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Salvador Abril. Jardín de la Mezquida. Jávea (1917. Colección particular) Salvador Abril. Jardín de la Mezquida. Jávea (1917. Colección particular)
David Gutiérrez Pulido
Miércoles, 03 de Julio de 2024 Tiempo de lectura:

El libro de viajes del pintor Salvador Abril y cómo Xàbia le deslumbró (III)

David Gutiérrez Pulido · Historiador del Arte · www.sorollajavea.wordpress.com

 

Como continuación de las entregas anteriores, llegamos al final de este relato en donde el pintor Salvador Abril nos dejó descrito sus experiencias e impresiones de su viaje a Xàbia, en junio de 1915, materializadas en su publicación Recuerdo de mis excursiones (Valencia, 1915). En la primera entrega (ver artículo) hemos visto cómo fue su llegada a Xàbia y sus primeras excursiones rodeando el cabo de San Antonio hasta llegar a la Cova Tallada, y en la segunda entrega (ver artículo) narramos su dificultosa excursión desde el puerto hasta la Granadella, deteniéndose en algunas de las cuevas bajo los acantilados.

 

Ahora llega el momento de partir para Valencia, pero no por ello, aprovechará hasta el último momento las bellezas que le ofrece los rincones de Xàbia:

 

Lunes, 5 de Junio de 1915

Por la mañana, vuelven a encontrarse con Julio Cruañes Soler y les invita a conocer su casa de campo de La Mezquida: “partimos con don Julio a su preciosa y encantadora quinta situada sobre el cabo de San Antonio, desde la cual dominábamos extenso panorama; y en su terraza, rodeada de almendros y aromáticas flores, nos dio éste una hermosa conferencia acerca de la historia de aquella localidad, y de los hallazgos de objetos antiguos al practicar excavaciones en algunos lugares de la misma”, nos relata Abril. La casa de Julio Cruañes se encuentra cerca del puerto, tenía un pequeño jardín formal y unos terrenos con varios riuraus en donde se hacía el proceso de la elaboración de la pasa. Por ella, ya habían pasado otros pintores, amigos y compañeros de Salvador Abril, como Joaquín Sorolla, Ricardo Verde Rubio o Leopoldo García Ramón, entre otros. Todos habían sido recibidos por su anfitrión y todos dejaron pintados en un lienzo o tabla, una vista de este jardín o la vista del cabo desde ella.

 

[Img #8620]

 

Salvador Abril no será menos, y aunque quizás no lo hizo en este año de 1915, sí que tenemos conocimiento de varias pinturas realizadas en su segunda estancia de 1917, mostrando el jardín de Julio Cruañes con la vista del cabo al fondo. Además, nos dejó una fotografía realizada en donde aparece el mismo Cruañes junto a su hermana Purificación, junto a la esposa del pintor, Amparo Maestre.

 

Después se dirigieron a la casa de Toni, el patrón del Dengué, en el barrio de Triana y todos juntos se fueron al puerto. Toni, insistió en realizar un último trayecto: “Lo volvimos a utilizar para conducirnos a la Estación de salvamento de náufragos, establecida con muy buen acierto sobre unas rocas del cabo San Antonio”. Tras admirar la vista y escuchar el relato de Toni sobre un naufragio acontecido años atrás, retornaron al puerto y allí, el patrón del bote, les anunció que ese sería el último viaje que el Dengué realizaría. Abril nos describe: “Estos hombres de mar toman tal cariño a sus embarcaciones cuando les prestan buenos servicios, que, como si estuviesen animadas, las consideran como si fuesen el mejor de sus amigos. Y, así, no es de extrañar que nosotros hayamos personificado el «Dengue» en el curso de este relato, por el cariño y afecto que también le habíamos cobrado a consecuencia de haber pasado y vencido sobre él tantas fatigas y peligros”.

 

Tras despedirse de Tony, los excursionistas se dirigieron a la fonda para descansar y comer. Después, Julio Cruañes les acompañó al Casino para después invitarles a que se quedaran a contemplar la procesión del Corpus Christi, cosa que realizaron desde la casa de Julio Cruañes en la calle Cánovas (hoy Carrer En Grenyó). Desde aquí, Abril nos describe, minuciosamente la procesión con cada uno de los grupos que iban desfilando. Este acontecimiento ya lo describimos en un artículo tiempo atrás (consultar artículo).

 

Martes, 6 de junio de 1915

A la mañana siguiente, siendo el día de partida, vuelven a aprovechar la mañana realizando otras visitas al patrimonio de Xàbia. Lo primero que hicieron fue subir a la ermita del Nazareno: “hay varios exvotos notables de gente del mar, y la citada imagen debida a Salcillo”. En aquel momento, la imagen del Nazareno era la original que el Duque de Medinaceli había regalado en 1767, y aunque sin documentación que lo acredite, ya se decía, quizás por asimilación, que había sido esculpida por el imaginero murciano Francisco Salzillo.

 

[Img #8621]

 

Después, regresaron a la villa para visitar por dentro la iglesia de San Bartolomé, a lo que Abril nos deja esta impresión: “Precioso monumento del arte gótico, de principios del siglo XVI, y su ábside probablemente del XIII, con un altar mayor del siglo XVIII. Su interior se conserva sin la pátina del tiempo. Parecería recién construida, si no fuese por el sello indiscutible. Al extrañarnos de hallarla tan bien conservada, se nos dijo, que estuvo maltratada; habiendo sido devuelta a su primitivo estilo, gracias a la benevolencia de un alma piadosa. Por lo visto, fué víctima, como muchas iglesias, del churriguerismo. Exteriormente es también de buena época; con la particularidad de que debió ser a su vez fortaleza, por estar coronada de almenas”.

 

En la despedida final, Julio Cruañes les acompañó hasta la diligencia que les volvería a llevar hasta El Vergel para coger el tren de vuelta. En su despedida, con un abrazo efusivo, vuelve a invitar al pintor a que regrese, a lo que le contestó Abril: “En cuant puga. Estic encantat de estes maravilles en que la naturalea els distinguí a vostés”. Recogiendo el testigo, Salvador Abril volverá a pasar una estancia veraniega dos años más tarde, en 1917.

 

[Img #8622]

 

Hasta aquí, esto es lo que aconteció, de manera resumida, en la visita que hizo el pintor a Xàbia. Fruto de estas visitas fueron la materialización de varias pinturas, más de una quincena hasta el momento, y diversas fotografías que fueron fuente de inspiración para realizar obras artísticas. De esta manera, nos hemos acercado a ofrecer un pequeño reconocimiento y homenaje al centenario de la muerte de este gran pintor marinista y valenciano, Salvador Abril y Blasco, quien también, llegó a ser un gran embajador del nombre de Xàbia a través de plasmarlo en su escrito, sus fotografías y sobre todo sus pinturas. Un pintor, poco conocido que tiene que tener su merecido lugar y reconocimiento en Xàbia.   

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