No más revoluciones. La inutilidad de las revoluciones y cambios externos

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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Hoy en día se habla mucho del cambio, de la transformación de la conciencia. Hay muchos movimientos para el cambio, los indignados, 15-M, movimientos ecológicos, nuevos partidos políticos, trabajadores de luz,  entre otros muchos.

La gente se organiza y esto está bien sin duda alguna, porque refleja la necesitad del cambio. Amanece una nueva revolución, parece que es inevitable, siempre es el mismo patrón; hay un tiempo de estabilidad, y por falta de comprensión de la realidad, por falta de sabiduría tarde o temprano comienza a desarrollarse una tendencia decadente y destructiva que luego da paso a una revolución o cambio externo.

Pensamos que nuestro tiempo es especial, diferente a todos los tiempos anteriores, es posible pero… ¿no es más bien, que cada generación ha pensado que su época era muy especial?  y cada generación tuvo razón.

Cuando estallo la 2ª guerra mundial, también lo pensaron y  lo mismo sucedió con las grandes revoluciones en Francia y Rusia, se gestaron para un cambio, pensando que las cosas van a cambiar, igualmente sucedió cuando millones de personas se fueron al nuevo mundo, a las Américas y lo hicieron en la búsqueda de un mundo mejor, un mundo más justo.

Con cada caída de un imperio, con cada paz después de una guerra, con cada nueva prometedora religión, con cada fin de una lucha, ya sea de un colectivo o a nivel personal, nacen las esperanzas de un cambio a mejor, un cambio que podrá traer paz y felicidad.

De este modo, desde del comienzo de la humanidad estamos haciendo revoluciones, quitando un tirano para imponer a otro, un sistema es substituido por otro,  los reyes fueron substituidas por los estados, los gobernantes substituidos por otros gobernantes, Dios  substituido por el dinero, la fe por la ciencia y a todo esto le hemos  llamado «progreso».

Sin lugar a dudas que ahora vivimos mejor que en la edad media, el grado de violencia cotidiana es mucho menor, la igualdad de sexo, los derechos humanos (bueno, por lo menos en el mundo occidental, porque si pensamos en los 35.000 niños que mueren cada día por falta de comida o agua no hemos avanzado tanto). Naturalmente que hay progreso pero ¿cuál es el precio de este progreso…? Cuando contemplamos  objetivamente a toda la humanidad o tomamos conciencia del estado del planeta que habitamos, ¿podemos  realmente afirmar que el mundo está mejor que hace 2.000  o  50.000 años?

Las revoluciones siempre son externas, y yo me pregunto… ¿Cuántos cambios externos y revoluciones necesitamos para darnos cuenta que la formula «primero el cambio por fuera y luego por dentro» no funciona? En la antigua China existía un dicho; «cuando el hombre equivocado aplica los remedios correctos de forma incorrecta el resultado no es el adecuado».

El mundo ha cambio externamente, especialmente en los últimos 150 años de forma vertiginosa y cada vez este proceso es más acelerado. Y… ¿qué sucede con el ser humano?, ¿hemos cambiando?… tenemos una democracia, hablamos políticamente correcto, tenemos seguros, cultura, tenemos acceso a la información de todos los tiempos con un simple click etc., pero seguimos pensado básicamente igual que hace miles de años, nuestra forma de pensar no han evolucionado mucho, seguimos pensando de forma egocéntrica, estrecha y sin perspectiva que vaya más allá de nuestros propios deseos personales. Seguimos siendo competitivos y en el mundo sigue reinando la ley del más fuerte.

¿Cuántas personas conocemos que viven en paz y felicidad al 100%?

Por el contrario, ¿no estamos casi siempre buscando algo, luchando para una vida mejor? Nos pasamos la vida corriendo del punto A al punto B con la idea de que el futuro nos dará lo que ahora nos falta.

 

La única forma en la que conseguiremos solucionar cualquier tipo de crisis es con una «(r)evolución interior», cada uno por sí mismo debe mira hacia su interior. No podemos ayudarnos los unos a los otros del mismo modo que no podemos respirar los unos por los otros, la transformación de la conciencia es un proceso individual que cada uno ha de hacer por sí mismo. Mientras solo modifiquemos el exterior, las revoluciones sigan siendo externas y sigamos estando en «contra» de algo o alguien, solo conseguiremos cambiar las circunstancias, pero no la causa real de todas las crisis; el egoísmo y la versión egocéntrica del mundo.

Es la sabiduría la que da paso a un nuevo mundo, es la comprensión de que solo cuando cada persona por si mismo ha hecho su «deberes», solo entonces podemos juntarnos para manifestar una conciencia superior colectiva, que está caracterizada por la versión unificadora, la versión sabia-integral-holística. La sabiduría nos enseña que todos somos uno y que la separación es siempre un acto de la visión egocéntrica.

Este es un trabajo que comienza en nuestro interior, porque solo cuando estamos en paz con nosotros mismos podemos estar en paz con el mundo. No es necesaria una revolución externa para cambiar el mundo, porque la vida misma es un proceso de constante evolución.

 

«Tenemos que ser el cambio que queremos ver en el mundo.» Gandhi.

 

 

Karsten Ramser 

Autor del Camino del Sabio. Cómo superar el conocimiento y expandir la conciencia

 

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