Letras para recorrer el Camino del Alba

15 septiembre, 2012Por: Guiomar

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Buenos días y feliz hora esta en la que nos reunimos en el Salón de Actos de la Casa de Cultura de Xàbia. Excepcional  espacio de encuentro de caminantes, viajeros y viajeras, peregrinas y peregrinos, excursionistas, representantes de Ayuntamientos, amantes de caminos y de sendas, enamorados de la tierra y de las gentes, sembradores de la concordia y de la paz.

La humanidad es viajera por naturaleza. Desplazarse de un lugar a otro, buscar parajes donde vivir con mayor comodidad, levantar poblaciones acogedoras, desarrollar culturas, consolidar países, crecer, son hechos constantes en la historia.

A lo largo de los siglos, el ser humano ha recorrido la tierra y se ha servido de ella,  en unas ocasiones con bondad creativa, en otras con avaricia destructiva. La huella de unas y otras acciones queda marcada en la corteza de nuestro planeta como modelo a seguir o como ejemplo a detestar. Conocer o colonizar, compartir o dominar, trazar o desgarrar, convivir o aniquilar, respetar u odiar, desarrollar o menguar, son alternativas antagónicas con las que han actuado contradictoriamente generaciones enteras y que han configurado la sociedad contemporánea. 

Quienes hoy nos encontramos aquí hemos optado por conocer, compartir, trazar, convivir, respetar, desarrollar.  Buscamos como modelo huellas bondadosas, fruto del conocimiento creador que nos debe llevar a hombres y mujeres a compartir la tierra. Seguimos la línea de los caminos que nos deben servir para la convivencia respetuosa y para propiciar  el encuentro cultural de los pueblos que engrandece la humanidad.

 

El Camino del Alba se ha trazado para integrarse en el secular entramado viario del Camino de Santiago ( sant Jaume o saint Jacques), que fue abierto durante la edad media con la finalidad de dedicar culto al santo, y desde entonces está marcado por el ancestral concepto de los viajes iniciáticos, que deben llevar a quienes alcanzan la meta a una evolución personal y a obtener bienes espirituales o materiales.

 

Pero el paso del tiempo y las enseñanzas de la historia nos han dado amplitud de miras. Peregrinos, caminantes, viajeros, emprendemos el recorrido por diferentes razones. Para unos espirituales, para otros culturales o deportivas o turísticas, o quizá todas a la vez, sin olvidar los motivos económicos, motores seculares también de muchos hechos.

En estos momentos, ya no son las recompensas de la llegada a la meta las únicas motivaciones del camino, sino que el trayecto en sí mismo proporciona suficiente estímulo para recorrerlo.

Cobra importancia el paso a paso, la caminata diaria, la contemplación del paisaje,  de un bosque, de una hierba, de unos márgenes o de una piedra. Nos embelesamos  ante la silueta de una montaña que aparece o desaparece por detrás de la cordillera que la conforma, de una nube que cubre el sol o lo destapa, de una población que se dibuja en la lejanía… Y aprendemos con la convivencia entre los viajeros y el  conocimiento de nuevas gentes.

El hecho de iniciar la jornada ya entusiasma, o de sentir el latido del corazón y la fuerza del cuerpo en cada pisada, el ritmo de los brazos, el movimiento de las piernas. Es gratificante beber el agua de una fuente amable, resguardarse en un cobijo seguro, cruzar una población… Y  cuando el peso del cansancio reclama el descanso, nos conforta la cálida sensación del final del trayecto, saborear una reparadora comida y esperar la maravilla del atardecer.

 

El nuevo Camino del Alba nos ofrece la joya del paso a paso. El itinerario,  elegido con meticulosidad  por animosos caminantes actuales, es un compendio de las antiguas pisadas con que nuestros antepasados fueron creando país. Transcurre por caminos abiertos antaño entre  llanuras, valles, montañas, barrancos, cultivos que guardan en cada tramo, en cada esquina, en cada desnivel, viejos secretos capaces de embargar el espíritu del viajero y transportarlo a tiempos inmemoriales, cuando regían otras formas de vida, de costumbres, de justicia,  pero la paz y la armonía, tan difíciles de conseguir antes como ahora, eran y continúan siendo la auténtica meta de las personas de bien.

De levante a poniente atravesamos la Comunidad Valenciana y entramos en Castilla-La Mancha. Desde las costas que más se adentran en el Mediterráneo hasta los pies de la meseta manchega, siempre pisamos tierra o empedrados milenarios en algunos casos; el asfalto apenas forma parte de esta ruta. Marchamos por atajos directos, o por sendas que serpentean  las vertientes de montañas y collados, por pasos que arañan las sierras en busca del acceso  más fácil, por cañadas  que atraviesan valles….

Gracias al viario del Camino del Alba cruzamos a pie, en bicicleta o a caballo, las comarcas valencianas  de la Marina Alta, la Safor, el Comtat,  la Vall dDBC##1Albaida y la Costera y entramos en Castilla-La Mancha por el Corredor de Almansa.

Con el esfuerzo de nuestro propio cuerpo unimos los pueblos de Xàbia, Jesús Pobre, El Verger, Pego, lDBC##1Atzúvia, Forna, Villalonga, LDBC##1Orxa, Beniarrés, Albaida, Ontinyent, Fontanars dels Alforins, La Font de la Figuera y Almansa.

Con los ojos atónitos por el paisaje y el olfato hechizado por las fragancias de la naturaleza conocemos palmo a palmo parte del territorio de cada población y tenemos asegurada la vivencia de unas jornadas intensas en lugares de  nombres con resonancias históricas, culturales, geográficas, ecológicas, agrícolas, gastronómicas, industriales, turísticas…

Pasaremos por vías como el Camí Vell de la Mar, de Pedreguer, el Camino Real, el Camí de Forna, la vía verde del antiguo tren Gandia-Alcoi, el Camí del Torrater, el del Alba, la senda dels Enginyers…  Observaremos de cerca los muros de castillos como el de Forna, de Villalonga, de Perputxent, de Almansa; notaremos las vibraciones de asentamientos milenarios o alquerías abandonadas como los poblados ibéricos de la Covalta o la Bastida de les Alcusses  o la alquería morisca de Canéssia. Descubriremos el silencio de las ruinas de antiguas masías, riuraus, molinos de viento o de agua, neveras, hornos de cal, fábricas de luz o de papel, estaciones de tren… Nos embriagaremos con los aromas que desprenden las plantas de montañas y sierras emblemáticas como el Montgó, Segaría, Mostalla, el Xelibre, la Safor,  el Benicadell,  la Covalta, la sierra de lDBC##1Ombria, el Capurutxo, la serra Grossa…, y   en más ocasiones de las deseadas, tropezaremos con esqueletos de plantas carbonizadas por el fuego. También traspasaremos ríos de caudal inconstante como el Girona, el Bullent, el Gallinera, el Serpis, el Clariano,  y veremos el paisaje reflejado en el espejo del pantano de Beniarrés…  Escucharemos crepitar la vida en espacios naturales como  la Marjal de Pego-Oliva o la vertiente del Serpis. Nos complaceremos con los cultivos  de naranjos, de árboles frutales, de vides, de almendros, algarrobos, olivos, y gozaremos con el perfume delicioso de los huertos.  Finalmente pasearemos cansados, pero llenos de satisfacción, por las calles y plazas principales de las poblaciones que nos acogerán al cabo de la jornada, y sentiremos como si allí estuviere nuestra casa, como si fuéramos vecinos o vecinas de ese pueblo, porque a lo largo del día hemos dejado nuestro aliento en sus caminos y el aire de sus campos nos ha curtido la piel.

 

Con independencia del motivo que lleve a cada uno a seguir el Camino del Alba, las imágenes, sensaciones, vivencias, experiencias, los conocimientos logrados a lo largo de la ruta, se guardarán entre los recuerdos más  memorables de nuestra vida, nos impregnarán  el  corazón y  la mente, y formarán parte de nosotros para siempre.

Os lo puedo asegurar.

 

Gracias a todas las personas, entidades, asociaciones y ayuntamientos que han hecho posible el trazado de este Camino del Alba.

Feliz encuentro y buen camino.

 

Pepa Guardiola

Septiembre, 2012

 

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