Nápoles y Pompeya contraste de impresiones

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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No es que me haya cansado de ver los monumentos y museos de Roma (todavía hay por ver), lo que pasa es que he pensado que seguro que no voy a volver a vivir en Italia tras el ERASMUS, y que es una oportunidad genial para conocer el país. Así pues decidí que mi siguiente iba a ser Nápoles y Pompeya.
Esta vez viajé solo y la experiencia ha sido fantástica, aunque he de reconocer que al principio tenía un poco de miedo, porque me habían dicho que es una ciudad peligrosa. Pero tranquilos, a no ser que os metáis en el barrio español de noche, no tenéis nada que temer.

Nápoles es una ciudad estupenda que se extiende a los pies del Vesubio, en la zona del Golfo de Nápoles. La ciudad tuvo su origen en el siglo VII a.C., cuando un grupo de colonos griegos de Cuma, después de luchar contra los Etruscos, se establecieron en este lugar al que llamaron “Neapolis”. Hoy día, con más de un millón de habitantes, Nápoles es la tercera ciudad más grande de Italia, después de Roma y Milán. Nápoles es una ciudad viva, despierta y con mucho movimiento.

Hay una sola línea de metro, pero te lleva a las partes más importantes de la ciudad. La parada de metro que te deja en el centro es Montesanto, desde allí puedes ir andando y ver todo el casco histórico, las calles más importantes, plazas e iglesias. En cuanto bajas del metro y vas hacia el centro, pasas por unas calles donde los comerciantes sacan a la calle sus productos, y no os hablo de ropa, sino de una carnicería que ocupa toda la acera, el panadero que tiene una vitrina, incluso pescaderías que exponen pescados y moluscos obligando a las personas a bajar de la acera.

Hay quien dice que Nápoles es una ciudad sin ley donde reina el caos. Para mí es una ciudad muy particular donde el viajero se ve inmerso en una jungla formada por viandantes, ciclomotores, coches y comercios, donde se siente que la humanidad ha invadido a la ciudad. Paseando por Nápoles no es extraño ver ciclomotores cuyos pilotos van sin casco, en dirección contraria y tocando el claxon, incluso ante los policías que apercibidos del hecho hacen como si no lo hubieran visto.

La Mafia nace en Italia, concretamente en Sicilia, pero este hecho se expande al resto de la península. Así pues, podemos encontrar a la Camorra en Nápoles, a la n’drangeta en Calabria y a la Sacra Corona Unita en la región de Puglia. Y esta presencia, aunque no se ve directamente, se percibe en el ambiente.

Quien valla a Nápoles no puede perderse el Museo Nacionale, donde se exponen gran parte de las obras encontradas en las excavaciones de Pompeya, además de la colección Farnese y un particular Gabineto Secreto, donde se expone una colección de obras con alto contenido obsceno: cuadros, esculturas o mosaicos con hombres con un pene más grande que la propia pierna, parejas haciendo sexo o simples penes erectos.

A quien le guste el arte contemporáneo, puede visitar el M.A.D.R.E, que consta de tres pisos para deleite de los amantes de este tipo de arte. De ahí podemos ir a la catedral, llamada Duomo, y después a la calle San Gregorio Armeno, llena de tiendas que venden productos para el belén, donde podemos encontrar desde la figurita que nos falta, hasta hierba u otros pavimentos, pasando por los típicos fuegos o las figuras en movimiento. Luego llegamos a la Plaza Nueva donde podemos visitar la iglesia del Gesù y el Claustro de Santa Clara. Todo recto llegamos a la Vía Toledo, calle que recuerda que Nápoles en un tiempo fue colonia española (desde 1442 con el reino de Aragón, hasta 1815 con los Borbones), y además es la calle principal de la ciudad.

Hacia el mar encontramos el castillo Nuevo, el Palacio Real en la Plaza de Plebiscito, y un poco más hacia delante, está el importante puerto de Nápoles, y al final del recorrido encontramos el castillo del Ovo. Después podemos dar un bonito paseo por la Via Caracciolo, bordeando el mar. En Via Toledo se puede coger el funicular de Nápoles, desde donde se puede contemplar la ciudad a vista de pájaro.

Desde la estación central de trenes cogemos el Circumvesubiana, que nos lleva a Pompeya, esta pequeña ciudad en ruinas fue fundada en el siglo VII a.C., y gracias a la erupción del Vesubio en el 79 d.C. y a las excavaciones iniciadas a finales del siglo XVI, hoy podemos disfrutar del yacimiento más importante de la época romana. La visita entera nos puede llevar de dos a doce horas, si queremos ver toda la ciudad. Yo os aconsejo empezar por los monumentos públicos, tales como el Foro, la Basílica, el Teatro, el Termopolio, las termas, los Templos de Venus, Apolo, Jupiter y Vespasiano, etc. Pero tampoco dejar de visitar las villas donde en algunos casos podemos ver fuentes, cocinas y frescos.

En Pompeya uno se sumerge en una ciudad donde los antiguos hacían su vida, iban a los espectáculos de gladiadores, al teatro, a adorar a los dioses en los templos, y se desplazaban por mismas calles por las cuales vamos nosotros, y hacían su vida en casas en las que podemos entrar. Es fantástico, todo te transporta a otra época; una en la que social y artísticamente estaban muy avanzados, donde quien gobernaba entretenía al pueblo con juegos o funciones, donde no sólo había un solo dios, donde todos vestían con una simple túnica.

No podemos despedirnos de Nápoles sin antes comer o cenar una Pizza Napoletana, que es diferente al resto de pizzas, y que en ningún sitio las hacen tan buenas como allí. Incluso el borde es delicioso. También os recomiendo dos dulces exquisitos: la Sfoglietella (pasta rellena de ricotta) y el babà (pasta al ron). Y un licor buenisimo, el Limoncello, licor de limón procedente de la costa Amalfitana, cerca de Nápoles.

por Víctor Vallés

 

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