Nuestra Alicia nos da una lección de tolerancia y diversidad

29 julio, 2018Por: Guiomar

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El XXII Ajedrez Viviente reunió a cerca de mil personas en la Avda. Lepanto, nuevo emplazamiento de esta Fiesta de Interés Turístico Nacional. Este año, la obra original representada trató el problema del bullying, adaptando el cuento de Alicia en el País de las Maravillas. Sin duda alguna, “Nuestra Alicia” ha sido la mejor de todas ediciones de esta iniciativa que combina teatro y ajedrez.

 

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Organizada por la Comisió de Festes de la Mare de Déu de Loreto, el Ajedrez Viviente cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Xàbia, la Fundación la Caixa y el Patronato Provincial de Turismo Costa Blanca, así como la participación del Taller de Teatre Jove de Xàbia, dirigido por Inma Sancho, el Estudio de Danza de Salomé Rodríguez, y la Orquesta Sinfónica del C.A.M. de Xàbia, cuyo director Joan Bou compuso la partitura original de la obra.

 

En el preámbulo, el alcalde, José Chulvi, y el presidente de la Comisió de Festes, Vicente Gavilà, entregaron unas placas conmemorativas a la niña Iris Cholbi (clasificada en el Torneo Hogueras de San Juan) que dirigió las piezas negras, y a Javier Gomis, que condujo las blancas, representante de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar (AEPAE), entidad invitada de Honor de la presente edición. La presentación general la realizó Irene Witter, y las narradoras fueron Loli Quesada y Laura Giuliano. La coordinación general corrió a cargo de José Erades y de la dirección general se encargó Rafa Andarias.

 

La dirección de escena y los responsables de escribir la adaptación de “Nuestra Alicia” fueron Raquel Violero y Héctor Cruañes, quienes evidenciaron un gran talento narrativo y de puesta en escena, estrenando con su juventud y saber hacer una nueva etapa del Ajedrez Viviente, para la cual ya tienen varias propuestas muy interesantes. La partida de ajedrez que sirvió de base para la representación fue V. Sanduleac-C. Stroe, Timisoara, 1999, y fue elegida por Francisco J. Morató del Club d’Escacs Xàbia.

 

La Reina Roja, Desiré García, y su corte

Esta edición ha sido la mejor, sin duda, en más de dos décadas de representaciones teatrales. Por un lado, por la calidad de los jóvenes actores, alumnos del Taller de Teatre Jove de Xàbia, destacando Berta Bolufer, en el papel de Alicia, quien pese a su juventud demostró grandes dotes como actriz y, sobre todo, por su capacidad para trasmitir con la voz y con sus gestos. Una actuación que enamoró al público. Aunque los actores secundarios también demostraron tener un gran nivel: Eva Genovés interpretó una simpática y divertida Sombrerera, Arnau Dkaidek hizo de un intenso Conejo Blanco, Desiré García fue una soberbia Reina Roja, Marta de Scals cantó en directo y con mucha solera el himno del Rojo como Marta la Cantaora, Heleia Ultera fue Alicia de niña y Carlos Alberto Doyle realizó el papel del Rey Blanco. Por otro lado, la música en directo de la Orquesta Sinfónica C.A.M. de Xàbia acompañando todas las escenas, y los bailes, coreografiados por Salomé Rodríguez, perfectamente integrados en la narrativa.

 

Berta Bolufer en el papel de Alicia

Érase una vez una niña feliz que se convirtió en una adolescente rebelde

La obra empieza con una Alicia muy jovencita a la que le encanta leer y soñar, pero cuando se hace mayor, pierde el interés, no se relaciona bien con sus padres y hace lo posible por intentar encajar con las demás compañeras.

 

En clase es testigo de una situación de bullying a una compañera. Alicia no dice ni hace nada, a pesar de que la voz de su consciencia le avisa de que eso no está bien. Y cuando le quiere avisar al profesor, éste no le da importancia. Entonces se abre un mundo imaginario, lleno de maravillas, un Conejo Blanco, un Sombrero loco y una Reina Roja, muy roja.

 

La Reina Roja representa a la acosadora de la clase, quien dicta qué es lo que está de moda y castiga con insultos y rechazo a quien intenta ser diferente. Alicia, al principio, no entiende qué está pasando, aunque rápidamente comprende las reglas del juego cuando le quitan su suéter azul y la visten de rojo como los demás, desposeyéndola así de su personalidad. Sin embargo, los caprichos de la Reina Roja llegan al absurdo en la fiesta de no celebración, un ritual ridículo que “siempre ha sido así”, y nadie se cuestiona.

Fiesta no sorpresa

Alicia empieza a preguntarse por el sentido de hacerle caso a la Reina Roja, a pesar de que en un principio le había caído en gracia a su majestad, y pone en evidencia sus malas maneras. Cuando decide irse, porque además ve que no encaja del todo en el grupo, se apuntan con ella el Sombrerero y el Conejo Blanco (que en la vida real son sus padres), y casi consigue convencer a las gemelas.

 

Entonces se van a ver al Rey Blanco (que en la vida real era el profesor), quien les relaja y les hace sentirse bien, pero les aconseja no hacer nada y dejar a los demás cómo están. Pero aparece la niña interior de Alicia, la voz de su consciencia, y empiezan a dialogar entre ellas. Alicia se da cuenta que para ella lo más importante es ser ella misma y defender la libertad por encima del terror. Y a pesar de que la Reina Roja dice a todo el mundo que es persona non grata, logra convencer a más gente de no dejarse intimidar por el terror.

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Finalmente, ocurre el enfrentamiento definitivo entre el bando rojo y el blanco. La Reina Roja aniquila a todos los blancos al rechazarlos, y sólo queda Alicia. La llama “diferente”, para terminar también con ella, pero nuestra protagonista le contesta y afirma que sí, que es diferente, y no le importa. La Reina Roja, impotente, cae desplomada al suelo. Alicia entonces libera a la niña que había sufrido acoso, a la cual los rojos le habían tapado con una túnica y una máscara, y se dan un abrazo. La velada mágica terminó con todos los personajes bailando a sus anchas por el tablero, para terminar con un gran abrazo colectivo.

 

 

Invitados de altura

Seguramente no todos fueron conscientes de que la representación contó con dos invitados de altura, la Luna llena y Marte, que asomaban desde los primeros compases. El día anterior fue el eclipse de Luna total en Acuario (con Sol en Leo). Casualmente, astrológicamente, estos signos y el eclipse compartían temática con la obra Nuestra Alicia: suelta ya patrones viejos que te hacen depender y ser esclavos de otros, se como tu propio Sol, brilla, y únete con los que se atreven a ser diferentes, a ser ellos mismos.

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