Un estudiante español en Irlanda

30 noviembre, -0001Por: Guiomar

0

Os contare cómo es la vida por Bray, un pueblo al sur de Dublín. Aquí la gente se levanta a las 7 de la mañana, y a las 8 ya se nota ese trafico que forma parte del panorama callejero. Todos los días, de camino hacia la academia, observo a una mujer con chubasquero amarillo chillón que invita a cruzar la calle; es un policía local, que aquí se llaman «Garda». Más adelante, me encuentro con un cartero, que hace el reparto montado en una bicicleta con una gran canasta frente al manillar.

Observando las casas de las calles, llama la atención que si hay dos casas iguales, pintan las puertas de diferente color. Imagino que son para diferenciarlas. Por el cielo, más allá de los cables de luz y de los tejados, revolotean gran cantidad de cuervos, como si de una película de terror se tratase.

El colegio parece una torre de Babel. Se respira en el ambiente la multiculturalidad integrada por los diferentes alumnos, unos de Lituania, otros de Corea, de Bélgica, de Francia, de Italia, de Croacia, de Polonia… Todos con un objetivo comun: quieren aprender inglés. A las 13:30 es la hora del pack lunch, es decir, un sandwich de jamon, queso y mantequilla que te han preparado en casa. Yo estoy harto de la mantequilla, la utilizan más que nosotros el aceite.
Por la tarde vamos a la gran ciudad en tren, que tarda unos 35 minutos. Dublin es una ciudad con mucho encanto, cosmopolita, cultural, separada por un río llamado Liffey, que divide la ciudad en dos. El norte es la zona pobre, con barrios casi marginales, y la zona sur, es más rica, cuidada y bonita. Sin embargo, esa separación esta unida por la infinidad de puentes que unen las dos orillas del río.

En Dublin es obligada la visita al Temple Bar, el bar más antiguo de la ciudad, el Trinity College, que es la universidad más antigua de la ciudad, y a la fabrica Guinness, desde donde puedes observar una panorámica de 360 grados de la ciudad de Dublin mientras te tomas una pinta de la cerveza negra más famosa del mundo. Si te gusta la arquitectura, o eres religioso, no te puedes perder la Catedral de San Patricio o la Catedral protestante de Cristo. Dublin Castle, es un palacio maravilloso, que te transporta a una época donde la cortesía celebraba bailes de salón, las mujeres llevaban can-can y las sillas eran talladas a mano, las obras de arte se esculpen en los techos, los cuadros adornan todas las paredes, las grandes alfombras te muestran el camino…
Los que disfruten de la pintura, pueden visitar la Galería Nacional, donde se exponen óleos de Picaso, Zurbarán, Caravaggio, Monet, Rubens, Murillo, Goya…, entre otros muchos. De gran importancia y cercano a la Galería Nacional se encuentra el Museo Nacional de Arqueología e Historia, que es de entrada libre, y desde donde se pueden conocer los orígenes de la cultura irlandesa. Para los amantes del buen wisky, está la Destilería de Jameson, donde se puede conocer el proceso de fabricación de este brebaje, y como no, degustarlo. Pero el monumento que más turistas atrae no es un museo, una fabrica o un castillo, sino una tienda de ropa y más cosas llamada “Penny’s”. Allí podemos comprarnos un traje por 50€, corbatas a 3€ y camisas a 6€. Curiosamente, toda la ropa de esa tienda es “made in Spain”, y la sección para hombres ocupa un mínimo espacio, donde hay territorio de sobra para deleite de las mujeres.

Todos los sábados hacemos una excursión diferente. La última fue a Glendaloug. Para ello tenemos que coger el autobús que pasa por el McDonalds de Bray a las 12 del mediodía, 12€ menos en el bolsillo y un largo camino hasta Glengalough. En ruta se observan vacas, ovejas…; el verde es el color predominante en esas tierras de pasto, humedales y césped, mucho césped. Al llegar a Glendalog bajamos del bus, estiramos las piernas y nos comemos el pack lunch, después caminamos por el paraje. Naturaleza en su estado puro: árboles que forman un bosque frondoso, inmensos lagos de agua cristalina, una cascada en medio de los lagos. ¡Qué gusto da pasear por estos parajes! En medio de Glendeloug se alza una torre, que formaba parte de una antigua ermita situada junto a un cementerio lleno de lápidas en forma de cruz celta, que te hacen sentir como el protagonista de películas como Braveheart o Excalibur.

Bueno, amigos lectores, no quiero despedirme sin antes mencionar lo agradable que es la gente irlandesa, basta con desplegar un mapa para que algún irlandés se te acerque y te explique lo que quieras, y quitaros de la cabeza la idea de que todos los irlandeses son pelirrojos y con pecas, ¡tan sólo lo es un 4 por cien!

Víctor Vallés

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.