas) y reconstruir volumétricamente las masillas y estucos.

Uno de los pasos más complejos a los que se ha enfrentado Vicent Català, ha sido la reconstrucción de las ornamentaciones que se habían perdido “siguiendo los procesos artesanales que se utilizaron en su primera confección”. En este sentido, el restaurador comenta que las andas “habían perdido muchos de sus adornos y detalles”.

Otro de los inconvenientes que han dificultado la restauración, ha sido el uso de siliconas y productos de limpieza que se han utilizado a lo largo del tiempo para el “mantenimiento” de la talla y el humo de las velas de la capilla. Todo esto, según cuenta Català, “crea una capa de grasa superficial que debe eliminar para que, a la hora de trabajar, el producto se asiente y no lo rechace”. Para ello se han realizado catas de limpieza para averiguar todos los componentes que se encontraban en la madera y, una vez reconocidos, se han limpiado con hisopos (bastoncillos) y los disolventes adecuados.

Una vez saneadas las andas, se ha procedido a nivelar y proteger los estucos, aplicar el bol (capa que precede al dorado) y, posteriormente, se ha vuelto a dorar con unas pequeñas y delicadas láminas de oro fino de 22 quilates. Por último, y por decisión de la Cofradía y del propio restaurador, se ha decidido barnizar todas las andas para crear una capa de protección que evite su rápido desgaste con el paso del tiempo. “El oro fino queda muy bonito sin proteger, pero requiere de una película que evite su deterioro a causa del roce y del tiempo. El Nazareno es un paso procesional que sale mucho y cualquier inclemencia puede afectarle”, cuenta Vicent.

Los cuatro faroles brillan como nunca después de haberse limpiado químicamente y pulido. Los varales han recibido un nuevo baño de oro (en la actualidad lo habían perdido) y se ha colocado una nueva instalación eléctrica. Las barras de madera que los portadores cargan en sus hombros también son nuevas. Se han realizado unas idénticas a las originales en madera sapelly de alta densidad, mucho más resistentes y duraderas que las anteriores de pino y que permiten reforzar la estructura.

El reto de su conservación

Català (que se ha ocupado del mantenimiento de la imagen de Jesús Nazareno durante los últimos diez años) cuenta que, a partir de ahora, “debería realizarse un mantenimiento anual para tratar los posibles desperfectos que apareciesen”. “Lo ideal para conservar una talla de estas características sería unas condiciones ambientales idóneas controlando la humedad y cubriéndolas para protegerlas del polvo”, apunta Vicent. Estas condiciones no se dan a día de hoy en el Calvari pero la intención es ponerlas en marcha.

Luego, para adecentarlas de cara a su salida en cualquier evento, “simplemente se requiere de un plumero”. El restaurador sostiene que no es necesario utilizar productos de limpieza que más allá de dotar de un brillo pasajero a las andas, afectan a su composición y aceleran su deterioro.

La imagen del Nazareno volverá a estar junto a los vecinos y vecinas tras la procesión de Bajada el domingo día 4. Al resguardo de la iglesia-fortaleza permanecerá, como manda la tradición, hasta el 3 de mayo en que se produzca la procesión de Subida a la ermita del Calvari. Como es habitual, la imagen participará en la procesión de Viernes Santo.

 

 

 

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