Manel Arcos presenta su libro sobre los bandoleros del siglo XIX

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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El periodista e historiador Manel Arcos presentó ayer en la Casa de Cultura de Xàbia su libro DBC##1La senda dels lladres. Bandolerisme als volants de la serra de Mostalla (1806-1839)DBC##1. Una obra galardonada con el XV Premi dDBC##1Investigació Històrica Francesc Ferrer i Pastor que aporta luz sobre el bandolerismo valenciano durante el siglo XIX.

Manel Arcos desveló que los bandoleros no era un tema tratado por los historiadores, ya que no había prestigio en hablar de criminales. Así pues, en el proceso de escribir el libro, se encontró que la documentación oficial hablaba poco «dels lladres», y cuando se hacía, se los trataba directamente de asesinos, mientras que para la cultura popular, a veces incluso se rodeaba a estos ladrones y saqueadores que actuaban en bandas con un cierto romanticismo.

Así, observamos que aún persisten toponimias y frases hechas que aluden a estas figuras, bien vistas por el populacho, ya que aunque no se trataba de personajes simpáticos ni generosos con su recaudación, sin embargo, sí que eran selectivos con sus víctimas, robando sólo a los más opulentos.

Algunas toponimias incluyen «la senda dels lladres», de las que hay varias en la comarca, aunque especialmente notable era la de la sierra de Mostalla, entre las comarcas de la Marina y La Safor. Precisamente de ahí es donde se inspira un dicho típico de Oliva que dice «qui vestit va a Forna, despullat sDBC##1en torna».

A los bandoleros no se les conocía por su verdadero nombre, sino por su «malnom» o apodo, actuaban en grupo, y muchos fueron antes soldados que habían participado en la Guerra del Francés, y como el único «oficio» que conocían era el del saqueo, a ello se dedicaron luego, sobre todo en las zonas más montañosas de la Marina y La Safor, menos accesible y fácil para emboscar. Huyendo de las grandes ciudades, como Dénia, Xàbia o Gandía, más opulentas y con su propia vigilancia.

El romanticismo que rodea la figura de alguno de estos ladrones aún persiste hoy en los cuentos populares, y el mejor ejemplo es el conocido Pinet de Tárbena. Pero en 1844 se creó el cuerpo de la Guardia Civil para deshacerse de los bandoleros, y según cuenta Arcos, el Estado se aprovechó y empleó métodos que no marcaba la ley, como la ejecución pública de estos malhechores.

Así pues, se hizo práctica habitual matar al bandolero que se había capturado, mediante el garrote, el fusilamiento, o incluso la «forqueta», cruento ejercicio que consistía en descuartizar en cuatro trozos y freír el cadáver del asesinado, para después colgar los miembros en lugares visibles y públicos de los pueblos a modo de escarmiento.

El pueblo de Vilallonga era el que se llevaba la palma en este tipo de demostraciones, ya que de ahí procedía la mayor concentración de villanos. Casi una veintena enjuiciados y muertos, cuyos trozos de cuerpo luego adornaron las cimas de las picotas, suerte de columnas dispuestas en las plazas o entradas de las villas, expresamente para la exhibición de los bandoleros descuartizados.

Pero lejos de disuadir, lo que se conseguía era convertir a los ladrones en leyenda, y la opinión pública estaba dividida, a favor y en contra de los bandoleros. Se llegó a tal extremo que en la prensa de la época, lo rotativos más liberales apoyaban a estos, mientras que la prensa conservadora los demonizaba.

Pero el cambio de siglo vería desaparecer a los bandoleros. Con la restauración, y la persecución a la que les sometía la Guardia Civil, pasaron de bandas a individuos sueltos, y el romanticismo acabo perdiéndose por completo.

 

DBC##1La senda dels lladres. Bandolerisme als volants de la serra de Mostalla (1806-1839)DBC##1 está a la venta en Biblos Librería Internacional por 16€

 

 

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