Una travesía del Mediterráneo en Kayak en busca de una Historia

9 octubre, 2013Por: Guiomar

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¿Qué puede hacer un periodista de 42 años que se queda en el paro por uno de tanto eres que afecta al gremio? Algunos se deprimen, otros buscan quién les de empleo, pero sólo unos pocos se atreven a empezar a vivir la aventura de su vida.

Quico Taronjí, de carácter extrovertido y alegre, se encontró de repente un día sin trabajo y con una crisis existencial, la típica de su edad, y que obliga a replantearse hasta dónde ha llegado uno en sus propósitos y si se es verdaderamente feliz.

Capitán de barco y enamorado de la historia naval, a Quico siempre le ha llamado el mar, así que lo más normal para él fue decidirse a hacer algo extraordinario, la aventura de su vida, pero además tenía que ser algo poco convencional y expuesto a los elementos: cruzar de oeste a este el Mediterráneo. Al fin y al cabo qué mejor manera hay de revivir las tribulaciones que durante siglos vivieron los hombres de mar de verdad.

Y emulando a sus héroes, los protagonistas de la historia de las grandes batallas navales, Quico partió a finales de agosto en su particular reto de atravesar el Mediterráneo, de isla en isla, y recorriendo los puertos que durante siglos han visto librar las más cruentas e importantes batallas navales. Más de 2.000 millas en un kayak HobieCat, desde Algeciras hasta Estambul, pasando por Ceuta, Melilla, la isla de Alborán, Cerdeña y el golfo de Lepanto -escenario de las grande y famosa batalla naval de todos los tiempos, que enfrentó a oriente con occidente (y que tuvo lugar en 1571, el 7 de octubre, el mismo día de la entrevista con Taronjí)-, hasta llegar a Estambul.

Sin realmente proponérselo, resulta que su meta, además de una ideación romántica y una importante hazaña, no ha sido nunca realizada por nadie en este tipo de embarcación trimarán, por lo que puede constituir un récord mundial de travesía en solitario del Mediterráneo

Hasta Xàbia, donde ha recalado varios días gracias a la hospitalidad del Club Náutico Jávea, para avituallarse y también salir a pescar con el Cap Prim Segon, Quico tiene recorridos 865km navegando y pedaleando, soportando la embestida de las olas, las lesiones, el efecto del sudor, el sol y el mar sobre su piel. Con singladuras de hasta 24 horas -que no son nada comparando con lo que aún le queda-, y durmiendo en playas y puertos en cualquier lado, sobre el kayak, entre redes de pescar y en playas de arena fina, o convidado por amables lugareños que le brindan cama y techo por una noche, lo más duro aún está por llegar.

Desde aquí son 50 millas hasta Ibiza, una distancia que le puede costar recorrer unas 16 horas, y seguirá hasta Mallorca y Menorca para preparar desde allí la parte  más difícil de la travesía, las 190 millas que separan a las Pitiusas de Cerdeña. 190 millas de mar abierto completamente rayado en la carta náutica por las rutas comerciales. Un peligro para una embarcación tan pequeña y tan poco visibles. A Quico no le quedará más remedio que dormir solo tres horas al día, en tandas de 25 minutos, que le permitirán entre medias otear alrededor para ver si se aproxima algún barco.

Durante esta travesía, Quico estará tres o cuatro días navegando sin tocar tierra, solo consigo mismo y los elementos, un diminuto punto en medio del mar, localizado -eso sí- por una baliza GPS que arroja la información de su ubicación directamente a su blog: www.aislado.es

Un tiempo en el que seguramente vivirá sensaciones tan duras como fantásticas, como los sueños raros que le acechan en el mar de vez en cuando, el reloj que le fue arrebatado por una sirena mientras dormía, o el objeto volador no identificado que avistó sobre el mar de Alborán: una luz que cruzó el cielo de derecha a izquierda, desaceleró, pegó unos cuantos fogonazos, y volvió sobre sus pasos con la misma rapidez.

Horas de navegación sin parar en las que Quico se nutrirá de la llamada comida del náufrago, latas de alubias, garbanzos y sardinas, así como de las vivencias, que algún día contará al mundo. Quizá en una novela -histórica, claro-. No sabemos, pero lo que sí es seguro es que cuando vuelva de su aventura, Quico trabajará sólo en lo que le apasiona: el periodismo, el mar y la historia.

 

 

 

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