Referéndum y plebiscito

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

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“El referéndum plebiscitario es frecuentemente un recurso para imponer o ratificar demagógicamente el poder personal de un hombre”.

Con gran participación de electores, tanto en Francia como en los Países Bajos, una gran mayoría ha dicho “No” en un referéndum para aprobar el “Tratado por el que se establece una Constitución para Europa”. No olvidemos que, ni el sistema jurídico francés, ni el de Holanda, exigen la ratificación del Tratado por referéndum, que podría haberse hecho por ratificación de sus respectivos parlamentos, fácilmente con mayorías del 70-80%.

Ambos gobiernos con mayorías parlamentarias suficientes para ratificar el Tratado convocan referendos no vinculantes innecesariamente, tanto desde el punto de vista jurídico como político. Cometieron un error cuyas consecuencias políticamente sí son vinculantes.
Es de suponer que sus respectivos “líderes” esperaban obtener réditos políticos de un “Sí”, ya que el resultado de un referéndum en una cuestión concreta sí que parece implicar aprobación o desaprobación del que lo convoca.

Éste era el vigésimo segundo referéndum que se celebra en Francia en más de dos siglos desde la Revolución en 1789. Según el artículo 3 de la Constitución francesa, se puede ratificar un tratado internacional por vía de referéndum, en lugar de la ratificación normal por el congreso, que establece su artículo 89.

El referéndum es un plebiscito que históricamente ha inquietado a liberales y movimientos de izquierda, y no sólo en Francia. Ha sido frecuentemente utilizado para imponer un sistema imperial o “monarquías republicanas”. En septiembre de 1793 se aprueba, por referéndum, la primera Constitución de Francia, y en 1795, la instauración del Directorio. Pero a lo largo del siglo XIX y XX, los referendos se utilizan frecuentemente para instaurar regímenes que impliquen una fuerte concentración de poder.
Napoleón Bonaparte instaura por referéndum el Consulado en diciembre de 1799, su nombramiento como Cónsul Vitalicio en mayo de 1802, y como Emperador en mayo de 1804. En mayo de 1815 se aprueba por plebiscito la Constitución del Imperio. Su sobrino, Napoleón III, ratifica por referéndum en noviembre de 1852 un golpe de Estado que restaura el Imperio en nombre de su persona.

El referéndum plebiscitario es frecuentemente un recurso utilizado para imponer o ratificar demagógicamente el poder personal de un hombre. ¡No sólo en Francia!

Más cerca de nuestros días, el General de Gaulle acude al referéndum en cinco ocasiones: en 1958, para aprobar una Constitución presidencialista que le da más poder, y en enero de 1961, abril del 62, octubre del 62, y finalmente abril de 1969. Sin embargo, se ve obligado a abandonar el poder ante un rotundo “No” al referéndum en el que propone ciertas reformas técnicas del Senado. Manifestaciones callejeras y plebiscito son recursos demagógicos y populistas para reforzar el poder de los que ejercen.

En la Confederación Helvética, el uso del referéndum pertenece a la práctica política usual de una democracia que intenta ser lo más directa posible. El sistema suizo no cae en el populismo demagógico por el alto nivel de cultura democrática de su población, su larga historia democrática y su total ausencia de culto a la personalidad. Se somete a consulta popular cuestiones que corresponden a la gestión política del día a día, frecuentemente sin ninguna carga ideológica.

Con el “No” al Tratado no desaparece la Unión Europea, que sigue en adelante, en cumplimiento de tratados internacionales firmados y ratificados –sin que fueran necesarios plebiscitos- por sus 25 miembros.
España, sin referéndum se adhirió al Tratado de Roma, abolió la peseta, y renuncio al derecho soberano de “acuñar moneda”.

Vicente Ramírez-Montesinos

 

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