Xàbia, litoral de torres y castillos (I): La torre de Sant Antoni y el castillo de Sant Jordi
La conquista cristiana de las tierras del Xarq-al-Andalus supuso la retirada de pueblo musulmán hacia el sur y hacia el este. Las tropas de Jaume I avanzaron ocupando el territorio en el siglo XIII, pero estas regiones tardaron en encontrar la paz y se convirtieron en escenario de continuos asedios y conflictos. Desde el sur de la península, primero, y desde el norte de África años más tarde; las tierras bañadas por el Mar Mediterráneo fueron víctimas constantes de la piratería.
Xàbia no fue ajena a ello. Es más, la villa de aquel entonces era idónea para ser atacada. Por un lado, el valle que se extendía desde las faldas del Montgó hasta orillas del mar, era puerta de entrada al territorio conquistado por los cristianos y nexo de unión con el gran asentamiento morisco que aún permanecía imbatible en el interior de la comarca. Por otro, su bendición natural también fue su cruz: Su bella, idílica y escarpada costa, plagada de acantilados, recovecos y calas; era perfecta para que los barcos mahometanos atracasen y, al abrigo y refugio de las rocas, sus tripulantes desembarcaran con sigilo.
Varios grandes ataques marcaron a los pobladores y pobladoras de la antigua villa. El 10 de septiembre de 1304, la ferocidad de los piratas provocó la destrucción del valle. En 1387, se produjo un vil saqueo del Monasterio de Sant Jeroni en La Plana y el rapto de los monjes que allí habitaban. El robo y el secuestro de personas por las que después se exigía un rescate se convirtieron, por su rentabilidad económica, en las prácticas más habituales.
La frecuencia de estos ataques puso en alerta a una población cada vez más atemorizada. Se amuralló la villa y se tomó la firme decisión de defender el abrupto litoral del municipio levantando torres defensivas de diferente envergadura entre los siglos XV y XVIII.
Sin apenas vestigios o restos arquitectónicos que en la actualidad permitan crear una imagen definida de cada una de ellas, el litoral de Xàbia se vio salpicado por hasta seis de estas construcciones, algunas similares a pequeños fortines. La fortaleza de San Bartolomé, con su imponente torreón-campanario, también supuso un importante punto de vigilancia y de protección del municipio. Sin embargo, en esta serie de artículos, la atención se centrará en aquellas edificaciones -menos conocidas- que dibujaron un litoral muy diferente al que se conoce hoy día.
![[Img #6716]](https://xabiaaldia.com/upload/images/11_2023/4705_plano-arquitectura-i-control-del-territori-defensa-del-litoral-de-la-marina-alta-al-segle-xvi-torres-defensives-7.jpg)
Así fue como, de norte a sur, no hubo prácticamente cabo o punta de tierra que se adentrara en el mar, que no fuera coronada por una de estas macizas construcciones que custodiaban el infinito este. Dos de ellas protagonizan este reportaje: La torre de Sant Antoni y el castillo de Sant Jordi.
La torre de Sant Antoni data de 1553 y se alzaba a 170 metros de altura sobre el mar. Su construcción fue ordenada por el virrey duque de Maqueda el 24 de junio de ese mismo año. El virrey Cárdenas fue quien ordenó el alzamiento de las primeras torres con el fin de establecer un sistema defensivo del litoral valenciano.[1]
No se encuentran restos de ésta en la actualidad, aunque se cree que se encontraba anexa -o muy próxima- a la emita que Sor Catalina Bas, Sor Basota, construyó en 1377 y que, precisamente, sirvió como refugio para algunos de los frailes que huyeron del asedio al monasterio en 1387. (¿Quieres conocer más sobre esta desaparecida ermita? ¡Te lo contamos AQUÍ!)
Tal y como señalan Banyuls, Boira y Lluesma; su principal función “era el control visual de esta porción del litoral abrazando desde la torre de l’Aiga Dolça (la torre del Gerro en Dénia) hasta la torre del Cap Prim”. “En 1585 residían en ella tres soldados armados con arcabuces”, apuntan.
A pesar de no encontrarse ruinas de ella (hay quien señala que aún pueden atisbarse algunos sillares desde el mar) en 1585, Juan de Acuña describió la construcción como una torre grande, cuadrada, con una escalera de mano que llegaba hasta una puerta y una garita en lo alto que permitía la entrada al interior de la torre. Su tipología era la misma que la de Dénia y la de Moraira que aún se conservan.
Como curiosidad, en 1856, momento en el que las incursiones de la piratería habían finalizado, se proyectó la colocación del primer faro del Cap de Sant Antoni aprovechando la estructura de la torre defensiva. Posteriormente se comprobó que la edificación no era la idónea para albergar un faro y se construyó el actual unos metros atrás.
El fortín de Sant Jordi (o de la Mezquida) data de 1578 y es, quizás, una de las construcciones defensivas más interesantes de esta serie de artículos. Se alzaba en Duanes de la Mar, donde hoy se encuentra la Casa del Pescador. No es una ubicación descabellada ya que se trata de un promontorio en cuyos pies se encontraba el primigenio muelle de pescadores del municipio, por lo que su protección era necesaria.
![[Img #6714]](https://xabiaaldia.com/upload/images/11_2023/6391_acuarela-de-mariano-sanchez-s-xviii-ubicada-en-la-casa-del-principe-madrid.jpg)
El proyecto fue diseñado por el ingeniero Giovanni B. Antonelli en 1562 y supuso un ejemplo de fortificación moderna. Este cambio en el planteamiento de lo que venía siendo la habitual estructura de las torres defensivas y su consiguiente carestía, generaron reticencias que retrasaron su construcción hasta que fue aprobada en el 78 por el duque de Lerma. A pesar del interés de Antonelli por actualizar la defensa de la región, ésta fue una de sus pocas obras que llegaron a edificarse.
El fortín o castillo de Sant Jordi respondía a las nuevas exigencias de la guerra moderna. Según indican los tres autores “hacían falta nuevas fortificaciones que permitieran el uso de artillería y pasar de un sistema defensivo de vigía medieval a otro más efectivo con capacidad propia para acciones ofensivas contra el enemigo e impedir el desembarco”.
Bajo esta premisa, Antonelli motivó el alzamiento de torres “sobre calas, aguadas y desembarcaderos”. Seguramente, la edificada en Duanes, fue su mayor aportación al sistema de protección de la Xàbia del momento. No obstante, el ingeniero realizó un profundo análisis del resto de construcciones defensivas del municipio sugiriendo modificaciones que permitieran actualizarlas conforme a las nuevas necesidades combativas.
De planta hexagonal, la de Sant Jordi aunaba -arquitectónicamente- las principales virtudes de las torres circulares (su robustez) y de las cuadradas (su fácil defensa). Este hecho fue revolucionario ya que “le confería un valor añadido en la búsqueda de otras figuras consideradas perfectas y reafirmaba la unión de la racionalidad en la invención formal y la realidad funcional de arquitectos e ingenieros del Renacimiento”.
Nuevamente, Acuña es quien aporta más detalles sobre cómo era en 1585 señalando que era “nueva y muy buena, con buen escarpe hasta la mitad y una guirnalda encima del pie”. “Está sobre canes de piedra y se sube a la puerta por una escalera de mano hasta la mitad donde hay una ventana pequeña”.
En este caso, la curiosidad es que toda aquella persona que lo desee, puede tener su propio castillo de Sant Jordi… en papel. En 1997, la Comissió de Festes Mare de Déu de Loreto editó una serie de recortables diseñados por José Cardona El Persa como parte de su interés por incentivar la cultura y educación local más allá del ámbito festivo. La colección editada por la Comissió también incluye el antiguo puente de Triana y la Casa del Cable original.
![[Img #6717]](https://xabiaaldia.com/upload/images/11_2023/5871_recortable-castellet-de-sant-jordi.jpg)
[1] BANYULS PÉREZ, Antonio; BOIRA MAIQUES, Josep Vicent y LLUESMA ESPAÑA, Josep Antoni. Arquitectura i control del territori. La defensa del litoral de la Marina Alta al segle XVI.
La conquista cristiana de las tierras del Xarq-al-Andalus supuso la retirada de pueblo musulmán hacia el sur y hacia el este. Las tropas de Jaume I avanzaron ocupando el territorio en el siglo XIII, pero estas regiones tardaron en encontrar la paz y se convirtieron en escenario de continuos asedios y conflictos. Desde el sur de la península, primero, y desde el norte de África años más tarde; las tierras bañadas por el Mar Mediterráneo fueron víctimas constantes de la piratería.
Xàbia no fue ajena a ello. Es más, la villa de aquel entonces era idónea para ser atacada. Por un lado, el valle que se extendía desde las faldas del Montgó hasta orillas del mar, era puerta de entrada al territorio conquistado por los cristianos y nexo de unión con el gran asentamiento morisco que aún permanecía imbatible en el interior de la comarca. Por otro, su bendición natural también fue su cruz: Su bella, idílica y escarpada costa, plagada de acantilados, recovecos y calas; era perfecta para que los barcos mahometanos atracasen y, al abrigo y refugio de las rocas, sus tripulantes desembarcaran con sigilo.
Varios grandes ataques marcaron a los pobladores y pobladoras de la antigua villa. El 10 de septiembre de 1304, la ferocidad de los piratas provocó la destrucción del valle. En 1387, se produjo un vil saqueo del Monasterio de Sant Jeroni en La Plana y el rapto de los monjes que allí habitaban. El robo y el secuestro de personas por las que después se exigía un rescate se convirtieron, por su rentabilidad económica, en las prácticas más habituales.
La frecuencia de estos ataques puso en alerta a una población cada vez más atemorizada. Se amuralló la villa y se tomó la firme decisión de defender el abrupto litoral del municipio levantando torres defensivas de diferente envergadura entre los siglos XV y XVIII.
Sin apenas vestigios o restos arquitectónicos que en la actualidad permitan crear una imagen definida de cada una de ellas, el litoral de Xàbia se vio salpicado por hasta seis de estas construcciones, algunas similares a pequeños fortines. La fortaleza de San Bartolomé, con su imponente torreón-campanario, también supuso un importante punto de vigilancia y de protección del municipio. Sin embargo, en esta serie de artículos, la atención se centrará en aquellas edificaciones -menos conocidas- que dibujaron un litoral muy diferente al que se conoce hoy día.
![[Img #6716]](https://xabiaaldia.com/upload/images/11_2023/4705_plano-arquitectura-i-control-del-territori-defensa-del-litoral-de-la-marina-alta-al-segle-xvi-torres-defensives-7.jpg)
Así fue como, de norte a sur, no hubo prácticamente cabo o punta de tierra que se adentrara en el mar, que no fuera coronada por una de estas macizas construcciones que custodiaban el infinito este. Dos de ellas protagonizan este reportaje: La torre de Sant Antoni y el castillo de Sant Jordi.
La torre de Sant Antoni data de 1553 y se alzaba a 170 metros de altura sobre el mar. Su construcción fue ordenada por el virrey duque de Maqueda el 24 de junio de ese mismo año. El virrey Cárdenas fue quien ordenó el alzamiento de las primeras torres con el fin de establecer un sistema defensivo del litoral valenciano.[1]
No se encuentran restos de ésta en la actualidad, aunque se cree que se encontraba anexa -o muy próxima- a la emita que Sor Catalina Bas, Sor Basota, construyó en 1377 y que, precisamente, sirvió como refugio para algunos de los frailes que huyeron del asedio al monasterio en 1387. (¿Quieres conocer más sobre esta desaparecida ermita? ¡Te lo contamos AQUÍ!)
Tal y como señalan Banyuls, Boira y Lluesma; su principal función “era el control visual de esta porción del litoral abrazando desde la torre de l’Aiga Dolça (la torre del Gerro en Dénia) hasta la torre del Cap Prim”. “En 1585 residían en ella tres soldados armados con arcabuces”, apuntan.
A pesar de no encontrarse ruinas de ella (hay quien señala que aún pueden atisbarse algunos sillares desde el mar) en 1585, Juan de Acuña describió la construcción como una torre grande, cuadrada, con una escalera de mano que llegaba hasta una puerta y una garita en lo alto que permitía la entrada al interior de la torre. Su tipología era la misma que la de Dénia y la de Moraira que aún se conservan.
Como curiosidad, en 1856, momento en el que las incursiones de la piratería habían finalizado, se proyectó la colocación del primer faro del Cap de Sant Antoni aprovechando la estructura de la torre defensiva. Posteriormente se comprobó que la edificación no era la idónea para albergar un faro y se construyó el actual unos metros atrás.
El fortín de Sant Jordi (o de la Mezquida) data de 1578 y es, quizás, una de las construcciones defensivas más interesantes de esta serie de artículos. Se alzaba en Duanes de la Mar, donde hoy se encuentra la Casa del Pescador. No es una ubicación descabellada ya que se trata de un promontorio en cuyos pies se encontraba el primigenio muelle de pescadores del municipio, por lo que su protección era necesaria.
![[Img #6714]](https://xabiaaldia.com/upload/images/11_2023/6391_acuarela-de-mariano-sanchez-s-xviii-ubicada-en-la-casa-del-principe-madrid.jpg)
El proyecto fue diseñado por el ingeniero Giovanni B. Antonelli en 1562 y supuso un ejemplo de fortificación moderna. Este cambio en el planteamiento de lo que venía siendo la habitual estructura de las torres defensivas y su consiguiente carestía, generaron reticencias que retrasaron su construcción hasta que fue aprobada en el 78 por el duque de Lerma. A pesar del interés de Antonelli por actualizar la defensa de la región, ésta fue una de sus pocas obras que llegaron a edificarse.
El fortín o castillo de Sant Jordi respondía a las nuevas exigencias de la guerra moderna. Según indican los tres autores “hacían falta nuevas fortificaciones que permitieran el uso de artillería y pasar de un sistema defensivo de vigía medieval a otro más efectivo con capacidad propia para acciones ofensivas contra el enemigo e impedir el desembarco”.
Bajo esta premisa, Antonelli motivó el alzamiento de torres “sobre calas, aguadas y desembarcaderos”. Seguramente, la edificada en Duanes, fue su mayor aportación al sistema de protección de la Xàbia del momento. No obstante, el ingeniero realizó un profundo análisis del resto de construcciones defensivas del municipio sugiriendo modificaciones que permitieran actualizarlas conforme a las nuevas necesidades combativas.
De planta hexagonal, la de Sant Jordi aunaba -arquitectónicamente- las principales virtudes de las torres circulares (su robustez) y de las cuadradas (su fácil defensa). Este hecho fue revolucionario ya que “le confería un valor añadido en la búsqueda de otras figuras consideradas perfectas y reafirmaba la unión de la racionalidad en la invención formal y la realidad funcional de arquitectos e ingenieros del Renacimiento”.
Nuevamente, Acuña es quien aporta más detalles sobre cómo era en 1585 señalando que era “nueva y muy buena, con buen escarpe hasta la mitad y una guirnalda encima del pie”. “Está sobre canes de piedra y se sube a la puerta por una escalera de mano hasta la mitad donde hay una ventana pequeña”.
En este caso, la curiosidad es que toda aquella persona que lo desee, puede tener su propio castillo de Sant Jordi… en papel. En 1997, la Comissió de Festes Mare de Déu de Loreto editó una serie de recortables diseñados por José Cardona El Persa como parte de su interés por incentivar la cultura y educación local más allá del ámbito festivo. La colección editada por la Comissió también incluye el antiguo puente de Triana y la Casa del Cable original.
![[Img #6717]](https://xabiaaldia.com/upload/images/11_2023/5871_recortable-castellet-de-sant-jordi.jpg)
[1] BANYULS PÉREZ, Antonio; BOIRA MAIQUES, Josep Vicent y LLUESMA ESPAÑA, Josep Antoni. Arquitectura i control del territori. La defensa del litoral de la Marina Alta al segle XVI.

































PDHB | Martes, 28 de Noviembre de 2023 a las 11:31:50 horas
Se puede conocer más sobre este tema en un articulo reciente publicado en el Libro de Fiestas de Loreto 2023
**** s: **** arxiuxabia.blogspot **** /2023/09/el-jurado-jaume-diego-constructor.html
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