Nuestra Señora de Loreto cumple 50 años sin ser reconocido como el auténtico valor patrimonial que supone

2 junio, 2017Por: Redacción

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Este sábado, 3 de junio, se conmemora el 50 aniversario de la construcción del templo de Nuestra Señora de Loreto. Una edificación que, si hoy se considera singular y modernista, cabe imaginar cómo se consideraría en 1960 cuando comenzó a fraguarse el proyecto que, aunque no puede señalarse de obra faraónica, constituye todo un virtuosismo de adaptación al espacio e ingeniería siendo pionera en la utilización de materiales y técnicas.

A día de hoy, su arquitectura sigue siendo inexplicable para los expertos dadas las condiciones y habilidades de la época en la que se edificó. Se trata de un prodigio de la construcción estudiado alrededor de todo el mundo y modelo para otras posteriores. Una obra más admirada internacionalmente y fuera de nuestras fronteras que, lejos de erigirse en una reconocida capital europea, se alza sobre el pequeño barrio de pescadores de Xàbia. Y, aun así, carece del reconocimiento y difusión local -especialmente-, comarcal y autonómica; que merece.

Juan Antonio Rodríguez, director de Comités Científicos de Museos de España y que trabaja en el Proyecto de Promoción Cultural y Religioso del templo, califica la construcción como un “laboratorio de ideas”. Una amalgama de todas las ilusiones que sus arquitectos, el estudio GO-DB, formado por Fernando García Ordóñez, Dexeus Beatty, Bellot Porta y Herrero Cuesta; con la participación del ingeniero Gómez Perretta, tuvieron mientras cursaban la carrera y que luego supieron aplicar con los conocimientos adquiridos durante sus estudios.  No eran arquitectos reconocidos en su campo, sino recién licenciados con escaso recorrido pero suma valentía. De ahí, que Juan Antonio Rodríguez señale el proyecto de “precoz pero original y complicado en exceso”.

“Estamos ante un edificio que plantea las últimas tendencias en construcción y una apuesta de la Iglesia por una renovación estética vinculada al II Concilio Vaticano”, cuenta Rodríguez. El ministro Navarro Rubio, familias veraneantes de la Xàbia del momento y un insistente párroco, D. Juan Celda; fueron los instigadores y mecenas del impensable templo único que forma parte del patrimonio local a día de hoy. Duanes necesitaba un lugar de culto nuevo que respondiera a las crecientes necesidades de la zona y la respuesta, como se puede admirar en la actualidad, fue soberbia.

Eso sí, su construcción debía adaptarse al entorno. Una característica tan en boga a día de hoy, fue ya un condicionante hace cincuenta años. Se pensó en derribar las construcciones de delante y, ante la imposibilidad de hacerlo, se decidió aprovechar la pequeña planta y alcanzar el cielo para abrirse en él hasta el punto de rozar las viviendas colindantes y sobrepasar el antiguo claustro.

La búsqueda del recogimiento, motivo de su estructura

El arquitecto Fernando García Ordóñez cuenta en una entrevista que, desde un primer momento, se figuraron que el espacio “más idóneo para el encuentro con Dios podría ser un lugar sin esquinas, suave y sin materia. Lo más parecido al interior del hombre”. De ahí surgiría esa serenidad de líneas simples que envuelve al feligrés que entra al templo y que tanta impresión causa en los visitantes. Menos es más y la vida espiritual requiere de poco.

La luz también juega un papel destacado. Es una edificación que busca la luz natural, la mediterránea, huyendo de la artificial más allá de la obvia cuando llega la noche. Esa luz busca resaltar ese espíritu de recogimiento interior y enfatizar el sagrario como punto principal de la iglesia.

El techo, esa cúpula al revés que arrebata su protagonismo a toda la estructura del templo, está ideada como un tamizador de la luz. Sin embargo, su forma de nao responde a la imperiosa vocación marinera del barrio donde se alza y que confiere su nombre original a la parroquia de Aduanas como Santa María del Mar.

El trabajo de carpintería es formidable. El techo es de madera de cedro para aportar robustez, calidez cromática y dotar de naturalidad al conjunto de piedra. La madera también reviste en “encofrados” los bloques de hormigón que, en cada pilar, alberga 80 varillas de hierro. Pocos carpinteros se ofrecieron a participar en la construcción que requería el templo xabiero. Finalmente, el duodécimo carpintero al que se le ofreció el trabajo, natural de Godella, fue el que aceptó.

Los contrafuertes o pilares de sujeción tan característicaos, pueden ser tanto “angelotes” como los doce apóstoles. “No están concebidos con ninguna figuración concreta, pero serán aquello que sus feligreses deseen que sean, ya que, a fin de cuentas, son los que crean y viven la comunidad”, cuenta Rodríguez. Los contrafuertes responden a una doble necesidad constructiva: soportar el muro de cierre inclinado y sustentar la estructura metálica del techo.

La iglesia inacabada

“Bien fuera por falta de tiempo, paciencia o dinero; el caso es que el templo no está terminado según el proyecto original”. Así lo narra Juan Antonio Rodríguez señalando el campanario como uno de los principales ejemplos de este hecho: “No es el proyectado, al igual que muchos de los acabados estructurales y del interior”.

De hecho, el polémico campanario (que tantos dolores de cabeza produce a algunos) resuena con más fuerza ya que, al no ser el ideado inicialmente y ser una solución rápida para no dejar al templo sin uno, se escucha más dada la forma cóncava del edificio que funciona como una caja de resonancia que recoge el sonido, lo resbala por sus paredes y es catapultado al exterior.

Aún con todo, la figuración e interpretación a la que se presta la construcción, denota que no es una edificación mal proyectada, de escaso estudio o rápida ejecución. Todo tiene un porqué y nada está realizado al azar. Las pequeñas puertas laterales se proyectaron como vidrieras y, por seguridad y robustez, se modificaron por puertas de madera, por ejemplo. La refrigeración del interior es otro de los puntos proyectados pero que no se pudieron llevar a cabo dada la envergadura de la obra y la época.

Reconocimiento exterior

Pocos son los vecinos que conocen los auténticos anhelos que se encuentran tras los muros de hormigón armado (brutalismo) de la parroquia. Es prácticamente inexistente la documentación en torno a su confección. Sin embargo, más allá de nuestras fronteras, Nuestra Señora de Loreto; es mucho más que una iglesia, mucho más que un templo de culto “moderno”.

En 1969 optó al Premio Nacional de Arquitectura, así como ha logrado distintos reconocimientos como el de la Real Academia de Bellas Artes San Carlos de Valencia. Incluso la televisión británica BBC dedicó un extenso reportaje al templo dado su impacto y su gestación en una década compleja en España. También, ha sido objeto de numerosos reportajes en revistas especializadas, tesis doctorales y estudios sobre la utilización del hormigón armado.

Su conservación a día de hoy, es uno de los principales caballos de batalla de la parroquia y, por tanto, de todo el municipio como valor patrimonial que es. El campanario exige una remodelación completa “por seguridad y rentabilidad” tal y como señalan los numerosos arquitectos que lo han analizado. También necesita un mantenimiento el revestimiento de hormigón que cubre el auténtico corazón y soporte de hierro del templo.

 

Celebración del 50 aniversario de la construcción del templo

La rueda de prensa de presentación del aniversario del templo ha contado con la presencia del párroco D. Fernando Maño, Juan Antonio Rodríguez, José Erades, profesor en el IES número 1 y que pertenece a la primera promoción que comulgó en el actual templo y el fotógrafo José Iglesias que fue el primer niño bautizado en la construcción de hoy día.

Además de la retrospectiva sobre el templo, se han avanzado los actos conmemorativos de la efeméride. Mañana sábado, el cardenal de la diócesis de Valencia, D. Antonio Cañizares, presidirá una solemne eucaristía a las 12 de mediodía con autoridades municipales y civiles. Posteriormente se realizará un pequeño acto conmemorativo que contará con la suelta de cincuenta globos y un vino de honor posterior.

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