Bartolomé Rodríguez Torres, pintor y artesano autodidacta de Xàbia Bartolomé Rodríguez Torres, pintor y artesano autodidacta de Xàbia
por David Gutiérrez Pulido
Después de haber conocido y mostrado la vida de la pintora xabiera Joaquina Rodríguez, volvemos a entrevistarla para hablar de una de las personas que más le influyó a la hora de empezar a pintar en su niñez. Me estoy refiriendo a su propio padre, Bartolomé Rodríguez Torres quien supo inculcar en su hija esa pasión por los pinceles.
Bartolomé Rodríguez (1903-1971) nació y creció sus primeros años en Xàbia hasta que empezó a estudiar telecomunicaciones e iniciar sus primeros trabajos en la casa de telégrafos de Xàbia. Se casó con Teresa Sapena Mengual. De Xàbia fue trasladado a Alicante a ocupar un puesto como ayudante de ingeniero y tras estar unos doce años, volvió a su Xàbia natal a principios de los años 60 una vez jubilado.
Bartolomé Rodríguez Torres, su mujer Teresa Sapena Mengual y su hija Joaquina Rodríguez Sapena (ha. 1939. Colección particular Joaquina Rodríguez); Ermita del Nazareno (1970. Óleo sobre tabla)
Hombre familiar y casero, detrás de su buen hacer profesional Bartolomé escondía dos grandes pasiones en su vida: la pintura y la artesanía. En el plano de la pintura, según nos cuenta Joaquina, fue un autodidacta, nunca acudió a ninguna escuela ni estuvo junto a ningún otro pintor que le enseñara. No sabemos de dónde vino esta pasión o cuándo la comenzó. Podríamos imaginar que en sus años de niñez en Xàbia pudo ver a pintores como Salvador Abril, Leopoldo García Ramón, Pedro Bas Codina o muchos otros que acudían a Xàbia para realizar paisajes pintados del natural.
Vista del cabo San Martín desde una terraza (1925. Óleo sobre lienzo); Paisaje desde el Calvario (1931. Óleo sobre tabla); Un riurau con el Montgó (1951. Óleo sobre tabla); Puesta de sol del Montgó (s.f. Óleo sobre tabla)
Bartolomé Rodríguez pintó, por lo general en pequeñas tablitas y en ocasiones en lienzos más grandes, paisajes de Xàbia en donde los cabos, el mar, el Montgó, la ermita del Nazareno o el viejo monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, la arquitectura rural de los riuraus o la Cova Tallada son los protagonistas en sus composiciones. Lo hacía bien del natural o bien del recuerdo en su casa. Sin apenas un dibujo previo, Joaquina le recuerda pintando directamente en las pequeñas tablas, de una manera minuciosa y casi miniaturista, mostrando la luz y el paisaje de su amada Xàbia haciéndolo en los momentos vacacionales o una vez que volvió tras su jubilación. De los cuadros conservados y fechados podemos ver que los primeros están realizados en la década de 1920 y los últimos en la década de 1970.
Caballete de pie y paleta fabricadas por Bartolomé Rodríguez para su hija Joaquina Rodríguez
Pero por otro lado Bartolomé Rodríguez fue un amante de la artesanía y los trabajos manuales. Ya en Alicante, Joaquina recuerda su destreza a la hora de construir aparatos de radio. En su antigua casa cerca de la ermita del Nazareno, Bartolomé tuvo un pequeño taller en donde diseñó un caballete de pié por petición de su hija y le fabricaba las paletas para pintar.
Otra de las grandes pasiones fue la música y por ello, también de manera autodidacta empezó a fabricar violines de diversos tamaños y algún chelo. Recordemos que Joaquina, su hija, llegó a tocar el violín y el piano en su adolescencia. Aún conserva Joaquina un violín fabricado por su padre. Era tal la perfección y la maestría que tenía en hacerlos que a un concertista de Alicante le llamó la atención su trabajo y Bartolomé le regaló un pequeño violín del que Joaquina le costó desprenderse ya que le tenía mucho aprecio por su tamaño.
Violín fabricado por Bartolomé Rodríguez y foto en su taller de Xàbia (Imagen: Colección particular Joaquina Rodríguez)
Por último, Bartolomé Rodríguez tuvo una relación de amistad con André Lambert Jordan, el grabador y artista que se instaló en Xàbia en 1920 para vivir y tener su taller propio. Según nos cuenta Joaquina, su padre Bartolomé le fabricó algunas planchas para que André Lambert pudiera realizar los grabados que luego eran impresos y que le dio tanta fama.
Bartolomé Rodríguez nunca expuso sus cuadros, ni los vendió, ni se empeñó en ser ningún artista reconocido ya que todo lo que trabajaba y pintaba lo hacía para él, para su disfrute personal y como entretenimiento y evasión personal. Pero esta no es razón para que le hagamos este pequeño homenaje como pintor y artesano que llevó a Xàbia en su corazón y que inculcó y respetó la pasión por la pintura que fue naciendo en su hija, Joaquina Rodríguez.
David Gutiérrez Pulido
(Ldo. Historia del Arte)
www.sorollajavea.wordpress.com
por David Gutiérrez Pulido
Después de haber conocido y mostrado la vida de la pintora xabiera Joaquina Rodríguez, volvemos a entrevistarla para hablar de una de las personas que más le influyó a la hora de empezar a pintar en su niñez. Me estoy refiriendo a su propio padre, Bartolomé Rodríguez Torres quien supo inculcar en su hija esa pasión por los pinceles.
Bartolomé Rodríguez (1903-1971) nació y creció sus primeros años en Xàbia hasta que empezó a estudiar telecomunicaciones e iniciar sus primeros trabajos en la casa de telégrafos de Xàbia. Se casó con Teresa Sapena Mengual. De Xàbia fue trasladado a Alicante a ocupar un puesto como ayudante de ingeniero y tras estar unos doce años, volvió a su Xàbia natal a principios de los años 60 una vez jubilado.
Bartolomé Rodríguez Torres, su mujer Teresa Sapena Mengual y su hija Joaquina Rodríguez Sapena (ha. 1939. Colección particular Joaquina Rodríguez); Ermita del Nazareno (1970. Óleo sobre tabla)
Hombre familiar y casero, detrás de su buen hacer profesional Bartolomé escondía dos grandes pasiones en su vida: la pintura y la artesanía. En el plano de la pintura, según nos cuenta Joaquina, fue un autodidacta, nunca acudió a ninguna escuela ni estuvo junto a ningún otro pintor que le enseñara. No sabemos de dónde vino esta pasión o cuándo la comenzó. Podríamos imaginar que en sus años de niñez en Xàbia pudo ver a pintores como Salvador Abril, Leopoldo García Ramón, Pedro Bas Codina o muchos otros que acudían a Xàbia para realizar paisajes pintados del natural.
Vista del cabo San Martín desde una terraza (1925. Óleo sobre lienzo); Paisaje desde el Calvario (1931. Óleo sobre tabla); Un riurau con el Montgó (1951. Óleo sobre tabla); Puesta de sol del Montgó (s.f. Óleo sobre tabla)
Bartolomé Rodríguez pintó, por lo general en pequeñas tablitas y en ocasiones en lienzos más grandes, paisajes de Xàbia en donde los cabos, el mar, el Montgó, la ermita del Nazareno o el viejo monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, la arquitectura rural de los riuraus o la Cova Tallada son los protagonistas en sus composiciones. Lo hacía bien del natural o bien del recuerdo en su casa. Sin apenas un dibujo previo, Joaquina le recuerda pintando directamente en las pequeñas tablas, de una manera minuciosa y casi miniaturista, mostrando la luz y el paisaje de su amada Xàbia haciéndolo en los momentos vacacionales o una vez que volvió tras su jubilación. De los cuadros conservados y fechados podemos ver que los primeros están realizados en la década de 1920 y los últimos en la década de 1970.
Caballete de pie y paleta fabricadas por Bartolomé Rodríguez para su hija Joaquina Rodríguez
Pero por otro lado Bartolomé Rodríguez fue un amante de la artesanía y los trabajos manuales. Ya en Alicante, Joaquina recuerda su destreza a la hora de construir aparatos de radio. En su antigua casa cerca de la ermita del Nazareno, Bartolomé tuvo un pequeño taller en donde diseñó un caballete de pié por petición de su hija y le fabricaba las paletas para pintar.
Otra de las grandes pasiones fue la música y por ello, también de manera autodidacta empezó a fabricar violines de diversos tamaños y algún chelo. Recordemos que Joaquina, su hija, llegó a tocar el violín y el piano en su adolescencia. Aún conserva Joaquina un violín fabricado por su padre. Era tal la perfección y la maestría que tenía en hacerlos que a un concertista de Alicante le llamó la atención su trabajo y Bartolomé le regaló un pequeño violín del que Joaquina le costó desprenderse ya que le tenía mucho aprecio por su tamaño.
Violín fabricado por Bartolomé Rodríguez y foto en su taller de Xàbia (Imagen: Colección particular Joaquina Rodríguez)
Por último, Bartolomé Rodríguez tuvo una relación de amistad con André Lambert Jordan, el grabador y artista que se instaló en Xàbia en 1920 para vivir y tener su taller propio. Según nos cuenta Joaquina, su padre Bartolomé le fabricó algunas planchas para que André Lambert pudiera realizar los grabados que luego eran impresos y que le dio tanta fama.
Bartolomé Rodríguez nunca expuso sus cuadros, ni los vendió, ni se empeñó en ser ningún artista reconocido ya que todo lo que trabajaba y pintaba lo hacía para él, para su disfrute personal y como entretenimiento y evasión personal. Pero esta no es razón para que le hagamos este pequeño homenaje como pintor y artesano que llevó a Xàbia en su corazón y que inculcó y respetó la pasión por la pintura que fue naciendo en su hija, Joaquina Rodríguez.
David Gutiérrez Pulido
(Ldo. Historia del Arte)
www.sorollajavea.wordpress.com




































pablo | Lunes, 23 de Noviembre de 2020 a las 11:53:49 horas
Precioso reportaje y magnífica idea la del museo. Gracias.
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