Xàbia demuele un chalet sin licencia

Por: Guiomar

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Con este titular, la mayoría de las personas pensarían que quien se expone a una ilegalidad, ha de pagar las consecuencias. Pero las situaciones nunca son tan sencillas. Antonio Serrano, agente inmobiliario y constructor, se dedicaba a comprar parcelas, construir casas y luego revenderlas, como parte de su negocio. El chalet que edificó sobre una parcela rústica de 2.000m2 se convirtió pronto en su favorito, y allí es donde tenía fijada su residencia familiar desde hacía tres años.

En la mañana de ayer, la Policía Local, junto a la edil de Urbanismo y técnicos de este departamento, llamaron a la puerta temprano para avisar que la orden de demolición del chalet era firme. La pala a sus espaldas, evidenciaba las intenciones. La familia Serrano no podía imaginarse este desenlace final la noche anterior, cuando tranquilamente cenaban queso y tortilla de patatas la noche anterior, frente a la chimenea, a pesar de que estaban en conocimiento de la orden de demolición. Probablemente pensaban eso de que «a mí esas cosas no me pasan», hasta que pasan…

¿Cómo es posible que se llegara a este extremo? Hace algo más de tres años, en el 2005, Serrano inició la construcción de la vivienda. Tras recibir un certificado de compatibilidad urbanística, según explica, que exigía contar con al menos 10.000m2 de terreno para edificar por tratarse de suelo rústico, inició las obras, a pesar de no contar aún con la licencia, confiando en que la obtendría.

Esto en Xàbia es práctica común, ya que las licencias de obra pueden tardar un par de años en producirse, y los constructores optan por seguir su trabajo, dando por supuesto de que cualquier corrección necesaria se podrá luego corregir.

Pero con lo que Serrano no contó fue con un vecino poco amistoso que tiene el terreno colindante de viñas abandonadas. En su día, éste ofreció la propiedad para la venta, pero Serrano le comunicó que no estaba interesado, ya que tenía terreno suficiente para construir un chalet de 200m2. Poco después, la familia del dueño del mencionado terreno denunciaría la falta de licencia, iniciando un proceso judicial que ha finalizado con la orden de demolición que hoy se ha ejecutado.

En realidad, la fecha inicial para tirar abajo la casa se fijó en septiembre, pero el Tribunal Superior de Justicia la aplazó hasta que los propietarios tuvieran constancia de que la obra no se podía definitivamente ilegalizar. Y es que la Conselleria considera esta zona un conector ecológico, por lo que, a pesar de ser terreno rústico, no se puede edificar.

Pero ayer no le quedó al Ayuntamiento más remedio que ejecutar la sentencia, o incurrirían el alcalde y la edil de Urbanismo en un delito por el que podrían ser imputados, con la consecuencia de quedar deshabilitados para cargo público.

Sin embargo, la demolición quedó aplazada hasta hoy, mientras ayer, los propietarios de la casa y varios amigos vaciaban de hasta el último aplique de las paredes, ventanas, puertas y detalle imaginable de la vivienda, mientras el perro de la familia merodeaba consternado.

¿De quién es la culpa? ¿Es el vecino, con mala intención o motivos egoístas el malo de la película? ¿Quizá sea el Ayuntamiento que tarda tanto en tramitar licencias de obra mayor, que deja a cientos de propietarios en una situación de inseguridad jurídica? ¿La Conselleria tiene algo que ver si su informe contradice el del Ayuntamiento, en lo que a la calificación del terreno se refiere? ¿El propietario confió en que no le pasaría nada y no actuó a tiempo para evitar algo que jamás habría podido imaginarse? ¿Existe una mano negra que persigue a la gente? ¿O más bien es un cúmulo de circunstancias tas las que a veces no pasa nada, y otras sí?, como ha sucedido esta vez con la familia Serrano.

 

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