Privilegios

9 agosto, 2014Por: Carlos López

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Mi nombre es Alba y sólo me represento a mi misma.

Como todos los años fui al siempre estimulante Festival de jazz de Xàbia una hora antes del comienzo para conseguir una buena ubicación y, como todos los años, las dos primeras filas estaban reservadas. Me negaba a sufrir mi habitual cabreo estomacal en silencio, así que tras haber visto pasar a una señora con aspecto de saber quien es quien en el terreno del poder local varias veces colocando a algunos y levantando a familias de aquellas privilegiadas sillas de plástico no pude evitar saber, que dicen que no ocupa lugar.

Voy a omitir las fórmulas de cortesía de la conversación.

YO: ¿Por qué están reservadas las dos primeras filas?
LA GENERALA: Para las autoridades
YO: Sé para quien pero quiero saber el motivo
LA GENERALA: Para las autoridades
(¿Y será preciso subestimarnos?)
YO: ¿Y por trabajar en el ayuntamiento han de tener las dos primeras filas reservadas?
LA GENERALA: Es así todos los años
(¿Y será preciso tomarnos por imbéciles?)
YO: Eso lo sé, pero lo que sigo sin saber es el porqué.
LA GENERALA: No creo que usted lo vea tan mal desde la tercera fila
YO: Lo vería mejor en la primera y para verlo desde la tercera he tenido que llegar una hora antes.
(¿Alguien creía que no habían ciudadanos de primera y ciudadanos de tercera?)
LA GENERALA: Le transmitiré su queja al alcalde
YO: Se lo agradezco
La generala da unos pasos y vuelve
LA GENERALA: Su nombre?
YO: Alba Ivars
(Quiero suponer que no trataba de intimidarme. Me triplicaba en tamaño, casta y edad)
LA GENERALA: Se lo haré llegar al alcalde
YO: Se lo agradezco de nuevo

Puesto que aquella conversación no había cambiado el curso de la velada y unos pocos continuaban siendo estratégicamente ubicados y los muchos relegados a sillas de tercera, cuarta, quinta o vigésima posición, mi malestar iba en aumento, hasta que mi amiga La generala sitúa en la silla del centro de la primera fila a la concejala de cultura del ayuntamiento (¿esta también es muy honorable?). Sé que era ella porque hubieron presentaciones, pero desconozco incluso a que partido político pertenece.

Tras las fórmulas de cortesía:

YO: ¿Por que están reservadas las dos primeras filas?
CONCEJALA: Para las autoridades
(Coño con las autoridades, ¿tendrán también bula papal?)
YO: ¿Qué autoridades?
CONCEJALA: El ayuntamiento, que estamos para trabajar.
YO: Pero no son mejores que los ciudadanos a los que representan. No tienen porque tener tener asientos privilegiados porque además yo he pagado mi entrada y usted no. Pensaba entraban a formar parte del ayuntamiento para prestar un servicio desinteresado al pueblo.
(Casi me da risa hasta a mi)
CONCEJALA: Es de los pocos privilegios que tenemos
(Claro que si la mujer se compara con presidentes de comunidades o ministros tiene razón)
YO: Debería darle vergüenza considerar que han de tener privilegios.
CONCEJALA: Es su opinión
YO: Es su conciencia

Y me fui a mi condición de ciudadano de tercera sin unos pocos privilegios pero con el cabreo estomacal humildemente saciado.

Alguna de esas sillas se ocuparon muy acertadamente por los familiares de los niños de esa joven y magnífica banda de jazz y por fotógrafos de prensa, y desgraciada y vergonzosamente unas muchas quedaron vacías.

Señores y señoras del ayuntamiento de Javea despierten antes de necesitar ser despertados. Señores y señoras del ayuntamiento de Benissa, que me consta que trabajan y mucho por nuestro pueblo, den ejemplo. Rechacen unos pocos privilegios, ya sean en forma de asientos reservados, entradas gratuitas, concesiones irregulares, informaciones privilegiadas o bulas papales. Yo haré lo mismo.

 

Alba Ivars

 

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