Opinión: convivencia después del incendio – saliendo de nuestra burbuja

14 septiembre, 2016Por: Guiomar

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Desde el inicio del incendio que fue arrasando pinadas desde Benitachel a Jávea. Supe que nos salvaría del aislamiento que sufríamos los vecinos viviendo en burbujas de ensueños. Alguien dijo una vez, que la mejor relación con el vecino era una buena valla. Y en esa idílica relación vivíamos en mi barrio. Sabíamos que detrás del verde que nos rodeaba existían otras vidas que apenas oíamos. Reconocíamos los sonidos de las verjas y los ladridos de las mascotas que se decían no sé que cosas cuando se quedaban solos, o la alegría que expresaban a la llegadas de sus amos. Así convivíamos.


La noche del domingo cuando se desbocaron los caballos del apocalipsis con sus crines en llamas; salimos a la calle a preguntarnos que haríamos en caso de que llegara el fuego, y casi todos respondimos que quedarnos. Que no llegaría el fuego, que el viento soplaba en sentido contrario a nosotros. Y fuimos reuniéndonos en la calle frente a una de las casas, sobre-excitados de expectación bebíamos y reíamos alegres. De vez en cuando subíamos al monte de detrás para ver por donde iba el fuego, y vimos cuán grande se había hecho en el Saladar y antes de medianoche, lo cerca que lo teníamos. Todo el bosque que nos separa de Pinosol ardía, veíamos fogonazos y oíamos explosiones y corrimos a desconectar bombonas de propano y butano para lanzarlas a las piscinas. Fuimos de casa en casa dando la voz de alarma y ante el pánico de los niños y la orden de desalojo, unos pocos nos quedamos solos intentando desconectar las últimas últimas conexiones de gas. Pero no fue posible, volvió la guardia civil a decirnos que nos fuéramos.


Pasamos la noche viendo como ardía la zona. Unos se colaron al área restringida queriendo amilanar el fuego con míseras mangueras.


De madrugada abandoné el barrio dispuesto a descansar, y al amanecer estaba de vuelta entre la humareda irrespirable, entre hogueras dispersas como si nos hubieran bombardeado para desnudarnos ante el vecino, porque las vallas ardieron y ya nada nos separaba. No tardaron en aparecer amigos a ayudarnos en el trabajo de limpieza, en el replanteo de setos, retiradas de trastos, como si hubiéramos despertado el día después del incendio, dispuestos a convivir más allá de nuestras burbujas. De donde vino a rescatarnos el fuego.

 

Luis Vargas

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