Vista aérea del Jardín de L’Albarda

Un paseo histórico por el Jardín de l’Albarda

1 junio, 2020Por: Redacción

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Tiempo de lectura: 5 minutos

Visitar el bucólico Jardín de L’Albarda de Pedreguer siempre es una apuesta segura en cualquier época del año para evadirse del qué hacer cotidiano y poder pasear por un jardín que engloba en su interior diversos ambientes que nos transportan al recuerdo de la historia de los jardines. El Jardín de L’Albarda podría ser un jardín botánico por albergar más de 700 especies autóctonas en sus 50.000 m2 unido al concepto de jardín histórico en su diseño aunque no tenga más de 30 años de existencia.

En esta ocasión, vamos a hacer un recorrido desde el punto de vista histórico y el recuerdo de la evolución de los jardines que podemos rememorar paseando por sus diversos ambientes. Todo comienza en su entrada monumental con grandes puertas de forja ancladas a los pilares de piedra que ya nos inspira un aire de nobleza y misterio como si de la entrada de un antiguo palacio se tratara. La gran avenida recta que conduce hacia la casa principal, rodeado de cipreses y algunas estatuas clásicas, recuerda a los jardines clásicos griegos que con el tiempo se copiarán en otras épocas.

Detalle del jardín cruciforme de L’Albarda y detalle del claustro de San Fernando en el Monasterio de las Huelgas (Burgos) del siglo XIII como recuerdo de un jardín medieval

 

Si ascendemos hacia la terraza superior por el lado Sur entraremos a dos espacios distintos. El primero de ellos a un recuerdo de los jardines ingleses o paisajistas en donde desde una ligera montaña artificial de rocalla, discurre un pequeño curso de agua que desemboca en un pequeño estanque que simula ser natural sin paredes que lo delimiten. Imitar el paisaje de la naturaleza con sus irregularidades en un jardín privado fue un concepto que nació a finales del siglo XVII en Inglaterra y se extendió posteriormente a Francia o España a lo largo de segunda mitad del siglo XVIII e inicios del siglo XIX.

  Pérgola de rosas en el jardín cruciforme de L’Albarda y pérgola en un tapiz del siglo XVI

Desde este pequeño jardín inglés accedemos a uno de los espacios más bellos, el jardín cruciforme cuyo diseño recuerda al inicio de los jardines persas llamados Chahar-Bagh y que fueron copiados en el mundo musulmán y cristiano como diseño simbolismo del Jardín del Paraíso. La fuente central renacentista representa la unidad, el centro o la vida, desde donde parten cuatro calles que se elevan del suelo con plantaciones de naranjos en sus cuadrantes que recuerdan a los jardines islámicos o al diseño de los claustros medievales. A ambos lados del jardín, otros dos recuerdos históricos, por un lado una rosaleda que crece entre pérgolas y que conducen a una fuente renacentista lo cual nos recuerdan un escenario de los jardines renacentistas al igual que a las rosaledas que se extendieron en los jardines del siglo XIX. En su opuesto, el gran trabajo de una galería con la técnica del trencadís nos recuerda los diseños modernistas que Antonio Gaudí creó en los jardines de la Colonia Güell (Barcelona).

Estanque del jardín formal de L’Albarda y estanque del Patio de las Doncellas de los Reales Alcázares de Sevilla (siglo XIV)

Volviendo al punto central del jardín, la vivienda recuerda a esas villas paladianas de la Toscana o el Véneto que se asoman a un paisaje grandioso como lo es en este caso el Montgó. A su alrededor se forman los llamados jardines formales aquellos cuyo diseño son creados de una manera más regular y geométrica con parterres y plantaciones recortados recordando así el arte de la topiaria creado por el mundo romano, aunque desarrollado de una manera más regular en los jardines barrocos franceses. Cierto es que el pequeño jardín formal junto a la vivienda con un alargado estanque recuerda en su diseño a los patios de los jardines hispanomusulmanes.

 (Arriba) Umbráculo de L’Albarda y el umbráculo de Barcelona construido entre 1883 y 1887 (Abajo) Fuente de traza barroca en L’Albarda y fuente de la misma traza en los jardines de la Quinta del Duque de Arco (Madrid) del siglo XVIII

Bajando la terraza hacia el lado Norte del jardín, y a los lados de la piscina que viene a ser como un gran estanque, el jardín se distribuye formalmente por dos avenidas rectas a ambos lados. Una de ellas nos lleva a un gran pabellón que será en un futuro un aula de la naturaleza, pero mientras tanto su diseño recuerda a los pabellones formales de los jardines barrocos franceses. En su opuesto, otra avenida nos lleva a una construcción original, el umbráculo. Una estructura de hierro cubierta cuya función es resguardar a ciertas plantas del aire y del sol, pero su forma recuerda a los jardines del siglo XIX o principios del siglo XX en donde los invernaderos y estructuras de hierro eran indispensables en la decoración de un jardín, así como también a los pequeños pabellones situados de una manera escondida de los jardines ingleses.

Descendemos ligeramente una terraza más hacia el Norte y aquí nos encontramos con una larga calle con otros rincones o caprichos de encanto. Desde uno de los ejes, un pequeño rincón con una fuente de traza barroca y un banco de piedra nos recuerdan pequeños espacios de jardines franceses. En el centro del camino, una gran pérgola de rosas y emparrados nos recuerda a elementos de los jardines románticos pero que hunde sus raíces al mundo romano y al final otra estructura metálica a base de arcos de medio punto también nos recuerda a las estructuras de un jardín barroco.

 Montaña y cascada artificial del Jardín de L’Albarda y cascada artificial en los jardines de El Capricho (Madrid) construido entre 1787 y 1839

La joya de la corona, por decirlo de algún modo, es un rincón al que llegamos por un camino sinuoso entre un pequeño bosque de arces para descubrir una montaña artificial desde donde cae el agua en forma de cascada a un estanque irregular. Este escenario natural que simula cualquier rincón de la naturaleza, lógicamente es creado por el hombre y no es original. Este mismo concepto, de nuevo, es una característica muy típica del jardín inglés del siglo XVIII.

El Jardín de L’Albarda empezó siendo un proyecto personal creado por Enrique Montoliu, un enamorado de la naturaleza y los jardines, y para que su legado quedara inmortalizado lo donó a la Fundación Fundem cuyo objetivo es la conservación de la fauna y la flora mediterránea y mostrar un ejemplo de jardín sostenible. El jardín puede visitarse todos los días del año de 10:00 a 14:00 y ampliado de 17:00 a 20:00 en los meses de julio y agosto.

 

David Gutiérrez Pulido

(Ldo. Historia del Arte)

sorollajavea.wordpress.com

 

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